Viernes, 15 Febrero 2013 00:00

Viernes después de Ceniza

Lecturas: Is 58,1-9a; Sal 50; Lc 9,14-15

El verdadero sentido del ayuno cristiano

Captación

A simple vista el reclamo de los fariseos parece justo. ¿Porqué los discípulos incumplen con una ley o práctica religiosa que las personas observantes practican diligentemente? En este caso concreto se podría interpretar que Jesús pasa por encima de la Ley. ¿Cómo interpretar la aparente "permisividad" de Jesús frente a sus discípulos y la respuesta dada a los fariseos?

Cuerpo

Lo primero es recordar la crítica que Jesús hace en muchas ocasiones a los maestros de la Ley, de ese excesivo apego a las prácticas formales unido a una tremenda falta de apego a la caridad y a una espiritualidad más interior. En ocasiones los acusa con palabras durísimas de ser "hipócritas" y de cargar sobre las espaldas de otros pesos que ellos mismos no están dispuestos a llevar. Parte de ese formalismo extremo se puede deducir del cuestionamiento que hacen estos hombres al comportamiento de los discípulos de Cristo. Ellos parecen olvidar que no está hecho el hombre para el sábado sino exactamente al contrario. Pero, sobre todo, parecen olvidar el verdadero sentido del ayuno. El apego a la letra les ha llevado a reducir la religión a ella, convirtiéndola paradójicamente en letra muerta.

De todos modos, la respuesta de Jesús es un tanto enigmática. Nosotros, a la luz de los hechos posteriores, podemos comprender que el Señor está haciendo referencia a su propia pasión y a su sacrificio en la Cruz. Su presencia entre los apóstoles, en cambio, es como un preludio de su presencia permanente ahora, luego de haber sufrido y resucitado.

Conclusión

Estos dos "estadios" de nuestra relación con Cristo los vivimos nosotros cada año de manera variable en la liturgia de la Iglesia. Hay momentos de ayuno, en los que acentuamos el aspecto penitencial de la existencia y miramos hacia el futuro, hacia aquella plenitud que todavía no poseemos pero que nos ha sido prometida; y vemos que necesitamos convertirnos. Pero al mismo tiempo celebramos la Pascua y compartimos el alimento como hermanos, en señal de alegría por la presencia de Jesús que prometió estar con nosotros "hasta el fin de los tiempos", y porque la vida cristiana es también un preludio de la vida eterna de la que somos herederos.

 
Publicado en Ideas para hoy

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