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Esta es la sección principal de la página web. Aquí encontrarás artículos de interés sobre el arte de la predicación y la oratoria en general, con un acento especial en las diversas formas y ciertas técnicas básicas de comunicación. También encontrarás artículos sobre temas variados, relacionados con la homilética y la celebración de los sacramentos en general.

Miércoles, 16 Octubre 2013 07:41

Los tres secretos del predicador

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Lo que se dice aquí está tomado esencialmente de la Introducción de un de la autora norteamericana Sarah Lloyd-Hughes, una conocida conferencista. El libro se llama “¿Cómo ser un brillante orador público?”, recomendable para todos. Reproducimos aquí, a nuestro modo, los contenidos de esas páginas, pero aplicándolos específicamente a los sacerdotes y a la homilía, aunque se trata de consejos muy acertados y útiles para cualquier orador. Dice más o menos lo siguiente:

Imaginemos que terminamos una Misa dominical con esa sensación de haber estado especialmente inspirados durante la celebración, de haber realizado una bellísima liturgia y de haber hecho una excelente prédica, y confirmamos esa sensación cuando saludamos a la gente y todos están contentos y radiantes, no sólo por la Eucaristía en sí misma, sino porque la palabra del sacerdote verdaderamente les ha llegado y les ha motivado a ser mejores cristianos. Lamentablemente, ese no siempre es nuestro panorama. Además hay que decir que a veces los elogios no son signo de que hemos hecho bien las cosas. Los fieles suelen ser muy generosos con los sacerdotes.

Jueves, 12 Septiembre 2013 15:36

¿Oración u Oratoria?

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El "arte de predicar" se aprende en primer lugar por el camino de la oración y de la experiencia personal de encuentro con Dios y con su Palabra. Nadie da lo que no tiene; nadie puede enseñar lo que no ha vivido ni conocido. Al mismo tiempo, siendo la primera condición de una predicación consistente el amor por aquello que se proclama, si no se ama a Dios difícilmente se le podrá comunicar con entusiasmo y convicción.

En el capítulo anterior nos referimos a la dificultad de tratar en la homilía ciertos temas que, aunque esenciales a la fe cristiana, son para los fieles difíciles de comprender o digerir. Tenemos siempre como preocupación de fondo encontrar una manera de presentar de manera positiva y convincente realidades como la muerte o el pecado. En este segundo artículo vamos a tomar como punto de reflexión una idea que apareció en el Evangelio del último domingo (XXIII del Tiempo Ordinario, ciclo “C”): la necesidad de tomar consciencia. ¿Tomar consciencia de qué? Pues de todo, de quienes somos, de qué hacemos aquí, de la vida misma.

Esta enseñanza de Jesús es coherente con muchos pasajes en los que se refiere a la actitud de la vigilancia y de la prudencia frente a un fin que puede llegar en cualquier momento y que nos puede sorprender como “un ladrón en la noche”.

Viernes, 06 Septiembre 2013 09:07

Mover, gustar, enseñar

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Estos son los tres elementos citados por San Agustín como pilares de la oratoria sagrada: "flectere, delectare, docere". Aunque he hecho una pequeña modfificación al orden de estos factores, que no altera el resultado, pues San Agustín ponía en primer lugar el deber de "enseñar" y en el último puesto el de "mover". Y es que "flectere" (mover) se refiere a la acción, es decir el impulso a realizar un cambio concreto en la propia vida, lo que suele producirse como consecuencia de haber comprendido un contenido y haberlo asimiliado como verdad para la propia vida. Pero es evidente que el orden aquí resulta un poco relativo, puesto que el predicador, si no logra inmediatamente "mover" a sus oyentes ejerciendo un veradero efecto en su atención y en su estado de ánimo, no tendrá la misma efectividad que si el discurso lógico o la idea que quiere promover es precedida de una verdadera disposición no sólo mental sino también afectiva. Por todo esto, el primer impacto es muy importante.

Iniciamos hoy una secuencia de artículos acerca de un tema fundamental para la predicación hoy en día. Es lo que sigue. Con frecuencia se califica de “predica apocalíptica”, en sentido peyorativo, a aquel discurso o sermón en el que parece darse excesivo peso a algunos aspectos “negativos” de la existencia humana, como su carácter contingente, la muerte o incluso el pecado. Alguna vez he escuchado que se tacha a algún sacerdote con el título de “Savonarola” –quien actualmente es Siervo de Dios y está en proceso de beatificación– porque en la homilía se refirió a uno de estos temas. Todos estamos de acuerdo en la importancia de evitar las exageraciones, pero a veces parece que se quiere eliminar una dimensión de la vida cristiana que, aunque incómoda, es totalmente real.

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