Ideas para hoy (171)

Aquí se irán colocando algunos esquemas simples de propuesta para la preparación de homilías.

Viernes, 03 Abril 2015 00:00

Viernes Santo 2015

  • Despreciado por los hombres. En las visiones del profeta Isaías contemplamos al Siervo Sufriente desechado por los hombres, como uno que no parecía hombre, evitado y sin aspecto atrayente. Sabemos que estas palabras se cumplen en Jesús, sobre todo en los momentos de su pasión. Pero, ¿cuál es la actualidad de estas palabras? Jesús, hoy, sigue siendo tan desechado y sigue resultando tan poco atrayente para los hombres como lo veía la visión de Isaías. La humanidad de Jesús sigue siendo rechazada y su pasión sigue siendo un enigma incomprensible. ¿Lo es también para nosotros?
  • Quién comprende nuestra situación. ¿Quién comprenderá la situación del hombre? ¿Quién comprenderá nuestras angustias y temores, así como nuestros anhelos y deseos? Como lo afirma la carta a los hebreos, "no tenemos a un sumo sacerdote incapaz" de comprendernos y de compadecerse de nosotros. La pasión de Cristo y su Cruz son la prueba más radical de ello. Los hombres no suelen dar a lo que se celebra el viernes santo el valor que tiene, su valor auténtico: es Dios siendo hombre hasta las últimas consecuencias; es Dios salvándonos del sin-sentido y del error trágico de no ser quienes estamos llamados a ser; es Dios mismo viniendo a nosotros para iluminar nuestro camino.
  • El significado de la cruz. Para muchos la Cruz de Cristo sigue siendo un escándalo incomprensible, ¿un Dios que muere? El mundo desconoce el verdadero sentido de esa cruz y por lo tanto la desprecia, como desprecia todo lo que en la fe cristiana no comprende. Pero incluso entre los que se llaman cristianos, la cruz es simplemente un símbolo, uno que los representa, cierto, pero que al final no cambia nada, no transforma la vida, porque no tiene nada que ver con ella, al menos con la vida concreta y con el modo de vivirla. ¿Cuál es el verdadero sentido de la Cruz? ¿Qué tiene que ver conmigo? El viernes santo nos propone estas preguntas; y la respuesta que esperamos no debe ser una metáfora o una suerte de "mensaje positivo", sino algo real.
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    Jueves, 02 Abril 2015 00:00

    Jueves Santo 2015

  • Será para ustedes un memorial. Estas palabras, si la liturgia nos las presenta hoy, si se cumplen hoy en el Sacramento de la Eucaristía, entonces cabe que nos preguntemos si efectivamente hacemos memoria de este día. Cada domingo repetimos las palabras del mismo Jesús “haced esto en memoria mía”. Pero, ¿se trata sólo de hacer memoria? ¿Se trata solamente de un bello recuerdo de lo que hizo Jesús con sus apóstoles? ¿O hay algo más? De hecho San Pablo, en la lectura que hemos escuchado afirma que cada vez que comemos este pan y bebemos de este cáliz proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. Lo que hacemos no es la representación de un hecho pasado, sino que proclamamos la actualidad de un sacramento que nos pone en situación de “espera”; esperamos al Señor hasta que vuelva.
  • Eucaristía y vida eterna. ¿Por qué celebrar la Eucaristía? ¿Por qué recurrir al sacerdocio? ¿Por qué ser buenos? ¿Por qué hacer obras de caridad? En el fondo, ¿para qué ser cristianos? Ninguna de estas preguntas encontraría una respuesta, sino estuviéramos esperando algo. Vivimos en actitud de “espera”; y si no es así, entonces hay algo que no encaja, hay una incoherencia profunda, porque lo que hacemos no tiene sentido. ¿Para qué hacer todas estas cosas si ellas no conducen a nada? ¿Sólo para hacer memoria? San Pablo nos da una clave: cada vez que lo hacemos proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. He allí el sentido de todo: de nuestro ser personas, de haber sido bautizados, de buscar ser buenos cristianos: Cristo ha de venir, aún para los que no lo esperan, ha de venir inexorablemente, tarde o temprano, aunque lo más probable es que muramos antes y nos encontremos con él ya. ¿Hacemos memoria de esto?
  • El amor es lo único que importa. El juicio final será un juicio sobre el amor, decía San Agustín. Seremos examinados en el amor. Tal vez por esto el último testamento de Jesús fue el gesto del lavatorio de los pies, y por ello su última exhortación fue: “lo que he hecho con ustedes, háganlo ustedes también”. Si nuestra vida no está centrada en el amor y no gira en torno al amor, entonces nuestra vida está a la deriva, aunque nos sintamos seguros y contentos con lo que tenemos. Pero el amor, que se hace concreto privilegiadamente en el servicio al prójimo, en los actos de generosidad y de perdón, en las obras de caridad, se debe en primer lugar a Dios. Y he ahí el sentido de cualquier acto religioso; he ahí también el sentido de cualquier acto moral. Se trata de vivir el primero de los mandamientos, ante todo; y de él deriva claramente el segundo.
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