José Ignacio Tola Claux

José Ignacio Tola Claux

Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

URL del sitio web: http://artedepredicar.com
Jueves, 24 Abril 2014 00:00

Jueves I de Pascua

Lecturas: Hch 3,11-26; Sal 8; Lc 24,35-48

Jesús ilumina nuestro entendimiento

Captación

Falta de comprensión y temor son las dos realidades humanas de las cuales son víctimas los discípulos, tal como aparece en los Evangelios. Jesús llega para discipar sus miedos y abrir sus ojos a la realidad de una manera totalmente renovada. No nos es totalmente ajena esta experiencia. Quien ha dado en algún momento de su vida el paso de la fe es capaz de entenderlo.

Cuerpo

Efectivamente, una de las cosas de las cuales es esclavo el mundo sin Dios es el miedo. De allí la llamada que hizo el Papa Juan Pablo II al inicio de su pontificado: "no tengáis miedo". El mundo, y la gente que está inmerso en su dinámica, aunque no lo reconozoca, adolece principalmente de un temor muy profundo: temor a la falta de sentido y de significado, a la falta de amor, a la soledad, y a otras cosas; pero logra contener ese sentimiento llenándose de sucedáneos, los cuales le proporcionan una seguridad y un significado que, aunque es efímero y endeble, produce la sensación de realización. Lo otro es la falta de comprensión. De hecho hay una manera de comprender el mundo sin Dios y otra que es radicalmente distinta y en muchos casos opuesta, aquella que ve la realidad desde los ojos de la fe. Con esa mirada el cristiano se acerca a las cosas de Dios y es capaz de comprender, se ve a sí mismo y a los demás desde la verdad, y se coloca ante los acontecimientos de la vida, tanto aquellos felices como a los dolorosos, con una actitud que a muchos resulta soprendente y hasta absurda. Pero todo esto no viene simplemente de una experiencia de conocimiento; no estamos hablando simplemente de un proceso mental, como de quien descubre algo desde el punto de vista científico, sino de una experiencia de fe, y la fe es un don. No está en nosotros el origen de todo esto, sino en Dios: Él disipa nuestras dudas y temores y abre nuestra mente y nuestro corazón al entendimiento. Es así como se presenta a nosotros Jesús Resucitado en la Iglesia y en los Sacramentos.

Conclusión

La pregunta es: ¿confiamos en Él?. Porque todo esto es un asunto de confianza. Debemos creer verdaderamente que en la Iglesia Jesús es la fuente de nuestra seguridad humana y el objeto más alto de nuestro conocimiento. Conocerlo a Él es la verdadera sabiduría. A través de nuestra participación conciente en la vida y de la Iglesia de nuestra relación personal con Dios a través de la oración y del ejercicio de la caridad Él aleja nuestros miedos y abre nuestros ojos a la verdad.

 
Miércoles, 23 Abril 2014 00:00

Miércoles I de Pascua

Lecturas: Hch 3,1-10; Sal 104; Lc 24,13-35

Dios no sabe de nuestra desgracia

Captación

Es curiosa la pregunta de los discípulos de Emaús: “¿Cómo? ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Nos recuerda un reproche que continuamente elevan los hombres a Dios cuando El parece estar ausente de las circunstancias difíciles de nuestra vida, o simplemente parece no enterarse de lo que nos sucede y el ámbito de lo religioso resulta separado completamente de nuestros intereses cotidianos.

Cuerpo

Así iban estos discípulos de Emaús, un poco “desencantados” de la vida, al haber conocido a uno que parecía un gran protesta y resultó condenado a muerte como un delincuente; es como ese Salmo que dice: “como un tejedor devanaba yo mi vida y me cortan la trama”. ¿Y qué decir de las desgracias del hombre, aquellas de las que Dios parece no enterarse? ¡Cuántos reproches de este tipo elevan los hombres a Dios todos los días! Pero la presencia de Dios se descubre cuando uno menos lo piensa, y no todos tienen la capacidad de escucharlo. En estos discípulos de Emamús, a pesar de la desilusión y la tristeza, estaba todavía encendida, como una pequeña chispa, la llama de la esperanza; aún estaban dispuestos a creer, y no estaban totalmente embotados de preocupaciones terrenas, tanto que no pudieran escuchar a Dios si les hablaba tan directamente. Y así Jesús interrumpe sus cavilaciones y les llama la atención: ¿qué son estos reproches? ¡Qué tardos son los hombres para entender las cosas de Dios! Su modo de actuar es muy distinto al nuestro. Él responde a nuestras angustias humanas de una manera que sólo es accesible a quien tiene fe, y sus caminos, aunque son distantes a los nuestros, resultan de lejos los mejores, cuando uno decide someterse libremente a los designios de Dios, llenos de sabiduría y amor. Estos hombres se tomaron su tiempo para entender. Algo en su corazón les decía que debían acoger a este forastero, sintieron en él algo especial y lo invitaron a permanecer con ellos. Y así permitieron que Dios se revelara ante sus ojos. Sólo entonces pudieron decir: “¿acaso no ardía nuestro corazón?”

Conclusión

¿Y nosotros? ¿Dejamos que Dios actúe en nuestra vida? ¿O más bien nos llenamos la mente y el corazón con reproches acerca de cómo Dios debería actuar y cómo debería responder a nuestras inquietudes? La respuesta está más bien en la escucha, aquella que sólo se produce en la oración sincera del creyente y que le da a Dios la posibilidad de actuar y de transformar verdaderamente nuestra realidad.

 
Martes, 22 Abril 2014 00:00

Martes I de Pascua

Lecturas: Hch 2,36-41; Sal 32; Jn 20,11-18

El amor de María

Captación

En este episodio se pone de manifiesto el amor profundo que profesaba María a Jesús. En la descripción de los hechos se deja ver la situación de desconcierto y desesperación que había producido en la vida de esta mujer la muerte de su Maestro, así como el gozo indecible y difícilmente imaginable que habrá causado en ella el hecho de ver a Jesús vivo nuevamente y escuchar su palabra.

Cuerpo

Podemos preguntarnos, ¿de dónde venía este amor tan grade de María hacia Jesús? Para responder a esta pregunta primero hay que decir que al hablar de Jesús, nos referimos a Dios mismo hecho carne, quien es el amor por excelencia, y por lo tanto la persona más amable que se puede imaginar. Si existe alguien capaz de amar y al mismo tempo digno de ser amado ese es Dios, y en la persona de Jesús, que es la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo hecho hombre por nuestra salvación, ese amor adquiere una forma concreta y personal. Es así que María, al haber conocido a Jesús y al haber vivido cerca de él, pudo nutrirse de su presencia humana extraordinaria, y pudo recibir todo el bien que reciben quienes llegan a conocer a Jesús y a entablar una relación de amistad profunda con él. De esto también se comprende su angustia y su dolor terribles ante la muerte del Señor. Lo segundo que debemos recordar es que María, como muchos otros, vivió de una manera privilegiada la experiencia del perdón, pues las Escrituras dan testimonio de la curación espiritual que obró en ella Jesús. Y, como dijo él mismo en otro pasaje: “Mucho amor muestra a quien mucho se le perdona”.

Conclusión

¿Qué conclusión podemos sacar nosotros? En primer lugar que estamos llamados a tener esa misma relación de amistad y de amor con Dios en la persona de Jesús, cosa que se puede lograr únicamente a través del contacto personal con él y con su Palabra, en los sacramentos y en la oración. En segundo lugar, que debemos tomar conciencia de que él sana nuestras heridas y perdona nuestros pecados. Aquel que no se experimenta necesitado de ser curado y perdonado por Dios, es incapaz de comprender el efecto transformador de la gracia en su propia vida.

Lunes, 21 Abril 2014 21:47

Reconectar la predicación

Hace dos años Richard H. Cox, un predicador norteamericano, publicó un libro titulado "Rewiring your Preaching" ("reconectando tu predicación"), en el que explica las implicaciones que tienen para la efectividad en la prédica los últimos descubrimientos de la neurociencia. A simple vista puede sonar un poco jalado de los cabellos, pero no lo es tanto si pensamos que los resultados en la predicación tienen que ver claramente, por ejemplo, con la capacidad mental o neurológica del oyente para prestar atención, o para integrar las ideas con el conocimiento adquirido y con la experiencia, o para hacer uso de su memoria.

Lunes, 09 Diciembre 2013 12:01

El incansable Edward Manning

[Les presentamos a continuación un artículo escrito hace siglo y medio en el New York Tomes acerca de la figura del Card. Manning. En su mayoría el contenido es anecdótico y no se refiere directamente a aspectos relacionados con el arte de la predicación. Pero está muy bien escrito y resulta un cuadro muy pintoresco de la época sobre tres figuras excelentes de la oratoria mundial. Así que vale la pena. Algunos comentarios sugerentes relativos a la oratoria sagrada los comentamos entre corchetes]

La fuerza del Cardenal Manning como predicador

En qué se asemejan él, Mr. Gladstone y Horatio Seymour y en qué se distinguen claramente

Londres, 27 de octubre.— Entre la media docena de personajes a los que uno quisiera ver durante una estadía en Inglaterra no puede no mencionarse al Cardenal Manning. Se podría dejar fuera al Cardenal Newman y a Ruskin, tal y como el mismo Carlyle fue obviado durante su vida –pues estos tienen para nosotros una personalidad que se deja ver toda en el papel impreso, la cual en todo caso podría únicamente ser señalada o destacada en algo —o incluso debilitada— por una aparición del personaje mismo. Pero tal vez hay otros, no potencialmente más grandes que estos, a los que uno necesariamente tendría que ver si quisiera conservar una memoria viva de su generación. Presumo que la mayoría de personas incluiría a la Reina en esa lista, en parte porque se trata de una gran figura histórica en estrecho contacto con medio siglo de acontecimientos, pero sobre todo porque es un espectáculo tan raro como un trébol de cuatro hojas. Luego están Gladstone y Bright, cuyos títulos habría que considerar incontestablemente. Luego quedan un par de vacantes para llenar con gustos personales y luego el Cardenal Manning, el cual no puede quedar fuera.

Miércoles, 27 Noviembre 2013 00:00

Maturin, el predicador (parte III)

[Parte 1]

[Parte 2]

El padre Maturin era de gran ayuda con quienes eran probados con dificultades intelectuales y morales contra la fe cristiana. Y también aquí, como en el caso de la resistencia al mal, animaba a una confianza positiva en Dios antes que a centrar toda la atención en las dificultades mismas, considerando que muchas de ellas están más allá de nuestra capacidad mental y pertenecen al universo de Dios, y por lo tanto no pueden ser resueltas en esta tierra. Nos encontramos con dos clases de dificultades: las que proceden de nuestra vida interior y las que vienen de afuera. Miremos las segundas... Ellas convierten nuestra vida en una prueba, un examen: y la última gran tormenta será siempre la peor de todas; pero si logramos atraversar las otras, lograremos también superar la última.

Jueves, 05 Diciembre 2013 12:26

Un recurso: la ilusión del Adviento

No cabe duda de que el Adviento y la Navidad producen en los niños una natural ilusión. Hay una producida por el ambiente comercial y la proximidad de "Papá Noel", pero ciertamente no esa la ilusión a la que nos referimos, sobre todo porque hay muchos niños que no conocen en lo absoluto esa parte de la Navidad. Hay en cambio una ilusión que debemos aprovechar y que en todo caso debemos generar, si no la hay.

Todos los niños son afectados en este tiempo por el bombardeo agresivo de la propaganda y ambiente fuertemente materialista y mercantilista de este tiempo, así como por múltiples imágenes de la Navidad completamente lejanas a su sentido cristiano. ¿Es posible contrarrestar esta influencia desde el púlpito? ¿Qué debe decir el sacerdote en este tiempo a los niños y a los padres de niños pequeños?

Jueves, 05 Diciembre 2013 11:31

Empezar con pié derecho

En castellano existe esta expresión; "iniciar con pié derecho", que significa tener un inicio exitoso o enrumbarse bien desde el principio. Sabemos que en la predicación, como en cualquier otro género de discurso análogo, el inicio es fundamental, tanto que de él puede depender el éxito de toda la predicación. Al mismo tiempo el fracaso de una homilía puede darse en su mismo inicio. Son afirmaciones que pueden parecer un tanto extremas, pero esa es la realidad. En la moderna neurociencia se ha comprobado que el cerebro humano determina de manera casi instantánea, al inicio de un discurso, si éste va a ser interesante o no y de acuerdo al resultado de un rápido proceso mental, crea o no las disposiciones necesarias para escuchar. Es lo que se conoce popularmente como "captar la atención"; lo que observamos con un poco de sentido común lleva detrás una serie de mecanismos cerebrales bastante precisos. Se puede decir que el "enganche" inicial de nuestra audiencia no es en lo absoluto una "ruleta rusa" ni algo que dependa de la posición de los astros, sino algo que perfectamente podemos controlar y aprender a dominar. Como condición general uno de los factores determinantes es si creamos o no de manera inmediata una expectativa en quienes nos escuchan.

Miércoles, 16 Octubre 2013 07:41

Los tres secretos del predicador

Lo que se dice aquí está tomado esencialmente de la Introducción de un de la autora norteamericana Sarah Lloyd-Hughes, una conocida conferencista. El libro se llama “¿Cómo ser un brillante orador público?”, recomendable para todos. Reproducimos aquí, a nuestro modo, los contenidos de esas páginas, pero aplicándolos específicamente a los sacerdotes y a la homilía, aunque se trata de consejos muy acertados y útiles para cualquier orador. Dice más o menos lo siguiente:

Imaginemos que terminamos una Misa dominical con esa sensación de haber estado especialmente inspirados durante la celebración, de haber realizado una bellísima liturgia y de haber hecho una excelente prédica, y confirmamos esa sensación cuando saludamos a la gente y todos están contentos y radiantes, no sólo por la Eucaristía en sí misma, sino porque la palabra del sacerdote verdaderamente les ha llegado y les ha motivado a ser mejores cristianos. Lamentablemente, ese no siempre es nuestro panorama. Además hay que decir que a veces los elogios no son signo de que hemos hecho bien las cosas. Los fieles suelen ser muy generosos con los sacerdotes.

Jueves, 12 Septiembre 2013 15:36

¿Oración u Oratoria?

El "arte de predicar" se aprende en primer lugar por el camino de la oración y de la experiencia personal de encuentro con Dios y con su Palabra. Nadie da lo que no tiene; nadie puede enseñar lo que no ha vivido ni conocido. Al mismo tiempo, siendo la primera condición de una predicación consistente el amor por aquello que se proclama, si no se ama a Dios difícilmente se le podrá comunicar con entusiasmo y convicción.

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