Ilustraciones

Historias y anécdotas edificantes que pueden ser usadas en la predicación. Una buena manera de comenzar una homilía es con algún ejemplo real que ilumine el tema y sirva de introducción.

Sábado, 20 Octubre 2012 22:51

"Sic transit gloria"

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"Así pasa la gloria del mundo" es el significado de la frase la tina "Sic transit gloria mundi". Posiblemente se trata de la adaptación de una frase muy parecida que aparece en "La Imitación de Cristo" de Tomás de Kempis, que reza "O quam cito transit gloria mundi (¡Oh, qué rápido pasa la gloria del mundo!).

Pero esta frase, que se ha vuelto muy famosa, nos recuerda algo que muchos poetas y pensadores han dicho y escrito de diversa manera a través de los siglos: que la vida pasa como un soplo, que las cosas del mundo tarde o temprano se terminan y, sobre todo, que todas las glorias humanas, como el poder, el dinero y los placeres, se desvanecen como el humo.

Esta frase fue usada durante más de cinco siglos en la ceremonia de coronación de los Papas. Fue usada por primera vez en la coronación de Alejandro V, en 1409. Mientras el nuevo pontífice, recién elegido, se trasladaba desde la Sacristía de San Pedro hacia la silla gestatoria, la procesión se detenía tres veces. En cada parada un hombre se arrodillaba delante del Papa con una suerte de plato metálico que contenía y retazo de lino humeante, y mientras la tela del lino se consumía, repetía en alta voz este famoso adagio: "Sancte Pater, sic transit gloria mundi!" (Santo Padre, así se va la gloria del mundo".

Curiosamente, el instrumento utilizado para quemar el lino se comenzó a llamar "sic transit gloria mundi". Este símbolo se utilizó por última vez en 1963, aunque tal vez es pertinente señalar que para ese momento y desde hacía ya mucho tiempo, la ceremonia de toma de posesión del Sumo Pontífice no tenía ya la connotación que tenía antes, en relación con el poder temporal.

Domingo, 29 Julio 2012 10:53

El tesoro escondido bajo el puente

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[El siguiente es un cuento de extracción popular que puede servir para ilustrar el anhelo de búsqueda que hay en el hombre. Todos buscamos felicidad y riqueza. El Reino de los Cielos se nos ofrece como el gran Tesoro de nuestra existencia, pero ¿cómo encontrarlo?]

Martín Buber, en sus Cuentas Jasídicos, cuenta la historia del rabino Eisik de Cracovia, que tuvo un sueño en el que se le ordenaba ir a Viena y buscar bajo el gran puente de Praga un tesoro escondido. El sueño se repitió por tres veces y el Rabino decidió hacer el viaje.

Al llegar al puente no se atrevió a escabar porque estaba vigilado constantemente por los guardias, pero al cabo de unos días uno de ellos se acercó al Rabino para preguntarle que hacía allí. Cuando el Rabino, inocentemente, le contó el sueño al guardia, éste estalló en risas y le dijo burlándose de él que también él alguna vez había tenido un sueño: soñó que un rabino de Cracovia llamado Eisik tenía un tesoro escondido en un rincón detrás de una estufa, pero como la mitad de los judíos que viven en Cracovia se llaman Eisik, nunca se le había ocurrido ir a buscarlo. El rabino volvió entonces a su casa y encontró el tesoro detrás de la estufa, poniendo fin a su miseria. La enseñanza de este cuento popular puede ser que el gran tesoro de nuestra vida, aquel que nos dará la felicidad y colmará nuestros sueños, no hay que buscarlo en un lugar lejano, fuera de nuestro presente, sino que se esconde en el lugar más obvio, en nuestra propia casa, en nosotros mismos. Pero curiosamente muchos, para poder encontrarlo, han tenido que hacer primero un largo viaje de búsqueda.

Jueves, 14 Junio 2012 23:01

Las "marías de los sagrarios"

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[La siguiente historia tiene que ver con la vida del famoso “Arcipreste de Huelva”, el Beato Manuel Gonzales García, quien fue conocido por su extraordinario amor por la Santísima Eucaristía. Puede utilizarse como introducción para hablar de “la fuerza transformadora” de la Eucaristía.]

Huelva era entonces, en términos pastorales, una ciudad difícil. Los sectores hostiles a la Iglesia Católica habían hecho una siembra abundante de cizaña en medio de una escasa cosecha de trigo. La acción conjunta del laicismo masónico, las injusticias sociales, la influencia protestante, y los brotes violentos del extremismo anticlerical, había debilitado de forma alarmante la vida religiosa de la ciudad. Ante todo este ambiente hostil, el arma que utilizó el Beato González García fue promover y difundir la devoción eucarística. Lo que sigue se refiere a la fundación de una asociación de mujeres llamada “Las Marías de los Sagrarios”.

Jueves, 14 Junio 2012 23:00

Sin el domingo no podemos vivir

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[Esta historia se puede aprovechar en la Solemnidad del Corpus Christi, o en cualquier celebración en la que se quiera acentuar la importancia del domingo como día del Señor, así como la necesidad que tenemos los cristianos de la Santísima Eucaristía. Esta historia, o parte de ella, se puede utilizar como “Captatio”, pero también como contenido mismo de una homilía.]

Durante los años 303 y 304 d.C., el Emperador Diocleciano, luego de 40 años de relativa calma en que la comunidad cristiana había podido crecer y difundirse en varias zonas del imperio romano, impulsa una violenta persecución contra los cristianos, prohíbe la celebración de ritos sagrados y las reuniones, y manda quemar los libros sagrados y destruir los templos.

En aquel periodo, en la ciudad de Abitina (hoy Tunicia), al norte de África, un grupo de 49 cristianos, hombres y mujeres de todas las edades y pertenecientes a distintas clases sociales, contraviniendo las órdenes del Emperador, se reúne para celebrar el día del Señor. Son descubiertos y encarcelados, y luego llevados a un tribunal para ser juzgados. El procónsul encargado del juicio   interroga al dueño de la casa donde se realizaba la reunión, un tal Emérito, quien no lo niega y, más aún, responde con una frase que se hizo famosa: “Nosotros, los cristianos, sin el domingo no podemos vivir”, “sine dominico non pussumus”.

[Esta historia puede ser útil para introducir la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Es un buen ejemplo de cómo, en realidad, la “captatio” no tiene necesariamente que decir algo específico sobre el contenido teológico o la importancia pastoral del tema. Basta que sirva para ganar la atención de los oyentes. Obviamente, si es edificante y guarda relación con lo que sigue, es mucho mejor.] 

Las biografías que existen de Santa Bernardita Soubirous, aquella jovencita a quien se apareció la Santísima Virgen en Lourdes, coinciden en un episodio digno de admiración. En una de sus apariciones la Virgen pidió a Bernardita que se le construyera allí una capilla. Cuando la pastora comunicó las instrucciones al párroco, el padre Peymarale, éste reaccionó con incredulidad y le dijo que, como prueba, le preguntara a la señora de las apariciones cuál era su nombre. La siguiente vez que Bernardette se encontró con la Virgen en la gruta de Lourdes, según la indicación del párroco, le preguntó su nombre y, tal como lo relata ella misma, la Virgen al inicio simplemente la miraba y sonreía. Bernardette tuvo que preguntárselo 4 veces, y recién entonces la Virgen respondió: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Cuatro años antes el Papa Pío XI había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción. Para nosotros éste título suena familiar, pero en aquella época nadie se refería a María de ese modo, y menos Bernardette, que era pobre y muy ignorante. Cuando le comunicó el mensaje al Párroco, sin saber lo que estaba diciendo, el padre Peymarale quedó convencido de que Bernardette no estaba loca, verdaderamente había hablado con la Santísima Virgen.  

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