José Ignacio Tola Claux

José Ignacio Tola Claux

Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

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Miércoles, 19 Junio 2013 00:00

Miércoles XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 9,6-11; Sal 111; Mt 6,1-6.16-18

¿Porqué valgo?

Captación

Lo que dice Jesús es bastante claro. Cuando hagan un bien, no lo hagan para ser vistos. Pero pensemos un poco qué es lo primero que hacemos, instintivamente, cuando logramos algo o realizamos alguna buena acción: miramos un poco alrededor de nosotros para ver si alguien nos vio. Y esto está en el ser humano, quiere ser visto, quiere ser admirado y apreciado. En el fondo del hombre subyace este deseo de ser estimado y valorizado.

Cuerpo

El problema es cuando esto último se convierte en una esclavitud. En el fondo, ese deseo de ser amado es propio del hombre porque él ha sido amado por Dios y su verdadero destino está allí. Y el amor de Dios es gratuito, ¡y esa es la gran diferencia! Dios no nos dice, como se dice a veces a los niños –equivocadamente- “sé bueno, de lo contrario no te amaré”. No. Dios da la vida por mí porque para él yo valgo infinitamente. Este descubrimiento es lo que me hace libre de la vanagloria y de la búsqueda de reconocimiento en un camino que siempre me deja vacío. Es curioso que el Señor diga: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. Es decir que esa búsqueda de reconocimiento a veces se puede dar incluso con nosotros mismos. No sólo buscamos que los demás nos admiren, sino que nos sentimos bien o mal con nosotros mismos, de acuerdo a los resultados de nuestras acciones o de acuerdo a nuestros éxitos personales, incluso cuando no son conocidos a los demás: otra vez el peligro de la vanagloria.

Conclusión

¿Porqué valgo? Esa es la pregunta que el hombre debe siempre hacerse, porque de la respuesta a esta pregunta surge la motivación para todo lo que hacemos en la vida.

 
Sábado, 15 Junio 2013 12:58

Custodiar la Palabra de Dios

«Custodiar la Palabra de Dios: ¿Qué cosa quiere decir esto? ¿Que recibo la Palabra, tomo una botella, meto la Palabra en la botella y la custodio? No. Custodiar la Palabra de Dios quiere decir que nuestro corazón se abre, se ha abierto a aquella Palabra como la Tierra se abre para recibir las semillas. La Palabra de Dios es una semilla que es sembrada. Y Jesús nos ha dicho qué cosa ocurre con la semilla: algunas caen a lo largo del camino, vienen los pájaros y las comen; esta Palabra no ha sido custodiada, esos corazones no han sabido recibirla.»

Sábado, 08 Junio 2013 13:45

Mi hermano sufre, mi hermana sufre

«Nosotros, cuando pensamos en esta gente que sufre tanto, pensamos como si fuera un caso de moral, también en las ideas, ‘pero en este caso…, este caso...’, ¿o también pensamos con nuestro corazón, con nuestra carne? A mí no me gusta cuando se habla de estas situaciones de manera tan académica y no humana, a veces con las estadísticas... sino sólo allí. En la Iglesia hay tantas personas en esta situación... Rezar por ellos. Ellos deben entrar en mi corazón, ellos deben ser una inquietud para mí: mi hermano sufre, mi hermana sufre.»

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