Jueves, 07 Febrero 2013 17:29

Un pensamiento claro para un mensaje claro

Valora este artículo
(2 votos)

Decía Cicerón: “Sé maestro del pensamiento, las palabras no harán otra cosa que seguirte”. Esta frase contiene para los oradores de toda clase una sabiduría muy grande. Si alguien se pregunta cuál debe ser la relación entre la preparación y la espontaneidad la respuesta está en esta frase del gran pensador clásico.

Detrás de un gran discurso tiene que haber necesariamente un pensamiento claro, original [al menos de una cierta originalidad], ordenado. La “improvisación” entendida como falta de preparación, simplemente no tiene lugar en un buen discurso. Ciertamente hay quienes “improvisan”, en el sentido de que no hubo una preparación inmediata; pero sin lugar a dudas hubo una preparación, tal vez muy distante en el tiempo, pero preparación al fin y al cabo. ¿Nos costaría trabajo contar con lujo de detalles algún episodio de nuestra infancia o de nuestra juventud que quedó grabado en nuestra memoria? Pues si decido contarlo a un grupo de amigos, estoy “improvisando”, pero en base a una cuestión que forma parte de mi propia expieriencia y que ha sido completamente asimilada por mí.

Exactamente lo mismo se puede decir de cualquier discurso [también de una homilía] que requiera de una mayor preparación inmediata: un pensamiento claro para un mensaje claro. Si quiero comunicar bien una idea, tengo que conocerla muy bien. Si mi idea requiere de un cierto desarrollo de ideas que se relacionan unas con otras, tengo que tener muy clara la relación que existe entre ellas y como se derivan lógicamente unas de otras. En la mayoría de casos esas relaciones pueden explicarse de muchas maneras y es esa “manera” lo que se improvisa en el momento y resulta original, pero jamás la idea misma, que ya “poseo” y he asimilado antes, mucho o poco tiempo atrás.

La conclusión de esto es muy clara: si queremos comunicar bien una idea, que sea una idea bien conocida por nosotros, y hagámoslo con un enfoque que nos sea familiar y trasparente.

Si quiero interesar a los demás, debo hacerlo con alguna idea que sea interesante para mí; si quiero emocionarlos, debo hablar de algo que me produzca emoción; si quiero exhortarlos debo hacerlo con una idea que para mí sea apelante y motivante.

Muy claro, ¿no les parece?

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML.

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios