Viernes, 27 Marzo 2015 00:00

Viernes V de Cuaresma 2015

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Viernes V CUA (I) / Jr 20,10-13 / Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 / Jn 10,31-42 / Fariseismo / Hipocrecía / Parresía / Amor a Dios / Criterios del mundo / Escotosis / Mentira existencial

Lecturas: Jr 20,10-13; Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7; Jn 10,31-42

  • El cuchicheo de la gente. Hoy en día, tal como lo expresa el pasaje de Jeremías, tal como lo vivió Jesús, estamos a merced del "cuchicheo de la gente". ¡Cuántas corrientes de pensamiento, cuántas ideas equivocadas sobre el ser humano en torno a nosotros, sobre lo que necesita para ser feliz, sobre la naturaleza misma de la vida! Ese es el "cuchicheo" que escuchamos y vemos a diario en lo que habla la gente y en los medios de comunicación. Eso nos pone a los cristianos, al menos a los que queremos ser consecuentes con una visión auténticamente cristiana de la vida, en la misma posición de Jesús, atacado y acechado por su predicación, por su modo de vivir y de pensar, por predicar la verdad que viene de Dios.
  • El Señor es mi fortaleza. ¡Cuánto quisiéramos también nosotros afirmar lo que afirma hoy el salmista! Es decir que el Señor es nuestra fortaleza. De hecho, fue la fortaleza de Jesús cuando era atacado por los fariseos, cuando, como dice el salmo, "lo cercaban olas mortales y torrentes destructores"; y su unión al Padre fue su fortaleza hasta el momento del último respiro, y esa unión le permitió trascender lo humano y tener siempre delante, con clarividencia, el sentido definitivo de su misión. Y la fuente de todo era el amor al Padre; de hecho el salmo comienza con esas palabras: "Yo te amo, Señor". Por lo tanto la pregunta que podemos hacernos es ¿cuánto amamos a Dios realmente? ¿En qué medida el Señor es nuestra fortaleza? ¿Y en qué medida, más bien, seguimos la corrientes a los fariseos de hoy?
  • La hipocrecía nos condena. Jesús, con diáfana inteligencia y astucia, totalmente informadas por la verdad, no sólo rebate con la lógica los argumentos de los fariseos, sino que al mismo tiempo deja al descubierto su hipocrecía; la hipocrecía busca atacar al otro para cubrir la propia falta. Acusan de mentiroso a Jesús para justificar y camuflar la evidencia de su propia escotósis. ¿No es eso lo que hacemos cuando consentimos el pecado? Tal vez no lo hacemos con esa malicia farisaica que se observa en el Evangelio, pero si nos analizamos bien, descubriremos que la lógica de trasfondo es la misma.
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