Jueves, 01 Enero 2015 00:00

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

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Lecturas: Nm 6,22-27; Sal 66; Gal 4,4-7; Lc 2,16-21

  • Un nuevo año bajo el signo de María. La solemnidad de la maternidad divina de María nos da un punto de partida óptimo para iniciar el año: comenzar un nuevo calendario bajo el signo de María. En efecto, toda nuestra vida –así lo quiso Dios– lleva este signo; de su seno nació Dios y por Ella se realizó la Encarnación, por Ella vino nuestra salvación; y ella es también la estrella que guía nuestros pasos hacia el encuentro definitivo con su Hijo Jesús. La Iglesia no se entiende sin la presencia de María; y nosotros, ¿cómo podríamos vivir sin Ella? siendo que Dios la ha querido insertar de un modo especialísimo en nuestro camino cristiano, no solamente como guía y protectora, sino como verdadera madre nuestra.
  • El realismo de la encarnación. A veces se tiene una idea del misterio de la encarnación, como si María hubiera dada su vientre en “préstamo” a Dios para realizar su obra, ¡se perdone la expresión! Como dice San Atanasio (Ad Epitetto 5-9; PG 26,1058. 1063) el ángel no dice “aquel que nacerá en ti”, sino “aquel que nacerá de ti”, para que se entienda que verdaderamente el Hijo de Dios tomó carne del seno virginal de María. Por esto debemos honorarla y venerarla como verdadera Madre Dios. Y del mismo modo, cuando María fue dada a nosotros como Madre, no lo fue simplemente de manera simbólica o formal, pues lo que declaró Jesús desde la Cruz “he ahí a tu Madre”, es una verdadera declaración de maternidad y filiación. ¡María es Madre de Dios! Y nosotros, ¡nosotros somos también sus hijos!
  • No es posible ser cristiano si no se tiene a María como madre. ¿Es posible ser cristiano si no se honra a María y se la tiene como madre y protectora nuestra? En sentido estricto, lo es; pues tal como uno cualquiera puede nacer en una familia y perder temprano a su madre, y luego crecer con sólo el padre, y aún así ser siempre una persona de bien y con buena formación, de la misma manera se puede ser cristiano sin conocer el verdadero rol de María en la historia de nuestra salvación. Pero esa persona, sin madre, ¿no sentirá siempre que algo le falta? Su filiación, ¿no será siempre incompleta? Pues así como esa persona no tiene lo que la naturaleza manda, y por lo tanto algo importante le falta, del mismo modo el cristiano no puede ser completo si no tiene a María como madres suya, luz, guía e intercesora. Así lo quiso Dios, y la asoció de una manera extraordinaria y misteriosa a la obra de nuestra reconciliación.
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