Lunes, 11 Febrero 2013 23:23

Oratoria, elocuencia, facundia, verbosidad

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[Reproducimos aquí un estracto de la obra "Lo que debe saber el orador", de Aureliano Abenza (1913)] Se plantea la diferencia entre los temas referidos en el título. Muy recomendable.]

Si la oratoria es le arte de emplear el pensamiento y la palabra hablada para conseguir el convencimiento y la persuasión, no necesita estar en oposición con la estética, antes al contrario ésta podrá ser un elemento auxiliar de primer orden. Lo bello atrae, lo feo repuna, y un discurso bello se atrae el ánimo y lleva a la persuasión o prepara para ella.

No hay que confundir la oratoria con la elocuencia, ni ésta tampoco con la facundia, la afluencia ni la verbosidad.

La elocuencia es el bien decir, ya en prosa, ya en verso y, aunque el calificativo de elocuente se asigna de un modo especial al orador, la elocuencia cabe dentro de todas las composiciones literarias, sea cualquiera el género a qu epertenezcan, y sean habladas o escritas. Capmany dijo que la elocuencia no es otra cosa sino el don feliz de imprimir con calor y eficacia en el ánimo de los oyentes los afectos que tienen agitado el nuestro. Según eso parece un don natural, pero que puede perfeccionarse por el arte, y aún hubo ocasiones en que suplió por entero el arte a la Naturaleza; ejemplo, Demóstenes -en la imagen-. La elocuencia es un medio de la oratoria, y en tal concepto puede un hombre ser elocuente y no ser orador; pero no cabe ser orador sin poseer la elocuencia. No se es elocuente sólo por la palabra, sino por el gesto, por los ademanes, por la risa, por el llanto, por el silencio mismo, que en ocasiones tiene mayor elocuencia que cuantas palabras se dijesen.

La facundia es la gracia, facilidad y soltura en el discurso; la afluencia supone abundancia y torrente de pensamientos y palabras, y la verbosidad es sinónima de locuacidad y charlatanería.

Por lo general son verbosos los que menos idean exponen. El discurso de un verboso, si se condensa queda reducido a una ínfima cantidad de sustancia. Pero el arte y el estudio pueden hacer la verbosidad, la facundia y la afluencia recursos valiosos de la oratoria y contribuir a que ésta sea un medio magnífico para la realización de la belleza, ya que la palabra, como elemento material y espiritual, es el instrumento más idóneo para la expresión de nuestros estados de conciencia, y, por tanto, el mejor para exteriorizar toda inspiración, toda concepción estética.

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