Viernes, 19 Abril 2013 18:55

Salirse del camino sin desviarse

Valora este artículo
(2 votos)

Cuando se sabe adónde se quiere llegar, uno puede tranquilamente salirse un momento del camino sin desviarse o perderse. Este es un principio básico que tiene que ver con la improvisación, pero también con la preparación.

Para graficarlo bien, podemos tomar un ejemplo de la vida práctica. Un camionero necesita recorrer una determinada ruta para llegar de un punto de partida a su punto de llegada. Después de haberlo hecho muchas veces, llega a tener tal dominio del camino, que fácilmente puede utilizar rutas alternas o puede incluso salirse por un momento del camino para detenerse a descansar, o para visitar algún lugar intermedio, o reparar el camión.

Si no conociera bien su camino, ese desvío podría constituir un verdadero problema y podría terminar perdiéndose. Pero eso no sucede al chofer experimentado. Sabe perfectamente adónde tiene que llegar y sabe también cuales son las rutas posibles.

Siguiendo con la analogía, un predicador que tiene experiencia sobre un determinado tema, no se encontrará nunca en la situación de perderse en medio del discurso porque sabe exactamente qué es lo que quiere comunicar y cuáles son los modos posibles de hacerlo, al menos aquellos que domina y en los que tiene más experiencia. Por otra parte, si durante el discurso siente una inspiración o experimenta el deseo de decir algo adicional o de proponer un ejemplo o un testimonio personal, puede hacerlo sin desviarse del tema, porque sabe lo que está haciendo y adónde quiere llegar. Del mismo modo, sabe perfectamente qué es lo que tiene que hacer para no salirse del tema y si por un momento siente que lo está haciendo, rápidamente se rectifica y vuelve al camino.

La enseñanza más evidente de esto es la siguiente: una vez que hayamos escogido un tema concreto, muy claro y específico, tratemos de dominarlo preparándonos bien y rezando. Pero hablemos de lo que mejor conocemos, de lo que nos es familiar, no de aquello que acabamos de descubrir pero que todavía no tenemos lo suficientemente claro. De esa claridad depende también que el hilo lógico de nuestro discurso sea sólido y no nos termine perdiendo y llevando adonde no queríamos llegar.

Eso no es ningún secreto, pues sucede algo parecido cada vez que contamos una historia de nuestra vida o alguna anécdota a alguna persona. Si hemos sido los protagonistas de esa historia, tal vez la contemos muchas veces de manera distinta, introduciendo o quitando detalles en el momento, sin siquiera pensarlo, pues se trata de algo que tenemos completamente interiorizado y no necesitamos esbozar un esquema para poder comunicarlo.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML.

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios