Viernes, 08 Junio 2012 16:34

“Avete finito di farci la predica?”

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Claudio Dalla Costa
Effatà (Turín, 2010)

El título de este libro, irónico, que se puede traducir como “¿Ya terminaron con el sermón?”, viene seguido del subtítulo “reflexiones laicas sobre la homilía”, que es una perfecta y simple descripción de su contenido. Brillante trabajo de Claudio Dalla Costa, ayuda a ver las cosas desde la perspectiva del fiel asistente, y no del sacerdote que preside.

A veces los sacerdotes necesitamos de la mirada crítica del laico que nos está escuchando, de sus impresiones, de sus necesidades e inquietudes, sobre todo cuando este fiel, no es un católico irreflexivo y conformista, sino uno que verdaderamente ama a la Iglesia y desea obtener de ella y de sus ministros un bien mayor.

La obra se lee con facilidad y es bastante amena, con abundancia de ejemplos, anécdotas, citaciones y propuestas ingeniosas. Reproducimos seguidamente dos breves pasajes. La traducción al castellano (no existe tal edición) corre por cuenta de los editores de esta página.

En una parte, por ejemplo, el autor se pregunta: «¿Cuánto influye la homilía en la vida de los fieles? ¿Las personas verdaderamente se sienten reflejadas en aquello que escuchan al sacerdote? ¿Pueden reconocer su propia existencia y su experiencia cotidiana durante el sermón? Muchas veces se está lejos de escucha palabras verdaderamente ancladas en la vida real. Sin embargo, es en nuestras propias comunidades donde se debería escuchar la afirmación de verdades que el mundo tiene miedo de afrontar, que todos, sobre todo los mass media modernos, prefieren minimizar o acallar. Por el contrario, demasiadas veces las prédicas son grises, monótonas y aburridas y dan la impresión de un cristianismo insípido y atascado, hecho de hombres que viven en una sacristía, lejano a los problemas reales de las personas».

«Una característica fundamental de la prédica debe ser la brevedad, como nos recuerda una famosa frase de San Luigi Orione: “sed breves, más breves, brevísimos”. Sin embargo, hay que desconfiar de los que comienzan su sermón diciendo: “seré breve”. Confieso que les he cobrado mucho temor habiendo tenido que engullir, en demasiadas ocasiones, sus verborragias. Giovanni Giolitti, el famoso estadista, las pocas veces que tomaba la palabra en la Cámara, solía dar discursos muy cortos. A quien le preguntaba porque sus intervenciones eran tan breves, respondía: “Cuando termino de decir lo que tenía de decir, entonces termino de hablar”. Durante el Concilio Vaticano II se hizo famosa una intervención del Cardenal Eugène Tisserant, quien exhortó a los Obispos a reprimir “la concupiscencia del hablar”».

(Claudio Dalla Costa, Avete finito di farci la predica?)

Los pasajes anteriores son más críticos que constructivos, pero dan mucho que pensar. Sucesivamente seguiremos introduciendo textos tomados de esta obra que arrojen alguna luz sobre cuestiones prácticas.

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