Martes, 26 Febrero 2013 00:00

Martes II de Cuaresma

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Lecturas: Is 1,10.16-20; Sal 49; Mt 23,1-12

La hipocrecía y la incoherencia

Captación

La hipocrecía y el afán de figuración tienen una gran capacidad para convertir en mal todo el bien. Es una instrumentalización del bien con el fin de obtener un beneficio personal: aparecer ante los demás como una persona virtuosa. Detrás de esa aparente virtud se esconde una gran mentira.

Cuerpo

El Señor en muchas ocasiones devela la hipocrecía de los Fariseos, pero tiene mucho cuidado en distinguir el bien y el mal: hacer lo que enseñan pero no imitar su hipocrecía. El problema no está tanto en las normas que enseñan, que en sí mismas son buenas, sino en las motivaciones que nos deben llegar a perseguirlas. No debe ser el afán de "aparecer" ante los demás y de proyectar una determinada imagen, sino glorificar a Dios.

El problema es que la hipocrecía lleva a convertir todas las instancias de bien que la vida nos ofrece, en cuanto oportunidades para servir y hacer el bien, en una especie de trampolín para conquistar ideales egoístas. La hipocrecía es una incoherencia crónica. "Se sientan en la silla de Moisés", es decir también el poder que ha sido dado para enseñar y servir se convierte en un instrumento de dominio y de opresión, dando incluso escándalo. "Dicen y no hacen", de modo que también la palabra se convierte en un instrumento para la mentira, en lugar de ser portadora de verdad.

Conclusión

El examen de conciencia que debemos hacer tiene que ver con las incoherencias que hay en nuestra vida, que son pequeñas o grandes hipocrecías similares a las de los Fariseos. Pero un poco incoherentes somos todos, el problema está en aquellas incoherencias que se han vuelo crónicas, como hábitos o vicios.

Otras Ideas

  • Los Fariseos buscan la gloria del mundo, la vana gloria. Pero el problema no está en la gloria misma, que es un deseo humano natural. Dios no es enemigo de nuestra "gloria"; el problema está en buscar la gloria fuera de Dios: "el que se humille será ensalzado".
  • Aquí se habla de un "fardo pesado", en contraposición con el "yugo suave" de Jesús. Los fariseos imponen estos pesos sobre las espaldas de las personas, los cuales se convierten en una piedra de tropiezo y en un obstáculo para la vida religiosa. La carga suave que impone Jesús, en cambio, es un camino hacia la santidad, un camino de realización, pues no supone el dominio egoísta e hipócrita, sino el amor auténtico y la verdad.
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