Sábado, 26 Julio 2014 16:09

El poder de una inflexión sutil

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Tomo un extracto de otro artículo presente en esta página web acerca del Card. John Henry Newman para explicar un recurso muy simple, pero muy poderoso, tanto para la predicación como para la oratoria en general. Es el siguiente:

”Una noche Newman hablaba en voz baja acerca de la evolución del escepticismo en el mundo. Anticipaba que llegaría un momento en que la mayoría consideraría al cristianismo como una creencia falsa. Aquellos que persistirían en creer ya no serían considerados ni escuchados; se les respondería simplemente algo como: ‘ya ha sido refutado, no podemos refutarlo de nuevo’. El tono de rabia y de impaciencia que le puso a su voz, solo mientras pronunciaba estas palabras, es la razón por la que una conversación como esta, que de otro modo hubiera sido poco relevante, es recordada claramente, casi un cuarto de siglo después, por una persona que estuvo presente.

El artículo completo, en dos partes, pueden leerlo en los siguientes links: parte 1 y parte 2.

Según describe la anécdota, se trató de una inflexión muy sutil en la voz. Lo interesante está en que un pequeño recurso como ese, puede cambiar a percepción subjetiva que se tiene de un determinado discurso. Y, en efecto, el resultado es que gracias a ese recurso el testigo de la anécdota podía recordar las palabras de Newman ¡después de 25 años! Hagamos un experimento. Pero como las traducciones son siempre un poco traicioneras, no vamos a utilizar el ejemplo exacto que se propone en la anécdota sobre Newman, sino algo parecido. Escuchemos con atención el siguiente audio:

Ahora escuchemos este otro:

¿Notan la diferencia? El asunto está en “teatralizar” ligeramente la frase. Pero se debe hacer de manera sutil; no debe parecer exagerado. Más bien debe sonar natural. Al hacer el ejercicio, tratemos de ponernos en una situación real. Debemos pronunciar esa frase de la misma manera en que lo hacemos cuando verdaderamente estamos indignados o molestos con algo. Pero es muy importante no exagerar, porque podría sonar un poco ridículo y sería contraproducente. El manejo de estas pequeñas inflexiones en la voz, así como el uso de la fuerza y de los volúmenes, son algunos de los pequeños secretos de los grandes oradores. Y sólo existe un modo de dominarlos: la práctica. ¡Buena suerte! 

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