En el capítulo anterior nos referimos a la dificultad de tratar en la homilía ciertos temas que, aunque esenciales a la fe cristiana, son para los fieles difíciles de comprender o digerir. Tenemos siempre como preocupación de fondo encontrar una manera de presentar de manera positiva y convincente realidades como la muerte o el pecado. En este segundo artículo vamos a tomar como punto de reflexión una idea que apareció en el Evangelio del último domingo (XXIII del Tiempo Ordinario, ciclo “C”): la necesidad de tomar consciencia. ¿Tomar consciencia de qué? Pues de todo, de quienes somos, de qué hacemos aquí, de la vida misma.

Esta enseñanza de Jesús es coherente con muchos pasajes en los que se refiere a la actitud de la vigilancia y de la prudencia frente a un fin que puede llegar en cualquier momento y que nos puede sorprender como “un ladrón en la noche”.

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Jueves, 21 Marzo 2013 00:00

Domingo de Ramos (C) [Villapizzone]

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Jueves, 14 Febrero 2013 00:00

Jueves después de Ceniza

Lecturas: Dt 30,15-20; Sal 1; Lc 9,22-25

¿Cargo mi propia cruz para seguir a Cristo?

Captación

La fe es una relación personal con Jesús y se expresa en el deseo libre de seguirlo. De hecho, Él dice: "si alguno quiere seguirme". El cristianismo no es una "obligación" en el sentido positivo de la palabra. Es más bien un acto de amor hacia una persona concreta, que es Jesús.

Cuerpo

Pero para seguir a Cristo es necesario cargar con la cruz. ¿Qúe significa esto? Significa que hay que estar dispuesto a morir para poder obtener la verdadera vida. Pero no es sólo la muerte física a la que algunos son llamados como acto "extremo" de amor y de fe en el martirio. A la mayoría de nosotros se pide otro tipo de muerte: muerte al egoísmo, muerte a la mediocridad, muerte a nuestro deseo de dominio y de poder, muerte a nuestras esclavitudes, como aparecer ante los demás y ser aplaudidos, o la acumulación de bienes y la búsqueda del placer como fin en sí mismo. Jesús nos pide "morir" a todas estas cosas para vivir en una dimensión completamente distinta de la existencia, un modo distinto entrar en el camino hacia la verdadera plenitud humana, que sólo se puede encontrar encontrando a Cristo.

Conclusión

¿Sé bien cuál es esa "cruz" personal que me toca cargar? ¿Estoy dispuesto a dar muerte a mis esclavitudes humanas para ser verdaderamente libre? Debemos estar atentos, puesto que nuestros egoismos se pueden esconder también bajo la forma de una vida "buena" y "tranquila", como quien dice: "no le hago mal a nadie". Pero entonces, ¿qué sentido tienen las palabras de Jesús? Pues resulta que no se le puede seguir realmente si no se está dispuesto a llevar la propia cruz.

Publicado en Ideas para hoy

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