En estos días, al hablar con una persona que hace voluntariado en una escuela para niños con discapacidad física, ésta me pidió un consejo: ¿Cómo decirle a alguien que está sufriendo que Dios lo ama? ¡Tremenda pregunta! No es algo para tomar a la ligera o responder con una fórmula. La realidad del sufrimiento toca a todos, pero a algunos de una manera más dramática y, en muchos casos, permanente.

Ya que yo mismo tuve algunas experiencias pastorales en ese colegio y el contacto con el sufrimiento es parte de la vida del sacerdote, dediqué un tiempo a ensayar posibles respuestas. Algunas de ellas no son tanto respuestas directas a la pregunta cuanto criterios que debemos tomar en cuenta para que nuestras respuestas no sean una fórmula aprendida o un lugar común, sino un mensaje humano y convincente, y al mismo tiempo reflejen de la mejor manera posible la verdad acerca de esta realidad, tal como la predicó Jesús y la entiende la Iglesia.

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Viernes, 26 Abril 2013 00:00

Viernes IV de Pascua

Lecturas: Hch 13,26-33; Sal 2; Jn 14,1-6

En el Cielo hay un lugar

Captación

¡Qué bellas palabras de parte de Jesús a nosotros, sus discípulos! "Que no tiemble vuestro corazón", se puede traducir también como "no dudéis", "no tengáis miedo", "no os inquietéis". El Señor nos invita a vivir con una profunda serenidad, esperando el día del encuentro definitivo con Él. Él mismo nos ha preparado el camino hacia su Reino eterno y nos tiene preparado también un lugar.

Cuerpo

El significado de esta verdad de nuestra fe, aquí refrendado por Cristo personalmente, es de una grandeza que no se puede comprender con la sola razón. Sólo la fe puede ayudarnos a mirar hacia este horizonte que, aunque supera toda comprensión terrena y toda expectativa humana, es real; tiene la realidad de una promesa concreta de Jesús cuyo perfecto cumplimiento nada ni nadie podrá impedir o cancelar.

Y, precisamente, el "realismo" de esta promesa, el realismo del Cielo o de la vida eterna que Jesús nos ha prometido, queda muy claro aquí, pues las palabras de Jesús despejan toda duda acerca de la vocación eterna de la persona humana. No estamos destinados a la desaparición, ni siquiera a una suerte de "disolución" en la nebuloza espiritual. El cristianismo es totalmente ajeno a cualquier género de panteísmo en lo que se refiere a la subsistencia del alma inmortal. En un "abrir y cerrar de ojos", como dice San Pablo, toda la realidad será transformada y con ella, nuestro ser pasará al estado glorioso anunciado por Cristo en su resurrección. Y de ello ya nuestra "paso" personal, nuestra muerte, es un adelanto y un inicio. Jesús nos ofrece "un lugar" en la casa de su Padre. Un lugar en el que nuestra existencia se prolongará en un tiempo sin fin y en relaciones de íntima comunión y amistad con Dios y con todos lo santos, lo que constituirá la fuente última de nuestra felicidad.

Conclusión

¡Debemos anhelar el Cielo, desearlo! Esta verdad de nuestra fe está no sólo para ser creida con la razón, sino para ser deseada con el corazón, pues nos debe motivar a procurarla a través de una vida cristiana intensa y de la búsqueda de la santidad.

 
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Miércoles, 06 Marzo 2013 08:48

Entre nosotros y el Cielo o el Infierno

Entre nosotros y el Cielo o el Infierno, está solamente la vida, que es la cosa más frágil del mundo. (Blaise Pascal)

El hombre, a causa del pecado, es ciego a la realidad de su contingencia. Millones de personas van por el mundo ocupadas en cosas inútiles y haciendo proyectos sobre su futuro, y no se dan cuenta lo cerca que están de la muerte.

 
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Jueves, 28 Febrero 2013 00:00

Jueves II de Cuaresma

Lecturas: Jr 17,5-10; Sal 1; Lc 16,19-31

El verdadero pecado del rico

Captación

En esta "parábola" dicha por Jesús lo que se produce es una verdadera "inversión" de los hechos o, si se quiere, un giro de 180 grados. Quien al principio aparece como hombre rico y feliz, en el descenlace es quien sufre tormentos. Quien al principio era pobre y despreciado, en el desenlace aparece compartiendo la dicha del Cielo y la vida eterna.

Cuerpo

¿Acaso el mensaje de esta historia propuesta por Jesús es que tiene riqueza y es feliz en esta vida sufrirá en la otra y viceversa? [lo que sería aún más claro por las palabras de Abrahám: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces." Ciertamente, no. El detalle está en la parte inicial. El pecado del hombre rico no está tanto en el hecho de tener bienes y disfrutar de ellos, sino en el hecho de ignorar completamente el sufrimiento de su prójimo y poner toda su confianza en los goces terrenos y pasajeros, lo cual es implícito en el relato. El juicio y la condenación recaen sobre él no por su condición, sino por su forma de vida y por los valores a los que dio el primer lugar, por encima de la compasión y de la caridad. Su fin no es sino una consecuencia de sus propias decisiones.

Conclusión

La pregunta acerca de la caridad con el prójimo es siempre incómoda, porque inmediatamente nos hace pensar en todo lo que podríamos hacer por los demás y no hacemos. Este tiempo de Cuaresma sin duda nos invita a hacer un examen de conciencia sobre este tema. Como sabemos, la verdadera naturaleza del "juicio", como decía San Agustín, es ser un examen sobre el amor.

Otras Ideas

  • Una de las cosas a las que apunta esta parábola es a ser una suerte de catequesis o enseñanza sobre la existencia del Infierno y del Cielo. No es la única vez que Jesús sugiere la existencia del Infierno y la posibilidad real de la condenación, lo que forma parte de nuestra fe.
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    Domingo, 24 Febrero 2013 00:00

    Domingo II de Cuaresma (C)

    Lecturas: Gn 15,5-12.17-18; Sal 26; Fl 3,20-4,1; Lc 9,28b-36

    Seremos transfigurados con Cristo

    Captación

    ¿Cuándo pensamos en la vida eterna, en el Cielo? Hoy en día, con esta vida tan mundana que llevamos, en la que muchas veces la fe religiosa no ocupa un lugar tan importante, pues tenemos "demasiadas cosas" en las cuales pensar, el misterio de la Transfiguración nos interpela y nos recuerda quiénes somos y cuál es nuestro verdadero destino.

    Cuerpo

    En realidad, somos peregrinos en este mundo y nuestra verdadera patria es el Cielo. ¿Pensamos a menudo en esta verdad que se impone a nosotros? En el misterio de la Transfiguración el Señor Jesús nos conduce, como condujo a sus discípulos, a contemplar de manera adelantada aquella gloria que es nuestra veradera vocación humana. El Evangelio nos dice algo acerca de esa gloria que ahora sólo podemos imaginar, y sobre la cual es muy poco lo que se puede decir desde el punto de vista de la razón o de la ciencia. Afirma San Lucas que su rostro cambió de apariencia y se volvió fulgurante, y que sus discípulos quedaron espantados y sobrecogidos por esta manifestación, pero que al mismo tiempo experimentaban una sensación de bienestar inexplicable, tan inexplicable que provocó que Pedro digera insensateces -"hagamos tres tiendas"-. ¿Por qué realizó Jesús esta peculiar manifestación? Por el contexto en que ocurren los hechos, sabemos con certeza que una de sus intenciones, tal vez la principal, era asegurar a sus discípulos en el camino que habían emprendido, sobre todo porque Jesús sabía que se acercaba el momento de su pasión y muerte, y aquellos hombres débiles, necesitaban contemplar aquello que se escondía en la obra de Cristo y en su persona, y que no se trataba de una obra meramente humana, sino de la acción misma de Dios entre los hombres. En el momento más dramático de la vida de Jesús; cuando todo parecerá oscuro, los discípulos huirán cobardemente; pero, ¿cómo no pensar que fue este recuerdo, unido a otros recuerdos de la obra de Jesús, lo que mantuvo una minúscula chispa encendida en el corazón entristecido y desilucionado de estos hombres? Esa chispa fue luego el inicio de un fuego interior, que les será donado sólo después de ser testigos de la Resurrección y de manera más plena cuando recibirán al Espíritu Santo.

    Conclusión

    Al celebrar este misterio de la Transfiguración somos invitados como aquellos discípulos, a contemplar el rostro transformado de Cristo y a vernos reflejados en Él. También nosotros seremos algún día transformados y participaremos de esa gloria. ¿Qué lugar tiene esta certeza de nuestra fe en nuestra vida? Vivir "en presencia de Dios" significa también "vivir con los ojos puestos en nuestro futuro", "vivir con la consciencia de nuestro verdadero destino".

    Otras Ideas

  • En esta manifestación extraordinara de Jesús, la voz del Padre nos dice: "Este es mi Hijo, escuchadlo". Poco ante el Señor había pregunado a sus discúpulos "¿quién dice la gente que soy yo?" Así es que podemos preguntarnos, ¿a quién prestamos atención? ¿a quién escuchamos?, ¿lo que dice el mundo acerca de Jesús? ¿O escuchamos más bien la voz del Padre que se manifiesta? Ella se manifiesta en su Palabra, en su presencia sacramental, en los sacramentos, en la Iglesia.
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