Jueves, 05 Diciembre 2013 11:31

Empezar con pié derecho

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En castellano existe esta expresión; "iniciar con pié derecho", que significa tener un inicio exitoso o enrumbarse bien desde el principio. Sabemos que en la predicación, como en cualquier otro género de discurso análogo, el inicio es fundamental, tanto que de él puede depender el éxito de toda la predicación. Al mismo tiempo el fracaso de una homilía puede darse en su mismo inicio. Son afirmaciones que pueden parecer un tanto extremas, pero esa es la realidad. En la moderna neurociencia se ha comprobado que el cerebro humano determina de manera casi instantánea, al inicio de un discurso, si éste va a ser interesante o no y de acuerdo al resultado de un rápido proceso mental, crea o no las disposiciones necesarias para escuchar. Es lo que se conoce popularmente como "captar la atención"; lo que observamos con un poco de sentido común lleva detrás una serie de mecanismos cerebrales bastante precisos. Se puede decir que el "enganche" inicial de nuestra audiencia no es en lo absoluto una "ruleta rusa" ni algo que dependa de la posición de los astros, sino algo que perfectamente podemos controlar y aprender a dominar. Como condición general uno de los factores determinantes es si creamos o no de manera inmediata una expectativa en quienes nos escuchan.

Veamos algunos ejemplos de inicios comunes en homilías, que no suelen ser los más cautivadores y que, como regla general, deberíamos evitar:

"En el evangelio de hoy Jesús se dirige a los fariseos y los acusa de ser 'dobles', es decir de caer en la hipocresía..." Se comienza repitiendo exactamente lo que el Evangelio acaba de decir. Es tal vez uno los vicios más frecuentas en la homilética y uno de los más nefastos".

"En primer lugar quiero expresarles mi felicidad de estar aquí con ustedes celebrando la Santa Eucaristía, en ocasión de..." Se suele usar en ocasiones especiales, cuando uno ha sido invitado a una celebración o conmemoración especial; resulta tremendamente trillado y excesivamente formal. La predicación no debe nunca reducirse a un discurso protocolar o formal. Si se debe hacer un saludo de este tipo es mejor hacerlo al inicio de la Misa, como si fuera parte del rito de inicio, pero nunca para abrir la homilía.

"Como todos muy bien sabemos, Evangelio significa "Buena Nueva", es decir el anuncio de una noticia novedosa y que es un bien para el ser humano". Debemos huir de los lugares comunes. A veces se abusa del recurso de traducir palabras como "Evangelio", "Eucaristía" o "Misa", cuando este totalmente innecesario y hasta irrelevante.

"Como afirmó en una ocasión Santa Teresa, 'humildad es andar en verdad'". Citar al inicio puede dar buenos resultados, pero sólo si la cita es sumamente original o posee una cierta carga humorística o irónica; mejor si se cita dentro de un determinado contexto. Es muy bueno utilizar citas, pero casi siempre es mejor hacerlo dentro del discurso y no al inicio.

Estos son tan sólo algunos ejemplos o lugares comunes, pero se podrían citar muchos más. En la cultura americana, por ejemplo, es muy frecuente iniciar contando una broma o un chiste que puede no tener absolutamente nada que ver con el discurso que sigue. Este fue un discurso muy utilizado por el famoso predicador Fulton Sheen; sobre esto hay que decir en primer lugar que se trata un recurso muy propio de esa escuela y que no es siempre aconsejable. Fulton Sheen, de hecho, poseía ya un grande patrimonio de fama personal como figura pública y predicador de los medios de comunicación, y era muy conocido como gran contador de chistes, arma que sabía aprovechar con astucia. Pero eso no siempre da resultados positivos, pues existe el riesgo de banalizar el discurso o la ocasión, e incluso de hacer el ridículo, lo que resulta más trágico.

Algunas maneras originales de iniciar una homilía podrían ser:

"Los seres humanos en muchas situaciones pueden llegar a niveles heróicos de desintés y de entrega, incluso fuera del ámbito religioso; pero pueden también, tal vez con más frecuencia, demostrar una maldad y un egoísmo sin límites". Este tipo de inicio podría corresponder a una homilía en la que se hable del sentido verdadero de la caridad o del amor cristiano, a diferencia de la simple filantropía.

"¡Qué impresión deja en nosotros esta historia cada vez que la escuchamos! ¡De manera espontánea imaginamos la escena y vemos a esa madre en trance de soportar junto con sus hijos las terribles torturas! Y pensamos ¿quién podría soportar un sufrimiento tan grande?" Un poco de dramatización puede ser muy efectiva al inicio, sobre todo cuando se simpatiza con sentimientos fuertes que una lectura ha producido en la audiencia, como el relato de 2 Macabeos 7.

"Acabo de recordar algo que me dijo hace muchos años mi padre espiritual, algo acerca del pecado de la vanidad..." Es un recurso fácil para crear rápidamente expectativa; evidentemente lo que sigue tiene que ser igualmente interesante e importante, como para suscitar la identificación de los fieles con la idea.

Si en este momento se presentara Jesús en la puerta de esta Iglesia y tratara de convencernos de algo, muy probablemente no le haríamos caso; le diríamos 'Oye, déjanos en paz que aquí estamos haciendo algo importante'". Es una frase que escuché hace algunos años a un predicador, quien centró su homilía en la idea de que Dios nos habla de muchas maneras en nuestra vida, pero somos nosotros los que no escuchamos y no somos sensibles a sus distintas presencias.

Pero existen otros recursos sumamente útiles. Uno de ellos es el silencio; en ciertas situaciones se puede empezar con unos segundos de silencio. Pero es algo de lo que no hay que abusar, es mejor utilizarlo en situaciones muy especiales. Una vez escuché a un predicar que empezó su homilía de esta manera: acababa de proclamar el Evangelio que tiene que ver con la indisolubilidad del matrimonio, comenzó haciendo un largo silencio y luego, con una expresión muy seria dijo: "hay ciertas páginas del Evangelio que quisiéramos arrancar; prefiriríamos que Jesús no hubiese dicho lo que dijo". El silencio inicial y esa frase chocante crearon un clima de absoluta atención de parte de los fieles hacia el predicador. De esta manera introdujo una excelente catequesis sobre la indisolubilidad del matrimonio en un contexto en que se hacía mucha presión política y social contra la Iglesia por el "trato" que supuestamente ella da a los divorciados. Pardójicamente la homilía no dejó de tener palabras muy convincentes de esperanza incluso para lo que se pudieran encontrar en esa situación.

Nota final: todas las reglas tienen excepciones. Y sabemos que los mejores en cualquier actividad humana se pueden dar el lujo de romper con las reglas, ya sea porque han adquirido una mayor destreza y "saben lo que hacen", o porque tienen una fama ganada que hace a sus oyentes mucho más tolerantes con ellos que con el resto de personas.

 

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