Martes, 26 Junio 2012 19:44

¿Adónde dirigir la mirada? Destacado

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Uno de los dilemas que enfrentan los oradores diletantes, como sucede frecuentemente con los sacerdotes recién ordenados que no han tenido un entrenamiento especializado en oratoria, es que no saben adónde dirigir la mirada. Una de las recomendaciones que se suele dar es escoger un punto al fondo del recinto, ligeramente por encima de los oyentes, y mirar hacia ese lugar; en términos generales esa técnica funciona y es un buen recurso para ciertas situaciones: cuando no se sabe adónde mirar, se está nervioso o se tiene un poco de miedo, no se conoce en profundidad el discurso –y por lo tanto se necesita una cierta concentración para seguir el hilo conductor–, etc. Estas y otras situaciones pueden hacer que la mejor opción sea mirar hacia el fondo. Mirar hacia abajo, hacia arriba o hacia los costados, nunca es algo recomendable, a menos que se quiera dirigir la mirada en un momento dado para señalar algo o “teatralizar” una idea.

Pero estas situaciones, en general, no son ideales. Lo que se espera es que el orador sepa controlar muy bien su mirada, no esté nervioso ni tenga miedo y sepa en profundidad lo que quiere decir para que pueda estar relajado y concentrarse no tanto en recordar el contenido sino en transmitirlo de la mejor manera posible. Y en esto la mirada juega un papel fundamental.

¿Qué es lo ideal? Pensemos en lo que solemos hacer cuando conversamos con una persona o un grupo pequeño de personas, por ejemplo en el ámbito familiar. No le preguntamos a una persona por su salud o por las últimas novedades de su trabajo mirando hacia abajo o hacia arriba, sino que la miramos directamente a los ojos. En otras palabras, “hacemos contacto”. Y el contacto es fundamental porque dispone al oyente de una manera radicalmente distinta. Es distinto, en cambio, cuando estando con los amigos, emitimos alguna opinión que elaboramos en el momento; ahí nuestra mirada puede dirigirse a un punto vacío, dado que estamos elaborando un pensamiento. Pero cuando uno explica al otro o a los otros algo que sabe, suele mirar a los ojos y hacer “contacto”, tal vez no de manera constante, porque puede ser cansador, pero sí de manera intermitente, sobre todo cuando queremos asegurarnos de que el otro nos está escuchando.

El principio fundamental para la oratoria pública, como para una homilía, es exactamente igual a lo anterior. Si queremos hacer “contacto” con las personas, la manera más efectiva es mirarlas directamente e ellas, mirarlas a los ojos. De esta manera, las personas que están delante tienen una impresión mucho más clara de que se les está dirigiendo la palabra a ellas de manera personal.

Alguno dirá que eso es imposible cuando se tiene un auditorio de 1000 personas; pero en realidad sería imposible incluso con 50. ¿Cómo hace uno para mirar a los ojos a cincuenta? Pero no se trata de eso. De lo que se trata es de escoger a algunos ubicados en zonas distintas del recinto e ir cambiando la mirada de uno a otro, de manera rotativa, si se quiere. De esta manera todos tendrán la sensación compartida de que se les está dirigiendo la mirada de manera personal. ¡Así funciona!

Pero es muy importante evitar realizar una mirada tipo “spray”, es decir “peinar” los rostros de los circunstantes con la mirada “barriendo” al público. Lo que se tiene que hacer es fijar por dos o tres segundos, de manera alternada, los ojos en distintas personas, tratando más o menos de cubrir el área.

Ahora bien, lo dicho hasta ahora no puede funcionar si no tenemos muy bien asimilado el contenido de lo que vamos a decir y si la estructura lógica de la argumentación no es sumamente clara. Cuando le explico a alguien cómo van las cosas en mi trabajo, lo hago mirándolo a los ojos, porque simplemente tengo que expresar lo que estoy viviendo; para eso no necesito construir un discurso lógico, pues éste sale de manera natural. Mi energía está concentrada en comunicar algo. Lo mismo se tiene que dar en el púlpito: comunico a las personas algo que he reflexionado y tengo completamente claro. Casi no necesito pensar para poder expresarlo, simplemente me tengo que preocupar por expresarlo bien.

4 comentarios

  • Enlace al Comentario Luis Ernesto Ruiz Cruz Martes, 31 Julio 2012 03:21 publicado por Luis Ernesto Ruiz Cruz

    Al terminar de leer este artículo, no pude dejar de transportarme a muchas eucaristías donde me he sentido muy crítico frente a esa persona que está allí adelante hablando y que en muchas ocasiones a pesar de tener un público con diferentes edades no es claro en lo que quiere transmitir y termina uno dejando que sus pensamientos vuelen de este escenario. Si es cierto por la experiencia que transmitir conocimientos es un proceso lógico que en ocasiones por el auditorio es difícil para que sean asimilados, en la predicación debe tenerse un sentido de entrega y compromiso por capturar la atención de los feligreses y se logra desde el mismo hecho que nos podamos expresar con un lenguaje sencillo, tal vez como el utilizado por el maestro, no tan lleno de retórica pero si de un contenido cercano a la vida. De lo contrario seguiremos encontrando muchos católicos de misa pero no vida pues son las palabras que llegan al corazón las que logran transformar y construir una nueva sociedad. Más de donde debe estar puesta su mirada debe tener claro que ese auditorio de personas están allí porque quizás necesitan un aliento una esperanza para continuar el camino. Pues si no al final la mirada será puesta allí en cielo.

  • Enlace al Comentario Armando valeno Reyes Domingo, 08 Julio 2012 04:18 publicado por Armando valeno Reyes

    Querido P: Tola:

    su sitio es muy atractivo por ser moderno y a la vez clasico.

    El concepto de la brevedad en la predicacion (8 minutos) era algo nconcebible para los curas en Aerica Latina ya que aprovechamos la homilia para tratarpuntos de doctrina. sin embargo viendolo bien es algo in teresante por que es stractivo a tanta gente que no soporta los sermones largos y para nosotros que tenemos que celebrar cinco misas, el domingo.
    lo u nico que le pediria padre, es la caridad de que el sermon s subiera a la red por lo menos el lunes o si se pudiera por mes para aprovecharlo en las pequeñas comunidades que se reunen entre semana,
    Asi nosotros tendriamos ese recurso para preparar la homilia por lo menos a media semana.

    Y Dios...

    P: Armando Valenzo Reyes

  • Enlace al Comentario Armando valeno Reyes Domingo, 08 Julio 2012 04:18 publicado por Armando valeno Reyes

    Querido P: Tola:

    su sitio es muy atractivo por ser moderno y a la vez clasico.

    El concepto de la brevedad en la predicacion (8 minutos) era algo nconcebible para los curas en Aerica Latina ya que aprovechamos la homilia para tratarpuntos de doctrina. sin embargo viendolo bien es algo in teresante por que es stractivo a tanta gente que no soporta los sermones largos y para nosotros que tenemos que celebrar cinco misas, el domingo.
    lo u nico que le pediria padre, es la caridad de que el sermon s subiera a la red por lo menos el lunes o si se pudiera por mes para aprovecharlo en las pequeñas comunidades que se reunen entre semana,
    Asi nosotros tendriamos ese recurso para preparar la homilia por lo menos a media semana.

    Y Dios...

    P: Armando Valenzo Reyes

  • Enlace al Comentario Rafael Arce Martes, 03 Julio 2012 21:23 publicado por Rafael Arce

    Es una página muy buena y será muy útil para los sacerdotes. Felicidades
    Una sugerencia. Lo más difícil es preparar la homilía DOMINICAL. Ojalá se animaran a ponerla varios días antes en la página y poder consultarla. Si la ponen el mismo día domingo ya casi no es útil.

    Rafael Arce
    Mexico

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