Domingo, 26 Julio 2015 00:00

Domingo XVII del Tiempo Ordinario 2015

Publicado en Ideas para hoy
Viernes, 21 Junio 2013 00:00

Viernes XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 11,18.21b-30; Sal 33; Mt 6,19-23

Acumular tesoros en el Cielo

Captación

Dios nos ha dado la vida, pero es necesario mantenerla. Creemos que para “mantener” la vida necesitamos adquirir y acumular bienes, porque ellos “garantizan” nuestra existencia y nuestra seguridad. Los bienes materiales únicamente garantizan nuestra subsistencia, pero no una vida o una felicidad perdurable y duradera en el tiempo y más allá del tiempo.

Cuerpo

Las cosas materiales tienen esa característica que tenía el “maná”. Si lo acumulas se pudre [El libro del Éxodo en el capítulo 16, narra cómo algunos israelitas, contraviniendo la orden de Moisés, guardaron alimento para el día siguiente, pero éste apareció lleno de gusanos y con olor nauseabundo. Se puede utilizar esta imagen para explicar cómo quien tiene su tesoro en las cosas banales y pasajeras, desobedeciendo a Dios, sólo cosechará hastío y muerte; la desobediencia conduce siempre a la muerte]. Lo que posees ya no es más un don, sino que se convierte en una esclavitud. El verdadero ateísmo es el de aquel que se considera dios porque lo posee todo. Esa es la imagen del “anti-Dios”, porque Dios no posee nada y ese proceso de acumular, nos aliena de Dios. Ahora bien, no es tanto la “posesión” en sí misma, la que Jesús no condena, sino el uso. La idea de “acumular” es que los bienes se conviertan en el único propósito de la vida, o en el fin primordial. De hecho el Evangelio no sugiere una especie de “fuga” del mundo, que está hecho también de cosas materiales. Se sugiere un determinado tipo de relación con las cosas. Imaginemos un mundo en que las cosas no son motivo de esclavitud para el hombre.

Conclusión

Pero, ¿cómo se hace para “atesorar” en el Cielo? Se atesora recibiendo todos mis bienes como un don de Dios, que me da todo lo que tengo, empezando por mi vida, mi capacidad y mi inteligencia [espíritu de agradecimiento y de amor: Dios Eucaristía]; también se atesora compartiendo con los hermanos. Todo va asumiendo un significado eterno, al entrar en comunión con Dios y con los demás. Quien no acepta las cosas como un don, no puede vivir como hijo.

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Lunes, 15 Abril 2013 00:00

Lunes III de Pascua

Lecturas: Hch 6,8-15; Sal 118; Jn 6,22-29

Organizados en torno al "fetiche"

Captación

El fetichismo consiste en el endiosamiento de las cosas materiales. Fetichista es aquel que elige algún objeto como centro de su vida y fuente de su seguridad personal. Se podría decir, sin exageración, que estamos en una sociedad fetichista, que vive de la seguridad material y pone en ella todo el significado de la existencia, al menos en gran medida, desplazando lo espiritual a un segundo plano.

Cuerpo

Aquí el Señor nos hace un llamado fuerte a no vivir del "alimento perecedero", es decir de lo material, de las cosas, sino del alimento que da la vida eterna, que es Él en persona. De hecho, los seres humanos estamos hechos para relacionarnos con el otro, esa es la esencia de nuestro ser: el amor. Y ello sólo se cumple de manera total y plena en Dios. ¡Estamos hechos para relacionarnos personalmente con Dios! quien es persona, la persona por excelencia. Somos "seres en relación", pero una relación que es comunión inter-personal, donación de amor. Quien elige la cosa, el objeto material -que puede ser también un ideal humano o una ideología-, como fin de su existencia, se convierte en fetichista e idólatra. Y es de allí de donde procede el mal que hay en el mundo y el pecado, de una búsqueda persona egoísta, del deseo de "poseer" cosas y de poseer al otro. Con esto evidentemente no se condena la posesión de bienes, sino el hecho de erigir a estos en un fin absoluto y la fuente de toda felicidad y realización humana. Esto, si se vive de manera coherente, puede afectar radicalmente cada aspecto de nuestra vida.

Conclusión

Jesús nos pide vivir no del alimento perecedero, sino de aquel que da la vida eterna, y esto no se reduce a tener mayor devoción al Santísimo Sacramento, sino a un cambio total en nuestro modo de vivir y de afrontar la existencia. ¿Cuál es mi valor absoluto, en torno al cual gira todo en mi vida? ¿Es el Señor o son mis "ídolos", grandes o pequeños? ¿Cuáles son esos ídolos? La Palabra de Cristo exige el examen urgente de nuestra consciencia.

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