José Ignacio Tola Claux

José Ignacio Tola Claux

Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

URL del sitio web: http://artedepredicar.com
Sábado, 26 Julio 2014 16:09

El poder de una inflexión sutil

Tomo un extracto de otro artículo presente en esta página web acerca del Card. John Henry Newman para explicar un recurso muy simple, pero muy poderoso, tanto para la predicación como para la oratoria en general. Es el siguiente:

”Una noche Newman hablaba en voz baja acerca de la evolución del escepticismo en el mundo. Anticipaba que llegaría un momento en que la mayoría consideraría al cristianismo como una creencia falsa. Aquellos que persistirían en creer ya no serían considerados ni escuchados; se les respondería simplemente algo como: ‘ya ha sido refutado, no podemos refutarlo de nuevo’. El tono de rabia y de impaciencia que le puso a su voz, solo mientras pronunciaba estas palabras, es la razón por la que una conversación como esta, que de otro modo hubiera sido poco relevante, es recordada claramente, casi un cuarto de siglo después, por una persona que estuvo presente.

Sábado, 26 Julio 2014 14:26

Diálogo con un sacerdote guadalupano

Más que una entrevista, lo que les ofrecemos aquí es un diálogo con el p. Eduardo Chávez Sánchez, Director del Centro de Estudios Guadalupanos, Canónigo de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México. Nos interesaba mucho conversar con él porque, siendo uno de los mayores expertos en el mundo en el “hecho guadalupano” ha realizado en los últimos años una labor extraordinaria como predicador y comunicador, siendo muy conocido y muy apreciado como conferencista. Cuando se escucha al p. Eduardo uno se da cuenta de que no está transmitiendo simplemente un contenido, sino lo que vive realmente lo que dice y lo cree con el alma y el corazón. 

Sábado, 26 Julio 2014 09:48

Con el Evangelio en la mano

Predicar con el Evangelio en la mano no es sino consecuencia de "vivir" con el Evangelio en la mano; es decir, que forme parte de nuestra realidad cotidiana. Esto, a la hora de preparar la homilía, debe traducirse en una pregunta muy concreta: ¿qué me dice a mí la Palabra de Cristo? Y la respuesta a esta pregunta es una de las claves del éxito en la homilía.

Claro que cuando hablamos de la "predicación" no debemos buscar "tener éxito", en el sentido mundano de la expresión, pero sí que debemos hacerlo en el sentido de alcanzar nuestro objetivo, que es llegar a la mente y al corazón de las personas con un mensaje claro y convincente, que tenga para sus vidas un significado concreto y que les motive a ser mejores personas y mejores cristianos.

Jueves, 08 Mayo 2014 00:00

Jueves III de Pascua 2014

Lecturas: Hch 8,26-40; Sal 65; Jn 6,44-51

Una vida hecha de promesas

Captación

La vida humana está hecha de promesas. La felicidad es una promesa cumplida; la infelicidad muchas veces es consecuencia de deseo no cumplido, o de una promesa traicionada. En la vida de los hombres, no existe ninguna garantía absoluta de que aquello que deseamos, incluso aquello que merecemos, se cumplirá necesariamente. En Cristo, en cambio, la promesa de Dios se cumple inexorablemente, y no existe ninguna fuerza humana capaz de truncarla.[Dice el Señor por el profeta Isaías: "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido." (Is 49,15)]

Cuerpo

Estas palabras de Jesús están marcadas por una promesa bellísima, que a los ojos humanos a veces aparece como una utopía: la promesa de la vida eterna, de una felicidad plena e ilimitada. ¿Es esto real? En cierto modo, la calidad de nuestra vida cristiana y de nuestra relación con Dios dependerá de cuán auténticamente asumimos esta realidad como una verdad absoluta e inminente. De hecho, los primeros cristianos vivían de manera muy intensa la proximidad de la venida gloriosa y definitiva de Cristo. Se ha dicho muchas veces que esto era debido a una incorrecta interpretación de los primeros apóstoles acerca del dicho de Jesús: "No pasará esta generación..." Pero en realidad, esta fe en la realización inexorable y cercana de las promesas de Dios es parte constitutiva de nuestra fe, y a lo largo de los siglos ha sido motivo de que muchas personas se decidan a entregarle todo a Dios, incluso la propia sangre, cuando las circunstancias así lo han determinado. Ahora bien, en esta vida esa promesa de felicidad está necesariamente mezclada con otra promesa: la de la tribulación; y por eso la vida cristiana no está excenta de sacrificios y de situaciones que muchas veces requieren de gran abnegación y determinación. Pero la mirada hacia Dios y hacia sus promesas, con su seguridad absoluta, iluminan el horizonte y dan incluso a nuestras circunstancias más cotidianas un sabor distinto. Pero en este Evangelio, además, Jesús nos ofrece un pan que es prenda de inmortalidad, un alimento que, como dijo a la samaritana, "sacia para la vida eterna". Y este pan, unido a los demás sacramentos y a la posibilidad de una relación vital con Jesús por la oración, convierte nuestra vida desde ahora en un verdadero "adelanto" de la comunión en el Cielo; si tenemos fe, si escuchamos a Dios y no cedemos a nuestro egoísmo, podemos desde ahora ver en nuestra vida las promesas de Dios cumplidas.

Conclusión

Es esta confianza en Dios y en sus promesas, nutrida por el encuentro personal con Él, lo que motiva nuestro deseo de santidad y de apostolado. Santidad porque es un camino siempre creciente, no puede ser de otro modo. Apostolado porque es una experiencia de la que brota naturalmente el deseo de compartirlo.

Tuvimos en estos días una interesante conversación con la Dra. Fátima Dantas, fono-audióloga brasileña, experta en comunicación. Al final encontrarán el audio de 45 minutos que pueden escuchar en línea o descargarlo en formato mp3. Para aprovechar mejor el contenido mencionamos algunos puntos que en la conversación, por haber sido muy informal, no aparecen ordenados con una secuencia lógica muy clara.

Nos habló de los cinco puntos fundamentales de la comunicación, que en su experiencia son los siguientes:

1. Tener deseo de comunicarse y de comunicar algo.

2. Tener una intención y un objetivo claro.

3. Mirar a los ojos del oyente o de los oyentes.

4. Utilizar adecuadamente los gestos para comunicar.

5. Usar un modo de hablar claro y objetivo.

En estos días, al hablar con una persona que hace voluntariado en una escuela para niños con discapacidad física, ésta me pidió un consejo: ¿Cómo decirle a alguien que está sufriendo que Dios lo ama? ¡Tremenda pregunta! No es algo para tomar a la ligera o responder con una fórmula. La realidad del sufrimiento toca a todos, pero a algunos de una manera más dramática y, en muchos casos, permanente.

Ya que yo mismo tuve algunas experiencias pastorales en ese colegio y el contacto con el sufrimiento es parte de la vida del sacerdote, dediqué un tiempo a ensayar posibles respuestas. Algunas de ellas no son tanto respuestas directas a la pregunta cuanto criterios que debemos tomar en cuenta para que nuestras respuestas no sean una fórmula aprendida o un lugar común, sino un mensaje humano y convincente, y al mismo tiempo reflejen de la mejor manera posible la verdad acerca de esta realidad, tal como la predicó Jesús y la entiende la Iglesia.

Sábado, 26 Abril 2014 00:00

Sábado I de Pascua

Lecturas: Hch 4,13-21; Sal 117; Mc 16,9-15

Cristo está vivo

Captación

Imaginémonos siendo testigos directos de la muerte trágica de una persona, de la cual luego de dos días escuchamos decir por parte de personas totalmente fidedignas que está viva y operante. ¿Cómo reaccioaríamos? Es bueno hacerse esa pregunta para ponerse en el lugar de los apóstoles. Tal vez la reacción de Tomás, "el incrédulo" no resultará tan lejana a nuestra realidad personal.

Cuerpo

A veces damos por supuesta la fe de los discípulos de Cristo. Olvidamos que también ellos, como hoy en día nosotros, necesitaron ser confirmados en el esa fe por el mismo Jesús. Pero el hecho es que Jesús se presentó ante sus ojos luego de haber muerto y ello no sólo los convenció de su divinidad sino que les dio la fuerza y la convicción para ser testigos "creibles" de la resurrección de Cristo. Nosotros no podemos "ver" a Jesús como lo vieron sus apóstoles, pero para quien tiene fe, sobran las pruebas; son innumerables los que a lo largo de la historia han dado testimonio de su encuentro con Él y lo siguen haciendo, a través del anuncio y del extremo martirio. ¿Puede esto ser una farsa? ¡No! Lo de Jesús no es sólo un hecho del pasado [por lo demás verificable como hecho histórico; hoy en día ningún historiador serio se atreve a poner dudas sobre la existencia de Jesús, pues ella es perfectamente verificable según los parámetros de la ciencia histórica moderna]. Él está aquí y ahora con nosotros, en su Iglesia, con esa nueva humanidad glorificada que hizo visible a su pequeño grupo de apóstoles. Su presencia es real y se realiza principalmente a través de los sacramentos y del anuncio de su Palabra que no es letra muerta, sino viva y eficaz.

Conclusión

¿Cómo debemos situarnos ante el acontecimiento de la resurrección de Cristo? ¿Cómo es nuestra fe aquí y ahora? Hemos escuchado a muchos decir que Él está vivo. ¿Hemos creído realmente? El grado de aceptación de esta verdad puede medirse por nuestro grado de compromiso con Dios y por el testimonio que damos de nuestra fe en Jesús en todos los ámbitos de nuestra vida.

Viernes, 25 Abril 2014 00:00

Viernes I de Pascua

Lecturas: Hch 4,1-12; Sal 117; Jn 21,1-14

Ser cristiano es ser signo de contradicción

Captación

La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos pone, inmediatamente luego de la Pascua, ante el panorama dramático y sorprendente de la persecusión terrible que sufrieron los cristianos en los primeros siglos de la Iglesia. Vemos a Juan y a Pedro ser llevados a un tribunal por anunciar públicamente la salvación de Jesucristo.

Cuerpo

Pero este panorama está muy lejos de ser un hecho coyuntural o accidental al cristianismo, o algo que vivió la Iglesia en el pasado. ¿No dijo el Señor a sus apóstoles "yo les envío como ovejas en medio de lobos"? La persecusión viene con el ser cristianos. En todos los siglos, como hoy, en muchos lugares de la tierra los cristianos sufren persecusión. Hay persecusiones sangrientas, como las que están sucediendo en la India y en el cercano oriente en el presente, y hay persecusiones "cotidianas", las que sufre inexorablemente cualquiera que se empeñe en amar a Dios y vivir su fe seriamente. Sin embargo, no todos son capaces de resistir los embates del mundo y su cultura de muerte, enemiga de Dios. Hay muchos quienes, debilitados en su fe, espiritualmente "desnutridos", ceden ante sus insinuaciones y tentaciones, y van asumiento como regla de vida y modo de pensar aquellos mundanos. La fe cristiana termina siendo para ellos un escándalo, o cuando menos una "exageración" [hace poco, en la Misa de canonización de José de Anchieta, el Papa Francisco hablaba de "la tentación de refugiarse en el escepticismo, en el "no exageremos"]; la idea de ser perseguido de algún modo o ser rechazado por su entorno a causa de la religión les repele tanto que prefieren ir cediendo espacios, reduciendo cada vez más su relación con Dios al ámbito extrictamente íntimo y personal. Pero es imposible de hacer sin al mismo tiempo comprometer esa relación en otros espacios de su vida personal.

Conclusión

¿Cuál es la respuesta? El Señor nos la da en el Evangelio. Él mismo nos envía diciéndonos "echad las redes a la derecha". La relación personal con Él lleva necesariamente al testimonio y al anuncio. En las lecturas de hoy está presente este binomo que nosotros debemos asumir como "regla" de comportamiento: oración y apostolado. Estas cosas van juntas.[El Papa Fracisco ha repetido varias veces que "la Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción". Quien se deja atraer por Jesús, siente la necesidad irremediable de comunicarlo a otros, para que a su vez se sientan atraídos por él.]

 
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