José Ignacio Tola Claux

José Ignacio Tola Claux

Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

URL del sitio web: http://artedepredicar.com

Card. Henry Edward Manning

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9,23)

Leemos en los Evangelios de San Mateo y de San Marcos que este precepto, “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9,23), fue dado justo después de que Pedro había sido severamente corregido por su errónea manifestación de afecto hacia el Señor. En el preludio de su agonía el Señor Jesús comienza a enseñarle a sus discípulos aquello que el Hijo del hombre habría de sufrir, pero el impulsivo Pedro en su ceguera de corazón “tomándolo aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de mi; en ninguna manera esto te acontezca. Entonces él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres” (Mateo 16:22-23). Luego para que comprendieran la magnitud de esta gran ley del sufrimiento de la que ni él mismo estaba exento y que lo involucra no sólo a él sino a toda alma que quiera seguirle, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). Sus palabras constituyen un proverbio y una profecía por medio de las que prefigura su propio destino y el de ellos: les enseñó el misterioso orden de su Reino y como él y los suyos han de sufrir, han de negarse a sí mismos, todos han de cargar la cruz. Una y otra vez durante todo su ministerio Jesús revela estos signos y extrañamente logra así atraer a sus discípulos más cerca de sí mismo. De esta manera él fortaleció a sus seguidores para dejar sus hogares y familiares; así mismo moderó el carácter de algunos que queriendo seguirlo no estaban dispuestos a sufrir el costo; de este mismo modo intentó unir al joven rico para siempre a su servicio, pidiéndole que renunciara a su más fuerte apego. Este mismo precepto impregna todo el sentido de las palabras y acciones de Jesús: Su propia abnegación y la cruz que cargaba diariamente evidencian el destino de todo aquel que quiera seguirlo y lo que durante toda su vida testimonió lo declara específicamente por medio de este precepto cuyas palabras son al tiempo un ruego y una advertencia: Nos ruega que lo sigamos pero nos advierte que si queremos seguirlo debemos negarnos a nosotros mismos. Las palabras de Jesús nos enseñan que nuestra abnegación es la condición indispensable para ser sus seguidores o en otras palabras: sin abnegación ninguna persona puede ser un Cristiano fiel.

Sábado, 22 Junio 2013 12:25

El testimonio del pecado

«Los que dan testimonio contra el pecado deben tener conocimiento de el; pero hay dos maneras de conocer el pecado. Está el conocimiento de los inocentes, como el que Jesús tenia del él, de su deformidad, su bieldad, su mortalidad, su decepción, de todo lo que el pecado es y hace, con excepción únicamente la culpa, que por experiencia personal el inocente Hijo de Dios no podía tener. Pero hay otro tipo de conocimiento del pecado, que es el que se obtiene pecando. Y éste es predicado por el mundo como necesario para los que pretenden salvar a otros del pecado. Esta fue la teología moral de Satanás en el Paradiso.»

Jueves, 20 Junio 2013 13:28

Esterilidad homilética

La esterilidad de ciertas homilías puede deberse a la falta de atención de parte del predicador hacia las personas que tiene delante. Y sobre ello hay un aspecto esencial que tal vez debería constituir la primera pregunta que el sacerdote se hace a sí mismo antes de decidir qué decir: ¿cuáles son las necesidades espirituales de mis oyentes? No es una pregunta que se pueda pasar por alto fácilmente; el fracaso puede venir muchas veces de no prestarle suficiente atención a esta cuestión y darla por descontado.

Martes, 18 Junio 2013 13:56

¡Cuento con vosotros!

 

Vosotros estáis llamados a contribuir para sanar esta fractura que pasa a través de vuestros corazones y el de vuestros lectores...Por favor, sed hombres de frontera con la capacidad que viene de Dios. En el mundo de hoy, sujeto a rápidos cambios y agitado por cuestiones de gran relevancia para la vida de la fe, es urgente un valiente compromiso para educar en una fe convencida y madura, capaz de dar sentido a la vida y de ofrecer respuestas convincentes a todos aquellos que están buscando a Dios. Se trata de sostener la acción de la Iglesia en todos los campos de su misión... ¡Ánimo, estoy seguro de que puedo contar con vosotros!

Viernes, 21 Junio 2013 00:00

Viernes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 11,18.21b-30; Sal 33; Mt 6,19-23

Acumular tesoros en el Cielo

Captación

Dios nos ha dado la vida, pero es necesario mantenerla. Creemos que para “mantener” la vida necesitamos adquirir y acumular bienes, porque ellos “garantizan” nuestra existencia y nuestra seguridad. Los bienes materiales únicamente garantizan nuestra subsistencia, pero no una vida o una felicidad perdurable y duradera en el tiempo y más allá del tiempo.

Cuerpo

Las cosas materiales tienen esa característica que tenía el “maná”. Si lo acumulas se pudre [El libro del Éxodo en el capítulo 16, narra cómo algunos israelitas, contraviniendo la orden de Moisés, guardaron alimento para el día siguiente, pero éste apareció lleno de gusanos y con olor nauseabundo. Se puede utilizar esta imagen para explicar cómo quien tiene su tesoro en las cosas banales y pasajeras, desobedeciendo a Dios, sólo cosechará hastío y muerte; la desobediencia conduce siempre a la muerte]. Lo que posees ya no es más un don, sino que se convierte en una esclavitud. El verdadero ateísmo es el de aquel que se considera dios porque lo posee todo. Esa es la imagen del “anti-Dios”, porque Dios no posee nada y ese proceso de acumular, nos aliena de Dios. Ahora bien, no es tanto la “posesión” en sí misma, la que Jesús no condena, sino el uso. La idea de “acumular” es que los bienes se conviertan en el único propósito de la vida, o en el fin primordial. De hecho el Evangelio no sugiere una especie de “fuga” del mundo, que está hecho también de cosas materiales. Se sugiere un determinado tipo de relación con las cosas. Imaginemos un mundo en que las cosas no son motivo de esclavitud para el hombre.

Conclusión

Pero, ¿cómo se hace para “atesorar” en el Cielo? Se atesora recibiendo todos mis bienes como un don de Dios, que me da todo lo que tengo, empezando por mi vida, mi capacidad y mi inteligencia [espíritu de agradecimiento y de amor: Dios Eucaristía]; también se atesora compartiendo con los hermanos. Todo va asumiendo un significado eterno, al entrar en comunión con Dios y con los demás. Quien no acepta las cosas como un don, no puede vivir como hijo.

Jueves, 20 Junio 2013 00:00

Jueves XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 11,1-11; Sal 111; Mt 6,7,15

La oración como camino de encuentro

Captación

Una característica fundamental de la oración cristiana es la “alteridad”. Orar es colocarse delante de “otro”, y otro que es persona. Por ello la oración implica salir de sí mismo y conduce al encuentro interpersonal.

Cuerpo

Sabemos que la cultura actual enfatiza de una manera exacerbada la importancia de la afirmación personal, entendida no en el sentido de una verdadera realización en el amor y la donación, sino en la búsqueda solitaria de satisfacciones. Esa soledad puede muchas veces disfrazarse de encuentro, pero “estar con otro” o “cerca de otro” no necesariamente significa “encontrarse con el otro”. El Señor menciona a esos hipócritas, que creen ser escuchados a fuerza de palabras. ¿No vemos esto con mucha frecuencia en nuestro mundo? Las ocasiones de encuentro son múltiples, pero en la gran mayoría de casos no nos disponen a un verdadero encuentro personal, sino al simple intercambio de egoísmos y al derroche de palabras y otras cosas. Pero frente a Dios, estas cosas no sirven y no satisfacen. Frente a Dios estamos “desnudos”, desprovistos de cualquier tipo de seguridad. Si queremos encontrarnos con él, de alguna manera debemos despojarnos de nosotros mismos para poder revestirnos de él.

Conclusión

Por esto, la oración es la primera escuela de encuentro y de superación del «yo» egoísta. Debemos buscar a Dios en la oración. Quien no reza no se encuentra con Dios y, por lo tanto, no se encuentra consigo mismo. El que reza, en cambio, dispone su corazón de la mejor manera para el encuentro con los demás. ¿No sabes rezar? Bueno, el Señor te da muchas pautas en los Evangelios, léelos. Y además de ello la Iglesia te ofrece muchos medios e instrumentos para aprender a comunicarte con Aquel que te dio la vida y te conoce.

 
Martes, 18 Junio 2013 00:00

Martes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Corintios 8,1-9; Sal 145; Mt 5,43-48

¿El amor se puede “mandar”?

Captación

Jesús parece proponer una ley contraponiéndola a otra. Pero “amar”, ¿puede convertirse en ley? Se norman o se ordenan las cosas para las cuales el hombre opone cierta resistencia. Sin embargo, el amor aparece ante nosotros como algo completamente natural. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Cuerpo

El deseo de amor está en todos. Pero muchas veces confundimos con el amor la necesidad que sentimos de “otro”, y amamos aquello que el otro nos da; es una tendencia muy fuerte al amor posesivo, que luego tiende a “descartar” a las personas que no me ofrecen ninguna satisfacción. Pero el amor que propone Jesús no es posesivo sino “oblativo”. El amor que propone Cristo es el amor desinteresado que tiende al bien del otro y no a la búsqueda del propio bien. El amor interesado no es amor, es interés. Ahora bien, alguno podría pensar que lo que propone Jesús es un tanto “forzado”. ¿Amar al enemigo? A lo más se puede evitar el trato con él pero, ¿amarlo? Pero si se ven las cosas desde la óptica cristiana, el panorama cambia radicalmente, ya que el amor de Dios es amor de Padre, ¡de verdadero Padre! Y entonces, ¿puede un padre odiar a sus hijos? Ciertamente no. Y en ese mismo sentido el amor de Jesús es “amor de hermano”, pero que ama con el mismo amor del Padre. Es un amor que no puede odiar. Y de ese amor estamos nosotros llamados a participar. Con esto se toca la esencia de Dios, quien es amor gratuito.

Conclusión

Ama aquello o aquel que es “amable” no revela nada de novedoso; en todo caso es algo que no sale de la normalidad. Pero el amor cristiano “sale de la normalidad”, de eso se trata. Es más bien participación del amor de Cristo, que no calcula, simplemente ama. Frente a Dios, somos pecadores, y muchos hombres son verdaderos “enemigos” de Dios. ¿Qué ama Dios en nosotros? Él ama lo que somos, y nos ama por quien él es. De ese amor estamos llamados a participar.

 
Lunes, 17 Junio 2013 00:00

Lunes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Corintios 6,1-10; Sal 97; Mateo 5,38-42

De la ley del talión a la “nueva ley”

Captación

Este pasaje no es fácil de explicar, pues parece que Jesús condena una ley humana para plantear una nueva norma que en la práctica es irrealizable. Pero las palabras de Jesús en este Evangelio no buscan tanto condenar una ley antigua para contraponerla con otra, cuanto llevar a sus discípulos a un orden que supera los meros pactos jurídicos. Para ser cristiano no basta la justicia según los términos humanos, es necesario entrar en un “nuevo orden” inspirado en la ley de la caridad.

Cuerpo

El hombre lleva en su naturaleza herida por el pecado el deseo de desquitarse. Es una tendencia a la irritación por el mal recibido y al deseo de vengarse devolviendo al agresor incluso más del perjuicio recibido. La ley del talión sirvió en un momento de la historia como verdadero muro de contención y significó un verdadero progreso en el propósito de regular las relaciones humanas. Se resumía en un principio de justicia muy claro. Más allá de que las leyes humanas hayan seguido su propio progreso en el proceso de civilización, las palabras de Jesús no se centran en ellas, sino que quieren llevar a sus discípulos a mirar desde una óptica distinta y superior, que es la mirada de Dios, cuya justicia no es matemática. A simple vista, vivir lo que Jesús propone parece imposible. Y lo es, si es que esos son los criterios con los que nos movemos. ¿Cómo puede amar de manera incondicional, quien no ha descubierto que es amado por Dios de manera incondicional? Nuestras relaciones humanas nunca son perfectas, pues tienen siempre un componente de contradicción; en ellas no pocas veces aparecen mezclados los sentimientos más nobles con otros que provienen del capricho o del egoísmo. Sin embargo, el hombre, por ser criatura divina y haber sido “ennoblecido” en su dignidad por Cristo, está llamado a un amor superior, uno que supera todas esas barreras; ese amor se llama “caridad”, y es eso lo que Jesús está proponiendo.

Conclusión

El primer paso, es desear acceder a ese ámbito de la caridad, que nos hace pasar del amor meramente humano a un amor mucho más alto. Nuestra más alta felicidad consiste en aspirar a ese amor e irlo conquistando poco a poco partiendo de las cosas más sencillas de nuestra vida cotidiana. ¿Cuáles son las leyes que rigen mi comportamiento? ¿Trato de “escalar” hacia ese “nivel superior”, que es el amor de Cristo? ¿Busco mi verdadera realización humana en el amor a los demás? Finalmente, recordemos que lo que nos propone Cristo es contrario a un ideal “fofo” de amor. El amor de Cristo no es mero sentimentalismo. Está hecho de actos concretos de entrega y de renuncia, está hecho de verdad, y una verdad que a veces duele, está hecho también de humildad, y está hecho de sacrificio.

 
Página 7 de 38

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios