Lunes, 11 Marzo 2013 12:14

Escribir no es hablar

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Una de las desventajas más grandes de preparar una homilía redactándola por completo, para luego leerla, es que en la comunicación de un mensaje, hablar y leer son dos cosas completamente diferentes, y tienen un efecto muy distinto en los oyentes.

Si nos resulta importante o necesario escribir nuestras homilías antes de pronunciarlas, debemos tener mucho cuidado en utilizar un lenguaje “hablado”. En la comunicación oral cobran importancia muchos elementos que en el lenguaje escrito tienen una función diferente. En ella, el comunicador hace uso de gestos, tonos de voz, entonación, y otras cosas que hacen que el discurso “cobre vida”. En cierto modo, todos estos instrumentos de comunicación en su conjunto constituyen un medio para comunicar a los demás nuestra vida, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

De esta manera todo nuestro ser se concentra en comunicar armónicamente una idea. En el lenguaje escrito, en cambio, como es el caso de un cuento o una narración, el lector (que en este caso está en lugar del oyente), realiza una función más “creativa”. No sólo recibe una comunicación sino que “recrea” en su mente todos aquellos elementos que están implícitos en la lectura, pero que pueden ser completamente distintos en lectores diferentes.

Pero si todavía no estamos preparados para dejar el papel y apoyarnos sólo en nuestra memoria, en nuestros pensamientos, ¿qué debemos hacer? Además de lo dicho sobre el “lenguaje hablado”, es importante no olvidar el lugar que tienen en el discurso todos los gestos y acentos que acompañan el discurso: posturas, inflexiones, acentos, pausas, el uso de la mirada y de las manos, etc. Este tipo de cosas no se pueden escribir en papel, pero se pueden colocar en el discurso pequeños símbolos que nos recuerden que en esa parte debemos hacer algún tipo de énfasis, o insertar alguna cita o algún ejemplo que ayude a romper la monotonía y a darle más vida al discurso.

El lenguaje total (oral+corporal) es más persuasivo y “económico” comparado con leer nuestros pensamientos en un papel, aunque nuestra redacción y sintaxis sean perfectas. En cierto modo se pierde la efectividad cuando nos concentramos demasiado en la forma en lugar de focalizarnos en la sustancia.

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