José Ignacio Tola Claux

José Ignacio Tola Claux

Rev. P. José Ignacio Tola Claux, sacerdote peruano, miembro del Sodalitium Christianae Vitae, vive en Roma y trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

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Sábado, 08 Junio 2013 00:00

Inmaculado Corazón de María

Lecturas: Is 61,9-11; 1Sam 2,1. 4-8; Lc 2,41-51

Unión de corazones

Captación

No es una casualidad que en el calendario litúrgico, la memoria del Corazón Inmaculado de María, siga a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. De hecho estas dos devociones están unidas desde su origen [San Juan Eudes no las separa en sus escritos]. El mismo Papa Pio XII, quien renovó e impulsó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, consagró el mundo entero al Corazón Inmaculado de María. Pero, más allá de los hechos históricos, ¿qué significado puede tener esta unión?

Cuerpo

Lo que la liturgia quiere hacer evidente con esa “unión de misterios” es que Jesús mismo nos señala a María, como de hecho lo hizo desde la Cruz: “he ahí a tu Madre”. Él nos impulsa a acudir a ella. Pero al encontrarnos con María vemos que en Ella todo apunta a Jesús. El amor con que arde el corazón de María es el amor por su Hijo, las espinas que hieren su corazón, son las mismas que coronaron a Jesús durante su pasión. La Iglesia ha enseñado siempre que el modo más seguro de llegar al corazón de Cristo es a través de su Madre Santísima. Una antiquísima tradición atribuye a María el título de “Mediadora de todas las gracias”. ¡Qué maravilloso don el poder celebrar juntas estas fiestas! Confiándonos al Corazón Inmaculado de María, nos colocamos inequívocamente en la ruta hacia el corazón de Cristo. Hoy, por lo tanto, se nos invita a renovar nuestra devoción filial a María, esa devoción instaurada por Jesús desde la Cruz, por la cual nos confía a Ella, poniéndonos en sus manos.

Conclusión

María nos muestra su corazón inmaculado y encendido de amor por su hijo, y quiere extender ese amor hacia nosotros. Confiémonos a Ella de todo corazón. Confiémosle con fe nuestras plegarias. Pidámosle que sea Ella la mediadora de todas nuestras necesidades; pidámosle que nos enseñe a amar a Cristo con un corazón puro como el suyo.

 

«Todos debemos preguntarnos ¿cómo me dejo guiar por el Espíritu Santo, para que mi testimonio de fe sea de unidad y de comunión? ¿Llevo la palabra de reconciliación y de amor, que es el Evangelio, en los lugares donde yo vivo? A veces parece que se repita hoy lo que sucedió en Babel: divisiones, incapacidad para entenderse entre sí, rivalidad, envidia, egoísmo. ¿Yo que hago con mi vida? Creo unidad a mí alrededor, o divido, divido, divido con las críticas, la envidia. ¿Qué hago? Pensemos en ello. Llevar el Evangelio es proclamar y vivir, nosotros en primer lugar, la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad, el amor que el Espíritu Santo nos da.»

Jueves, 06 Junio 2013 12:32

El verdadero poder es el servicio

«El verdadero poder es el servicio. Cómo lo hizo Él, que no vino para ser servido, sino para servir, y su servicio ha sido el servicio de la Cruz. Él se humilló hasta la muerte, la muerte en la Cruz, por nosotros, para servirnos a nosotros, para salvarnos. Y no hay otro camino en la Iglesia para seguir adelante. Para el cristiano, ir adelante, progresar significa abajarse. Si no aprendemos esta regla cristiana, nunca, nunca seremos capaces de entender el verdadero mensaje de Jesús sobre el poder»

Miércoles, 05 Junio 2013 18:52

Evangelizar con amor fraterno

«La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza. Señal de este amor es el cuidado de no herir a los demás, sobre todo si son débiles en su fe, con afirmaciones que pueden ser claras para los iniciados, pero que pueden ser causa de perturbación o escándalo en los fieles, provocando una herida en sus almas.»

Miércoles, 29 Mayo 2013 20:38

Certeza en la vida cristiana

 

«Será también una señal de amor el esfuerzo desplegado para transmitir a los cristianos certezas sólidas basadas en la palabra de Dios, y no dudas o incertidumbres nacidas de una erudición mal asimilada. Los fieles tienen necesidad de esas certezas en su vida cristiana; tienen derecho a ellas en cuanto hijos de Dios que, poniéndose en sus brazos, se abandonan totalmente a las exigencias del amor.»

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