Viernes, 19 Abril 2013 09:44

Domingo IV de Pascua (C) [Alvarado]

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Sábado, 23 Marzo 2013 00:00

Sábado V de Cuaresma

Lecturas: Ez 37,21-28; Jr 31; Jn 11,45-57

Uno da la vida, otras la quitan

Captación

El contexto en el que se producen estos hechos es el milagro portentoso de la resurrección de Lázaro, tal vez el más impresionante milagro realizado por Jesús en los Evangelios. Así que resulta paradójico lo que se dice en este capítulo del Evangelista San Juan: el Señor Jesús da la vida mientras otros quieren quitársela. Es un cuadro muy claro de la parábola del pastor: uno es el buen pastor que da la vida por su rebaño, pero hay otros pastores, los arrebatados, que se aprovechan de su grey, y en lugar de dar la vida la quitan.

Cuerpo

Pero estos hombres no se contentan con planificar la muerte de Jesús; para ello buscan cómplices entre el pueblo. Dicen actuar por el bien del pueblo, pero en realidad actúan por intereses políticos y por convicciones que distan mucho de la verdadera religión que dicen profesar y vivir ejemplarmente. Así que hay mucha hipocrecía de por medio. Nos vamos acercando a los momentos trágicos de la pasión y muerte de Cristo y el antagonismo se va haciendo cada vez más profundo entre la predicación de Jesús y la posición de los sumos sacerdotes y las autoridades del pueblo. Y veremos que el pueblo, en su conjunto, se hará cómplice de la condena a muerte de Cristo. Pero en medio de las vicisitudes humanas y del pecado, el Plan de Dios para salvar a los hombres, se cumplirá. Incluso el Sumo Sacerdote Caifás, aún sin saberlo, profetiza en favor del sacrificio de Cristo por los hombres. El Señor da la vida por todos aquellos que quieren quitársela.

Conclusión

Todo lo que va sucediendo desde los días previos a la Pascua es una perfecta representación de lo que sucede en nuestra vida. El Señor se entrega a nosotros, y nosotros tratamos de "quitarle la vida", al menos algunos veces caminamos como si Él no estuviera. Él nos da la vida y nosotros nos la apropiamos, y con cada pecado que cometemos lo eliminamos de nuestro corazón y lo hacemos a un lado. Ese antagonismo del que hablábamos hace un momento, entre Dios y el mundo, no pocas veces encuentra también en nosotros a cómplices que actuan libremente y consienten el mal.

 
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Sábado, 09 Febrero 2013 00:00

Sábado IV del Tiempo Ordinario

p>Lecturas: Hb 13,15-17.20-21; Sal 22; Mc 6,30-34

El bueno uso del poder

Captación

Hay un paralelismo escondido entre el Evangelio que acabamos de escuchar y el que se proclamó el día de ayer. Pero es un paralelismo por contraposición. Es decir, ayer veíamos a Herodes organizando un banquete y haciendo uso de su poder para congraciarse con una bella joven. El uso que hace Herodes de su poder, termina traicionándolo, ya que se siente obligado a degollar a Juan por no faltar a una promesa. En el caso de Jesús, el poder está al servicio de la compasión

Cuerpo

Así es que el poder tiene siempre estas dos posibilidades: puede devolver la vida a los demás, puede ser un instrumento de servicio, y puede aplastar a los demás por ser obstáculos para el dominio, auténticos enemigos. Es la más antigua de las antinomias que reina en el corazón del hombre: amor y egoismo. Al banquete de Herodes se opone radicalmente el banquete de la Eucaristía, figurado y representado también en la multiplicación de los panes. Jesús siente compasión de nosotros, sabe que andamos como ovejas sin pastor [Es muy significativo que hoy la liturgia nos ofrezca el bellísimo salmo 22, "el Señor es mi Pastor, nada me falta"], sabe que necesitamos el alimento espiritual que nos dé la vida verdadera.

El mundo está lleno de "pastores". Algunos son como Herodes, que viven por los banquetes mundanos y mueren en ellos, y usan su poder para arrastrar a otros consigo. Jesús, en cambio, es el Pastor bueno que conduce a sus ovejas a los pastos de la vida eterna. El hombre muchas veces no es malo, pero elige mal a sus "pastores". Va detrás de espejismos y de ilusiones. Jesús tiene un "modo" de ejercer el poder que parece menos atractivo a los ojos del mundo.

Conclusión

Y nosotros, ¿seguiremos ignorando al Señor? ¿Seguiremos ignorando su corazón lleno de compasión por nosotros mismos, que tantas veces erramos por el mundo, por nuestro pequeño mundo, como esas ovejas hambrientas? Acudamos a Jesús. Elijámoslo a Él como nuestro Pastor, nuestro único Pastor.

Otras Ideas

  • Es interesante considerar lo que Jesús hace con su sentimiento de compasión. ¿Cuál es el verdadero pan? ¿El material o el espiritual? Jesús siente compasión porque ve corazones vacíos, necesitados de sentido, sedientos de eternidad. Su compasión, pues, es de un carácter muy superior, es una compasión que recoge el lamento de las fibras más profundas del sufrimiento humano, y se siente solidario con él.
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