Miércoles, 17 Abril 2013 10:36

Criterios para evaluar el impacto

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¿Cómo determinar la magnitud del impacto que ha tenido una homilía? Es inevitable plantearse muchas veces esta pregunta. ¿Les habrá gustado? ¿Se habrán aburrido? ¿Les habrán interesado? etc... Lamentablemente, no siempre tenemos algún instrumento de medición objetiva sobre el impacto que puede haber tenida una prédica. Estaría completamente fuera de lugar repartir al final de la Misa un formulario para que los fieles expresen su opinión acerca de la predicación. Tampoco son fiables las opiniones de algunas personas siempre preocupadas por elogiar al sacerdote, o de aquellos que, con la mejor intención del mundo, ven siempre el lado positivo de las cosas. Tal vez los que tienen más fe en la acción de la Iglesia "ex opere operantis" estarán siempre en la dispoción de sacar buenos frutos de cualquier homilía, por más pobre que sea; pero no es el caso de todos.

Pero a todo esto, hay una pergunta previa. ¿Cuánto le debe importar al sacerdote? ¿Acaso su ministerio no está muy por encima de estos cálculos humanos y de la búsqueda del éxito? Ciertamente que lo está, y el sacerdote no debe nunca concebirse a sí mismo como una suerte de "personal couch" o como uno de esos oradores que van por el mundo presentando los diez pasos básicos para ser una persona de éxito. No se trata de eso. Pero al mismo tiempo, es bueno que revisemos continuamente la calidad y la profundidad de nuestras homilías, mientras procuramos dar nuestro servicio de la mejor manera posible.

Por todo ello es conveniente que nos preguntemos ¿qué hace de mi homilía una "buena homilía"? ¿La riqueza de mi vocabulario? ¿La expresividad de mis gestos? ¿Las originales perspectivas? Todo ello puede ayudar, pero no es de ninguna manera el punto más importante. Las preguntas fundamentales, tal vez en orden de importancia, deberían ser: 1. ¿Los he motivado a ser mejores cristianos, a convertirse y buscar la santidad? ¿He movido sus corazones y los he impulsado a actuar? ¿Han recibido mi mensaje, me han entenido? ¿He logrado transmitir claramente lo que quería transmitir? ¿Les he ayudado a comprender mejor el Evangelio y a adherirse a él?

Todas estas son preguntas fundamentales, pero no siempre tenemos un instrumento objetivo de medición. ¿Cómo saber si lo hemos logrado? Es difícil pero no imposible. En primer lugar hay que decir que si uno está atento, descubrirá en el contacto con sus fieles, ciertos signos de que ha tenido éxito, p.e., si hemos logrado transmitirles ciertos contenidos en forma de "claves" o criterios que han sido asimilados y recordados, o si hay evidentes signos de conversión en las personas. Un instrumento interesante de medición es el confesionario. Si aumenta el número de de gente que se va a confesar y que participa en la Misa, probablemente estén sucediendo tres cosas fundamentales: La gracia está actuando, la oración está moviendo el corazón de Dios, las homilías son buenas.

A parte de todo ello, hay un asunto de sana confianza en uno mismo. El tema de la predicación es un ejercicio y un arte que requiere años de aprendizaje, pero en el trayecto, el sacerdote tiene que utilizar el siguiente discernimiento fundamental: Si lo que quiero transmitir es fundamental para mi propia vida y la de los demás y he logrado transmitirlo con claridad y sencillez, he tenido éxito. La forma irá mejorando con los años, si nos esforzamos en mejorarla

Todo lo dicho se entiende en el marco de lo que debe ser una homilía: no un discurso político ni un panfleto filantrópico, sino el anuncio del Evangelio de Jesucristo.

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