Martes, 30 Septiembre 2014 00:00

Martes XXVI del Tiempo Ordinario 2014

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En estos días, al hablar con una persona que hace voluntariado en una escuela para niños con discapacidad física, ésta me pidió un consejo: ¿Cómo decirle a alguien que está sufriendo que Dios lo ama? ¡Tremenda pregunta! No es algo para tomar a la ligera o responder con una fórmula. La realidad del sufrimiento toca a todos, pero a algunos de una manera más dramática y, en muchos casos, permanente.

Ya que yo mismo tuve algunas experiencias pastorales en ese colegio y el contacto con el sufrimiento es parte de la vida del sacerdote, dediqué un tiempo a ensayar posibles respuestas. Algunas de ellas no son tanto respuestas directas a la pregunta cuanto criterios que debemos tomar en cuenta para que nuestras respuestas no sean una fórmula aprendida o un lugar común, sino un mensaje humano y convincente, y al mismo tiempo reflejen de la mejor manera posible la verdad acerca de esta realidad, tal como la predicó Jesús y la entiende la Iglesia.

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Miércoles, 27 Noviembre 2013 00:00

Maturin, el predicador (parte III)

[Parte 1]

[Parte 2]

El padre Maturin era de gran ayuda con quienes eran probados con dificultades intelectuales y morales contra la fe cristiana. Y también aquí, como en el caso de la resistencia al mal, animaba a una confianza positiva en Dios antes que a centrar toda la atención en las dificultades mismas, considerando que muchas de ellas están más allá de nuestra capacidad mental y pertenecen al universo de Dios, y por lo tanto no pueden ser resueltas en esta tierra. Nos encontramos con dos clases de dificultades: las que proceden de nuestra vida interior y las que vienen de afuera. Miremos las segundas... Ellas convierten nuestra vida en una prueba, un examen: y la última gran tormenta será siempre la peor de todas; pero si logramos atraversar las otras, lograremos también superar la última.

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En el capítulo anterior nos referimos a la dificultad de tratar en la homilía ciertos temas que, aunque esenciales a la fe cristiana, son para los fieles difíciles de comprender o digerir. Tenemos siempre como preocupación de fondo encontrar una manera de presentar de manera positiva y convincente realidades como la muerte o el pecado. En este segundo artículo vamos a tomar como punto de reflexión una idea que apareció en el Evangelio del último domingo (XXIII del Tiempo Ordinario, ciclo “C”): la necesidad de tomar consciencia. ¿Tomar consciencia de qué? Pues de todo, de quienes somos, de qué hacemos aquí, de la vida misma.

Esta enseñanza de Jesús es coherente con muchos pasajes en los que se refiere a la actitud de la vigilancia y de la prudencia frente a un fin que puede llegar en cualquier momento y que nos puede sorprender como “un ladrón en la noche”.

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Sábado, 08 Junio 2013 13:45

Mi hermano sufre, mi hermana sufre

«Nosotros, cuando pensamos en esta gente que sufre tanto, pensamos como si fuera un caso de moral, también en las ideas, ‘pero en este caso…, este caso...’, ¿o también pensamos con nuestro corazón, con nuestra carne? A mí no me gusta cuando se habla de estas situaciones de manera tan académica y no humana, a veces con las estadísticas... sino sólo allí. En la Iglesia hay tantas personas en esta situación... Rezar por ellos. Ellos deben entrar en mi corazón, ellos deben ser una inquietud para mí: mi hermano sufre, mi hermana sufre.»

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Jueves, 21 Marzo 2013 00:00

Domingo de Ramos (C) [Alvarado]

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Lunes, 18 Febrero 2013 00:00

Lunes I de Cuaresma

Lecturas: Lv 19,1-2.11-18; Sal 18; Mt 25,31-46

Jesús se nos presenta con frecuencia, ¿lo vemos?

Captación

Jesús afirma "sentir" sed, hambre, frío, o ser extranjero. Es decir, el Señor se identifica con aquellos que están enfermos o son encarcelados. Se identifica con todas las formas de pobreza y de sufrimiento. Es este sediento, enfermo, encarcelado, que viene a salvarme. Así que el problema del cristianismo no es "eliminar" la pobreza humana. Es mucho más radical, pues va al origen de toda pobreza humana que es la falta de amor. [Es interesante analizar el razonamiento que muchas veces se hace en relación con la caridad. Se dice que dando un poco de limosna no realizaremos ningún cambio en el mundo, y que por lo tanto es inútil. ¡Claro que lo es! si creemos que una moneda puede cambiar el destino de la humanidad. Lo que sí puede cambiar el mundo, es el amor con el que se da y el testimonio que ello conlleva.]

Cuerpo

Es la pregunta fundamental de este Evangelio: ¿cuánto vivimos el amor? ¿Cuánto dejamos que nuestros miedos, egoísmos y comodidades se interpongan entre nosotros y Dios? Lo que nos está diciendo Jesús es exactamente esto; que cada vez de evitamos alguna exigencia de l caridad cristiana, es a Él en persona a quien evitamos.

Es interesante la sorpresa de los justos: "Señor, ¿cuándo te hemos visto...?" Es la misma perplejidad que muchas veces nos impide "ver" a Jesús [El salmo 26 dice "tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro"]. Jesús responde que el rostro del pobre y sufriente es el rostro de Dios.

Conclusión

Podemos encontrar miles de escusas para evitar vivir el amor. Santa Teresa de Calcuta decía que hay que vivir el amor "hasta que duela", porque es allí donde se manifiesta la verdadera caridad. Es muy fácil hacer el bien cuando no cuesta o cuando no implica ninguna renuncia.

Otras Ideas

  • Es también importante explicar quiénes son esos "pobres" o "enfermos" de los que habla el Señor. No es un asunto que tenga que ver necesariamente con la pobreza material o la enfermedad física. ¿Quiénes son esos a los que debería prestar mi mano caritativa? Tal vez son las personas en las que menos pensamos. Esta respuesta puede ser menos obvia de lo que pensamos. A veces el Señor está "cerca" de nosotros y no nos damos cuenta.
  • Otro tema intersante de este Evangelio es que estamos en el momento del juicio final, y resulta que la "medida" de ese juicio es cuánto hemos vivido el amor. San Agustín decía: en el día del juicio te examinarán en el amor. No se toman en cuenta las buenas intenciones, o las grandes o pequeñas obras que realizamos en nuestra carrera o en nuestra vida personal, sino cuánto vivimos realmente el amor con el prójimo. Hemos de "adelantar" ese examen, haciéndolo con nosotros mismos, para no llegar desprovistos al encuentro con Dios.

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