Jueves, 25 Septiembre 2014 00:00

Jueves XXV del Tiempo Ordinario 2014

Publicado en Ideas para hoy
Sábado, 27 Abril 2013 00:00

Sábado IV de Pascua

Lecturas: Hch 13,44-52; Sal 97; Jn 14,7-14

El camino para conocer a Dios

Captación

La pregunta de Tomás es una expresión clara de la nostalgia profunda que está en el corazón del hombre, su deseo de ver a Dios, de conocerlo. En cierto modo es un hambre "instintivo" que se puede mitigar o silenciar, pero nunca anular por completo, porque es parte de su naturaleza. ¿Acaso no es este mismo deseo el origen de todas las idolatrías viejas y nuevas?

Cuerpo

Este deseo existe y es fuerte, pues mientras no es satisfecho genera el el ser humano inquietudes y desasociego que lo mueven en busca de compensaciones para llenar el vacío. Nadie vive sin Dios, o sin algo que ha convertido en dios. Al mismo tiempo, los hombres, por sí solos, no pueden llegar al conocimiento completo de Dios, pero este deseo, que tiene su origen en el Creador, los mueve a buscarlo; van en busca de su origen, van en busca de un significado. Y es un deseo que de ninguna manera debe ser reprimido, sino orientado. El problema con el relativismo actual es que al decir que "Dios no interesa" o que "Dios no existe", no está desapareciendo el deseo de Dios, que nadie puede cancelar, sino que se está orientando hacia las cosas del mundo. Lo que ofrece la propaganda a las ansias de poder, de tener y de placeres, son para el hombre su nueva religión.

Así que la pregunta de Tomás tiene una actualidad enorme. De algun modo está dentro de todos nosotros ese deseo expresado de muchas maneras: "muéstranos al Padre", "muéstranos el sentido de la vida", "muéstranos la felicidad", etc. Y la repuesta de Jesús es muy clara, y no existe otra.

Conclusión

La respuesta del Señor es que Él es la respuesta. Él es el camino para conocer al Padre. Sólo a través de Jesús podemos llegar "hasta el fondo" en el conocimiento del hombre y de su destino. Sólo Él puede ayudarnos a desentrañar el misterio que cada uno de nosotros es. ¿Cómo no acudir a Jesús? ¿Cómo no ponerlo en el centro de nuestra existencia?

 
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Miércoles, 17 Abril 2013 00:00

Miércoles III de Pascua

Lecturas: Hb 8,1b-8; Sal 65; Jn 6,35-40

Bueno como el pan

Captación

Se podrían escribir toneladas de páginas sólo sobre esta afirmación del Señor: "Yo soy el pan de la vida". Es característico del lenguaje de Jesús utilizar palabras simples y directas, así como imágenes tomadas de la vida cotidiana, para expresar verdades de una profundidad inabarcable. ¿Qué significa que el Señor se proclame así mismo "pan de la vida"?

Cuerpo

Ya que la imagen está tomada de la vida cotiana, vayamos a la vida cotidiana: el pan es probablemente una de las cosas más simples y valiosas de la vida. El pan es el alimento por excelencia, el prototipo de todo lo que puede alimentar al hombre. Cuando se habla de la necesidad de alimentarse se suele decir: "que no nos falte el pan". De hecho, en la oración del Padre Nuestro expresamos esto, refiriéndonos a "todo alimento". El pan es sencillo, bueno, fundamental. Con el pan se comparte, con el pan se comunica, el pan es vida. Pero en la oración del Padre Nuestro no nos referimos sólo al pan material. El pan es también símbolo del alimento espiritual. No es casual que Jesús haya elegido el pan como "vehículo" de su presencia sacramental entre nosotros. Como el pan material que alimenta nuestro cuerpo, existe un pan espiritual que alimenta nuestro espíritu. Las palabras de Jesús producen siempre el deseo de recibir ese pan: "Señor, danos siempre de ese pan", le dicen sus oyentes. El pan que ofrece Jesús es promesa de seguridad, de felicidad, de vida eterna. No existe nada en el mundo, por más bueno y deseable, que sea tan valioso como aquel pan que ofrece Jesús. Él mismo dijo a la Samaritana que quien lo tenga a Él como alimento, se convertiría él mismo en fuente que mana para la vida eterna. No existe deseo humano que no pueda ser colmado con este alimento de vida eterna.

Pues bien, ese "alimento" es el mismo Jesús su persona. Él afirma: "Yo soy el pan de la vida". Quien no experimenta fuertemente el deseo de Cristo, de acercarse a Él, de vivir en comunión con Él, todavía no lo ha conocido, no sabe quién es. Quien se encuentra con Él, en cambio, experimenta en su vida un deseo irresistible de estar con Él, de vivir con Él, y de que Él sea siempre el centro de su vida. De esta manera, cumplir su palabra deja completamente de ser una carga, se convierte en una felicidad indescriptible. Hay algo en Jesús que responde a la sed y al hambre más profundos que hay en el corazón humano.

Conclusión

¿Cómo está nuestra vida de encuentro con Jesús. Él ciertamenet nos conoce, ¿lo conocemos nosotros? ¿Lo conocemos suficientemente como para desear con toda nuestra vida estar con Él? No seamos conformistas con nuestro cristianismo. Debémos preguntarnos qué tenemos que hacer para sentirnos como esos hombres y esas mujeres que al escucharlo y al verlo, desearon dejarlo todo por seguirlo, por estar con Él para siempre.

 
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