Citas Útiles

En esta sección hay citas tomadas de distintos autores que pueden servir de inspiración o de apoyo para la predicación o para la preparación de homilías. Se irán agregando citas nuevas de acuerdo a las fiestas que se celebran o al Evangelio del Domingo. Algunas de las citas aparecerán comentadas.

Miércoles, 10 Octubre 2012 16:31

Dios no quita nada, lo da todo

[Esta hermosa frase, pronunciada por el Papa Bendicto XVI en Colonia, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, constituye una profunda exhortación y llamado a la conversión. El mundo de hoy ve a Dios como un enemigo, y a fuerza de repetirlo ha logrado introducir en la mentalidad moderna, también en la juventud, un cierto prejuicio o rechazo frente a la posibilidad de que Dios determine nuestra felicidad o marque de alguna manera el camino del hombre. Pero, ¿es posible para el hombre vivir sin Dios? ¿Acaso no somos criaturas contingentes? ¿Acaso no necesitamos una guía que nos conduzca y una luz que ilumine nuestro camino? Las palabras del Santo Padre son una afirmación contundente en favor de la absoluta dependencia del hombre frente a Dios, de la creatura frente a su Creador. Él no desea otra cosa que la plenitud del hombre: la gloria de Dios es el hombre viviente.]

«Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo.»

(Discurso del Santo Padre Benedicto XVI. Fiesta de acogida de los jóvenes en el embarcadero Poller Rheinwiesen, jueves 18 de agosto de 2005.)  

Viernes, 27 Julio 2012 00:00

Cleofás y los hijos de Zebedeo

[Un pequeño texto de Fulton Sheen, muy bello. En él se hace un pequeño resumen de la familia de los "hijos del trueno": Zebedeo, Cleofás, Santiago el Mayor y Juan.]

«Al igual que Pedro y Andrés, también Santiago y Juan eran hermanos y pescadores. Ambos trabajaban juntos para su padre Zebedeo. Al parecer, su madre Salomé era algo ambiciosa, puesto que fue ella la que un día, imaginando que el reino de nuestro Señor había de ser establecido sin cruz alguna, pidió que sus hijos pudieran sentarse a ambos lados de nuestro Señor en su reino. En su favor hemos de decir, sin embargo, que volvemos a hallarla en el Calvario, al pie de la cruz. Nuestro Señor dio a los hijos de esta mujer el apodo de “Boanerges”, o “hijos del trueno”. Esto sucedió cuando los samaritanos rehusaron recibir a nuestro Señor porque éste había dirigido su rostro hacia Jerusalén y hacia la muerte que le esperaba. Los dos apóstoles, al darse cuenta de esto, manifestaron a nuestro Señor su intolerancia: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y que los consuma, como hizo Elías?” Los dos “hijos del trueno” no dejaron de beber hasta las heces del cáliz del sufrimiento. Juan fue sumergido más adelante dentro de una caldera con aceite hirviente, prueba de la que solamente por milagro pudo sobrevivir. Santiago fue el primero de los apóstoles en sufrir el martirio por Cristo. Juan se designó a sí mismo como “el discípulo a quien Jesús amaba”, y a él fue confiada la custodia de la madre de nuestro Señor después de la crucifixión. Juan era conocido del sumo sacerdote probablemente debido a su refinamiento cultural, que justificaba el nombre que llevaba, que en el hebreo original significa “favorecido por Dios”. Su evangelio nos los muestra realmente como un águila que voló a gran altura para entender los misterios del Verbo. Nadie mejor que él comprendió el corazón de Cristo; nadie penetró más hondo en el significado de sus palabras. También fue él el único de los apóstoles a quien vemos al pie de la cruz; es el único que nos refiere que “Jesús lloró” y el que en el Nuevo Testamento nos define a Dios como un Dios de amor. Santiago, su hermano, el llamado “el mayor”, junto con Pedro y Juan perteneció a aquella “comisión especial” que presenció la transfiguración, la resurrección de la hija de Jairo y la agonía de Jesús en Getsemaní.» (Fulton Sheen, Vida de Cristo; Herder, 1968, pag. 112-113)

Miércoles, 20 Junio 2012 13:02

Vida moderna y relaciones humanas

"La vida moderna tiende a eliminar de las relaciones interhumanas todo carácter de intimidad, de personalidad”. [La obra trata en el primer capítulo el tema de la soledad y su verdadero significado; hay una soledad buena y otra negativa. En el mismo párrafo dirá: el hombre nunca se siente más solo que cuando está en medio de la muchedumbre". Con tristeza vemos cómo la vida moderna, efectivamente, busca desesperadamente profanar la intimidad del hombre para anularla. Todo se torna superficial y las relaciones humanas se vacían cada vez más de contenido porque no hay compromiso real con el otro, no hay verdadero amor, no hay sacrificio; va quedando sólo la búsqueda personal de satisfacciones.]

Ignace Lepp, "La comunicación de las existencias, Ed. Carlos Lohlè, Buenos Aires, pag. 10.

Jueves, 14 Junio 2012 22:37

Benedicto XVI y el Sagrado Corazón

[El que sigue es un fragmento de la Carta del Papa Benedicto XVI sobre el culto al Corazón de Jesús con motivo del quincuagésimo aniversario de la encíclica “Haurietis Aquas”. También se recormienda dar lectura completa a dicha encíclica, escrita por Su Santidad Pio XII, sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.]

«El costado traspasado del Redentor es el manantial al que nos invita a acudir la encíclica “Haurietis aquas”: debemos recurrir a este manantial para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. De este modo, podremos comprender mejor qué significa conocer» en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo, manteniendo fila mirada en Él, hasta vivir completamente de la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás. De hecho, retomando una expresión de mi venerado predecesor, Juan Pablo II, “junto al Corazón de Cristo, el corazón humano aprende a conocer el auténtico y único sentido de la vida y de su propio destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a permanecer alejado de ciertas perversiones del corazón, a unir el amor filial a Dios con el amor al prójimo. De este modo --y ésta es la verdadera reparación exigida por el Corazón del Salvador-- sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia podrá edificarse la civilización del Corazón de Cristo”».

Jueves, 07 Junio 2012 22:47

No existe fe verdadera sin obras

«No cree verdaderamente sino quien, en su obrar, pone en práctica lo que cree. Por eso, a propósito de aquellos que de fe no poseen más que palabras, dice San Pablo: profesan conocer a Dios, pero le niegan con las obras».

(San Gregorio Magno, In Ev. Hom 26,9)

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