Martes, 26 Febrero 2013 22:12

La pesadilla del sonido (parte II)

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¿Quién no ha oido decir alguna vez que se prefiere tal o cual Misa porque "allí se le escucha mejor al padre"? Hay que ser ciego y sordo para no aceptar que hoy en día, también en las Iglesias, el asunto del sonido es importante. Pero, ¿qué tan importante? La opinión más común es que es importante, pero no "lo esencial". Puede que no sea "lo esencial" desde el punto de vista ontológico, pero sí que es esencial desde el punto de vista práctico. Pero en tod caso no hay razón para oponer. Es decir, la celebración misma de la Eucaristía es lo esencial. Pero aquí damos eso por descontado. Ahora la pregunta es cómo hacer para que esa celebración, que incluye la proclamación de la Palabra y la Eucaristía propiamente, "llegue" a la gente, le sea comprensible, más aún, sea agradable de escuchar y permita a las personas concentrar toda su atención en el mensaje y en la liturgia, en lugar de esforzarse por superar el obstáculo de una pésima acústica o de una baja calidad de sonido. Además, hoy en día a diferencia de antes, la construcción de las Iglesias presupone la instalación del audio, y ésta se debería tratar como parte del proyecto arquitectónico y no como un añadido posterior.

Habría que decir también que la capacidad de asimilación del contenido es proporcional en alguna medida a la calidad del audio. No es una exageración. La oratoria es comparable a la música en este sentido. Cuando estamos en casa escuchando algún disco y la calidad del sonido es mala, resulta casi imposible apreciar la obra. Lo mismo cuando vemos una película. ¿Por qué debería ser distinto en las celebraciones públicas.

Hoy en día ya no se habla solo de un sonido limpio, claro, potente, sino de un sonido "agradable", "cómodo", "acogedor". La tecnología ha avanzado tanto en este campo, que superados los elementos esenciales, cada vez más se busca un sonido que refleje la calidez, el realismo y el poder comunicativo del habla humana natural, incluso con la capacidad de mejorar o maquillar ciertas deficiencias de la voz desnuda en algunos casos.

Ahora bien, hablando de Iglesias y de la Liturgia Sagrada, no se trata de dar a este tema una atención desmesurada o invertir en él una cantidad exagerada de recursos. Finalmente la liturgia de la Iglesia está muy lejos de ser un show. Pero precisamente es eso lo que queremos subrayar. Hoy en día la técnica y la amplísima variedad del mercado nos permiten acceder a sistemas suficientemente buenos a costos bastante razonables. Es tan equivocado no prestar atención a este tema como gastar una gran suma de dinero innecesariamente. He visto casos en que se invirtió mucho dinero en instrumentos o aparatos cuya potencia jamás será aprovechada, porque evidentemente están diseñados para ambientes mucho más grandes y exigentes que aquella capilla o aquel auditorio en el que se instalaron. Y en esto también influyen los proveedores o la asesoría que se ha elegido, pues muchas veces lo único que buscan es vender.

Algunas recomendaciones prácticas:

  • Pedir distintas opiniones. De ser posible buscar personas que tengan experiencia en amplificación de iglesias o lugares de culto.
  • No apresurarse. Hablando de sonido, siempre hay algo mejor. Cuando te presentan un producto "impresionante" con un sonido " extraordinario", ten la seguridad -a menos que seas un experto-, de que puedes encontrar algo mejor. Espera hasta que encuentres aquel producto en que la relación precio/beneficio sea la más conveniente para ti.
  • Poner atención también en la parte estética. En el caso de una Iglesia es importante la discresión y la "disimulación" desde el punto de vista de la "paisajística interna". No es conveniente, por ejemplo, una columna de parlantes de dos metros exhibiendo el logo de JBL al lado de una imagen de la Santísima Virgen. Es fundamental considerar la forma, la dimensión y la ubicación. Nuevamente, hoy hay una gran gama de posibilidades para elegir.
  • El buen sonido se logra con la combinación de dos factores importantes: técnica y acústica. No todos los aparatos son adecuados para todos los lugares. Si el templo presenta una acústica hostil o compleja es necesario consultar con algún experto. Y atención: los vendedores de equipos suelen presentarse como grandes conocedores en este campo pero muchas veces no lo son.
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