Viernes, 01 Febrero 2013 00:00

Viernes IV del Tiempo Ordinario

Lecturas: Hb 10,32-39; Sal 36; Mc 4,26-34

El valor de lo invisible

Captación

Lo que queda muy claro de estas dos parábolas es que el Reino de los Cielos que Jesús trajo, crece sin que nosotros lo sepamos. No se manifiesta, por lo tanto, de manera tan evidente o portentosa. "Crece en medio de la noche". Efectivamente, vemos el mal que hay en el mundo y con todo lo que sucede, nos preguntamos ¿dónde está Dios? ¿dónde está su Reino?

Cuerpo

Precisamente, las parábolas que hoy nos propone el Evangelio vienen a responder a estas preguntas. El Reino de Dios crece de una manera, en cierto modo, invisible. No es la única vez que Jesús utiliza esta imagen de la semilla. La utiliza también en la parábola del sembrador, en la cual, la "tierra" nos representa a nosotros, y la semilla es la Palabra de Dios depositada en nuestro corazón. Esta analogía nos lleva a la conclusión de que el Reino de Dios no "crece" como algo externo a nuestra realidad personal, o independientemente de la vida del hombre, porque Jesús se vale de la libertad de los hombres para extender su reinado en el mundo. Por lo tanto, esa "invisibilidad" del Reino que describe Jesús, se produce también en nuestra propia vida espiritual. Muchas veces desconfiamos de la vida espiritual porque no vemos los resultados; esperamos una eficacia mayor según nuestros términos, o en todo caso pretendemos de Dios una serie de resultados y nos desanimamos cuando no los vemos. Esta es la reazón por la que tanta gente simplemente no cree en la vida espiritual. A los ojos del mundo, la oración no es útil, no sirve para nada. Desde la visión de Dios, en cambio, ella va trasnformando la vida del hombre casi sin que éste se de cuenta, el Espíritu poco a poco lo va santificando. La oración "sí sirve" y "es eficaz", tremendamente eficaz. Transforma nuestra realidad dándonos un significado grande y profundamente satisfactorio, nos conecta con nuestro "yo" verdadero y con el origen de nuestra existencia, que es Dios mismo. Pero hay que decir que su acción no es totalmente invisible. A los ojos del mundo, sí que lo es, porque no comprende su naturaleza, le es totalmente ajena, pues está volcado a lo material, a lo que produce un efecto sensible y visible. En cambio, quien inicia el camino de la vida espiritual, rápidamente comienza a percibir su eficacia transformate; nos abre ventanas allí donde antes había un muro impenetrable. Efectivamente, el Reino de Dios crece de manera invisible, pero se hace visible a través de nuestra propia vida, que está llamada a hacerse reflejo de la presencia de Dios.

Conclusión

Una pregunta que podemos hacernos es: ¿confío verdaderamente en el poder de la oración y en la acción "invisible" del Espíritu del Señor que me transforma? ¿Contribuyo a la "extensión del Reino" con mi propia vida espiritual y mi oración? La vida espiritual no muestra su verdadera eficacia mientras no se practica con perseverancia. Pero quien persevera, tarde o temprano experimenta de una manera muy palpable y muy clara su verdadera fuerza.

Publicado en Ideas para hoy

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