Domingo, 24 Febrero 2013 00:00

Domingo II de Cuaresma (C)

Lecturas: Gn 15,5-12.17-18; Sal 26; Fl 3,20-4,1; Lc 9,28b-36

Seremos transfigurados con Cristo

Captación

¿Cuándo pensamos en la vida eterna, en el Cielo? Hoy en día, con esta vida tan mundana que llevamos, en la que muchas veces la fe religiosa no ocupa un lugar tan importante, pues tenemos "demasiadas cosas" en las cuales pensar, el misterio de la Transfiguración nos interpela y nos recuerda quiénes somos y cuál es nuestro verdadero destino.

Cuerpo

En realidad, somos peregrinos en este mundo y nuestra verdadera patria es el Cielo. ¿Pensamos a menudo en esta verdad que se impone a nosotros? En el misterio de la Transfiguración el Señor Jesús nos conduce, como condujo a sus discípulos, a contemplar de manera adelantada aquella gloria que es nuestra veradera vocación humana. El Evangelio nos dice algo acerca de esa gloria que ahora sólo podemos imaginar, y sobre la cual es muy poco lo que se puede decir desde el punto de vista de la razón o de la ciencia. Afirma San Lucas que su rostro cambió de apariencia y se volvió fulgurante, y que sus discípulos quedaron espantados y sobrecogidos por esta manifestación, pero que al mismo tiempo experimentaban una sensación de bienestar inexplicable, tan inexplicable que provocó que Pedro digera insensateces -"hagamos tres tiendas"-. ¿Por qué realizó Jesús esta peculiar manifestación? Por el contexto en que ocurren los hechos, sabemos con certeza que una de sus intenciones, tal vez la principal, era asegurar a sus discípulos en el camino que habían emprendido, sobre todo porque Jesús sabía que se acercaba el momento de su pasión y muerte, y aquellos hombres débiles, necesitaban contemplar aquello que se escondía en la obra de Cristo y en su persona, y que no se trataba de una obra meramente humana, sino de la acción misma de Dios entre los hombres. En el momento más dramático de la vida de Jesús; cuando todo parecerá oscuro, los discípulos huirán cobardemente; pero, ¿cómo no pensar que fue este recuerdo, unido a otros recuerdos de la obra de Jesús, lo que mantuvo una minúscula chispa encendida en el corazón entristecido y desilucionado de estos hombres? Esa chispa fue luego el inicio de un fuego interior, que les será donado sólo después de ser testigos de la Resurrección y de manera más plena cuando recibirán al Espíritu Santo.

Conclusión

Al celebrar este misterio de la Transfiguración somos invitados como aquellos discípulos, a contemplar el rostro transformado de Cristo y a vernos reflejados en Él. También nosotros seremos algún día transformados y participaremos de esa gloria. ¿Qué lugar tiene esta certeza de nuestra fe en nuestra vida? Vivir "en presencia de Dios" significa también "vivir con los ojos puestos en nuestro futuro", "vivir con la consciencia de nuestro verdadero destino".

Otras Ideas

  • En esta manifestación extraordinara de Jesús, la voz del Padre nos dice: "Este es mi Hijo, escuchadlo". Poco ante el Señor había pregunado a sus discúpulos "¿quién dice la gente que soy yo?" Así es que podemos preguntarnos, ¿a quién prestamos atención? ¿a quién escuchamos?, ¿lo que dice el mundo acerca de Jesús? ¿O escuchamos más bien la voz del Padre que se manifiesta? Ella se manifiesta en su Palabra, en su presencia sacramental, en los sacramentos, en la Iglesia.
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