Jueves, 20 Junio 2013 00:00

Jueves XI del Tiempo Ordinario

Lecturas: 2Cor 11,1-11; Sal 111; Mt 6,7,15

La oración como camino de encuentro

Captación

Una característica fundamental de la oración cristiana es la “alteridad”. Orar es colocarse delante de “otro”, y otro que es persona. Por ello la oración implica salir de sí mismo y conduce al encuentro interpersonal.

Cuerpo

Sabemos que la cultura actual enfatiza de una manera exacerbada la importancia de la afirmación personal, entendida no en el sentido de una verdadera realización en el amor y la donación, sino en la búsqueda solitaria de satisfacciones. Esa soledad puede muchas veces disfrazarse de encuentro, pero “estar con otro” o “cerca de otro” no necesariamente significa “encontrarse con el otro”. El Señor menciona a esos hipócritas, que creen ser escuchados a fuerza de palabras. ¿No vemos esto con mucha frecuencia en nuestro mundo? Las ocasiones de encuentro son múltiples, pero en la gran mayoría de casos no nos disponen a un verdadero encuentro personal, sino al simple intercambio de egoísmos y al derroche de palabras y otras cosas. Pero frente a Dios, estas cosas no sirven y no satisfacen. Frente a Dios estamos “desnudos”, desprovistos de cualquier tipo de seguridad. Si queremos encontrarnos con él, de alguna manera debemos despojarnos de nosotros mismos para poder revestirnos de él.

Conclusión

Por esto, la oración es la primera escuela de encuentro y de superación del «yo» egoísta. Debemos buscar a Dios en la oración. Quien no reza no se encuentra con Dios y, por lo tanto, no se encuentra consigo mismo. El que reza, en cambio, dispone su corazón de la mejor manera para el encuentro con los demás. ¿No sabes rezar? Bueno, el Señor te da muchas pautas en los Evangelios, léelos. Y además de ello la Iglesia te ofrece muchos medios e instrumentos para aprender a comunicarte con Aquel que te dio la vida y te conoce.

 
Publicado en Ideas para hoy

«Todos debemos preguntarnos ¿cómo me dejo guiar por el Espíritu Santo, para que mi testimonio de fe sea de unidad y de comunión? ¿Llevo la palabra de reconciliación y de amor, que es el Evangelio, en los lugares donde yo vivo? A veces parece que se repita hoy lo que sucedió en Babel: divisiones, incapacidad para entenderse entre sí, rivalidad, envidia, egoísmo. ¿Yo que hago con mi vida? Creo unidad a mí alrededor, o divido, divido, divido con las críticas, la envidia. ¿Qué hago? Pensemos en ello. Llevar el Evangelio es proclamar y vivir, nosotros en primer lugar, la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad, el amor que el Espíritu Santo nos da.»

Publicado en Citas Útiles
Jueves, 28 Marzo 2013 00:00

Jueves Santo

Lecturas: Ap 14,14-19; Sal 95; Lc 21,5-11

¿Una sociedad de servicio?

Captación

El gesto del lavatorio de los pies revela la verdadera naturaleza de la obra de Cristo, quien no vino "a ser servido sino a servir". Lavar los pies de los invitados era una costumbre en el pueblo judío, pero normalmente era realizada por los esclavos. Aquí, ente la perplejidad de los apóstoles, Jesús se ciñe y se inclina ante ellos.

Cuerpo

La reacción del apóstol Pedro revela lo "escandaloso" que resultaba para él y los demás apóstoles la accíon de Jesús. Recordemos además que lo que hizo Jesús no fue simplemente un gesto simbólico, sino un acto real de servicio, tal vez ante la falta de siervos que cumplieran con esa acción. ¡Cuánto contrasta esta actitud de Jesús con el mundo en el que vivimos! No vivimos precisamente una era de humildad y de servicio. Vivimos más bien en una cultura en la que el poder no se dirige al servicio sino al dominio, y en la que la humildad no es la virtud dominante entre quienes ocupan roles de autoridad, sino más bien la soberbia y el egoismo.

Pero, ¡qué importante es el servicio! Una sociedad en la que no hay espíritu se servicio es una en la que no se ama. No puede haber caridad y amor sin el deseo de servir a los demás. Es una virtud evangélica, pero también una virtud humana y constructiva, que ayuda a derribar las barreras que separan a los hombres.

Conclusión

La Semana Santa nos invita a poner nuestros ojos en Jesús y buscar imitarlo. Pero, ¿cuántas veces evitamos el servicio a los demás? Solemos estar más preocupados por defender nuestro "pequeño feudo", nuestra tranquilidad personal y nuestra comodidad. Jesús, quien siendo Dios se humilló y se hizo esclavo por amor a los hombres es y será siempre el único modelo para la humanidad, que sufre tanto porque falta el serivio y abunda el egoismo.

 
Publicado en Ideas para hoy
Domingo, 10 Marzo 2013 00:00

Domingo IV de Cuaresma (C)

Lecturas: Jos 5,9a.10-12; Sal 33; 2Cor 5,17-21; Lc 15,1-3.11-32

¿El hijo pródigo o el Padre pródigo?

Captación

La prodigalidad es la liberalidad en el dar, es el deroche; es pródigo quien da sin pensar en el futuro y sin ningún tipo de cálculo. Así que este Evangelio, llamado del hijo pródigo, podría también ser llamado del "Padre pródigo". El hijo derrocha sus dones y la riqueza que le ha sido encargada en administración: su prodigalidad es irresponsable y egoista. El Padre, en cambio, es pródigo en perdón y misericordia, y la da sin esperar nada a cambio y pensando sólo en el bien ajeno: su prodigalidad es de una generosidad sin precedentes.

Cuerpo

El gran pecado del hijo pródigo no está en el deseo de disfrutar los dones que le pertenecen, tampoco en el deseo de libertad o de felicidad. Su falta está en pretender obtener todo esto dándole la espalda a su Padre. El Padre, en esta parábola, aparece desde el principio "prodigo" en todas sus actitudes. No trata de frenar a su hijo o de reprimirlo; le da lo que le pide, lo ama incondicionalmente y finalmente está dispuesto a perdonar sus graves pecados sin ningún tipo de reproche o de condicionamientos. Su generosidad es absoluta porque está cimentada en un amor absoluto. El hijo, en cambio, hace un mal uso de todos lo que le da el Padre. En cierto modo "se aprovecha" de su generosidad. El hijo es pródigo en su egoismo y en su afán de obtener su felicidad independizándose de su Padre.

Conclusión

¿No es esta la dinámica que se produce con nosotros, cada vez que pecados? ¡Ciertamente! El pecado es el intento de obtener una felicidad de espaldas a Dios; creemos ver el bien en el mal, y vamos tras él. Somos también nosotros pródigos en el mal uso que hacemos de los bienes del Señor. La buena noticia es que Él siempre nos espera y está dispuesto a admitirnos nuevamente en su casa sin condicionamientos.

Otras Ideas

  • El hijo pródigo puede ser para nosotros ejemplar en dos sentidos contrapuestos. Es, en primer lugar, un buen ejemplo del "típico pecador". La parábola reproduce a la perfección la dinámica del pecado y sus consencuencias: afán de auto-suficiencia y prescidencia de Dios; búsqueda personal egosista; libertinaje; soledad, frustración, etc. Pero puede ser también ejemplo de un "buen penitente". ¿En qué consiste la verdadera penitenacia? Consiste en el arrepentimiento; sentir el peso de la propia culpa sin justificaciones; asumir la responsabilidad del propio pecado sin escudarse en los demás o en el ambiente; el propósito de "volver" y someterse nuevamente a la autoridad de Dios.
  •  
    Publicado en Ideas para hoy
    Sábado, 02 Marzo 2013 00:00

    Sábado II de Cuaresma

    Lecturas: Mi 7,14-15.18.20; Sal 102; Lc 15,1-3.11-32

    Todos somos el hijo pródigo

    Captación

    La parábola del hijo pródigo no es una simple historia, sino una verdadera revelación de Jesús acerca del ser de Dios y de su actuar. Pero es al mismo tiempo una explicación muy profunda acerca de la naturaleza pecadora del hombre y su inclinación a "independizarse" de Dios y de su Plan.

    Cuerpo

    En el hijo pródigo está representado el ser humano cuando, hechizado por la ilusión de construir su felicidad apartado de Dios y de su ley, se desacarría y va por senderos lejanos a Dios y a sus mandamientos. Pero este hombre ha sido dotado de una conciencia, y es ella la que continuamente le reclama y constituye un peso que no le deja tranquilo y que, finalmente, le lleva a "ceder" y a reconocer que no puede serguir sin Dios, y no puede pretender obtener algo bueno alejándose de Él. El hermano mayor, por su parte, en cierto modo también sufre el "síndrome" del hijo pródigo, pues ve las cosas no como las ve su Padre, sino a través del prisma de sus celos y de su egoismo; es el Padre quien lo reconduce a tener una mirada de misericordia para con su hermano.

    Así que en el hijo pródigo estamos representados todos. Esto puede verse claramente cuando en nuestra vida, las decisiones que hemos tomado nos han ido llevando lejos de Dios, y llega el momento en que reconocemos que tenemos que "regresar" a él y cambiar de vida. Pero también somos ese hijo pródigo en cada situación pequeña de nuestra vida en que nuestras acciones nos alejan del modo de obrar de Dios. Cada vez que cometemos un pecado, cada vez que faltamos a la caridad, somos ese hijo pródigo, pues vamos a buscar nuestra felicidad y nuestra paz interior en el egoísmo, en la búsqueda de poder, en la obtención de cosas materiales o de placeres, en los que Dios queda excluido. Pero posiblemente luego recapacitamos y volvemos a Él, tal vez con la confesión sacramental. En cada uno de esos momentos revive en nosotros la figura del hijo pródigo.

    Conclusión

    Este tiempo nos llama a la conversión. Y ella implica el examen de conciencia. ¿Dónde estoy en mi relación con Dios? ¿Me he alejado de Él? ¿He caído en la ilusión de la independencia de Dios? ¿El mundo me ha seducido? Siempre es tiempo de volver a Dios y de reconocer que sólo en Él encontramos nuestra verdadera paz y nuestra verdadera dignidad humana.

    Otras Ideas

  • Esta parábola nos invita también a contemplar el corazón misericordioso de nuestro Padre Celestial. ¿Cómo no tener esperanza ante la certeza de que Dios realmente nos ama y está dispuesto a perdonarnos aunque nuestros pecados sean muy grandes? La contrición es necesaria y también lo es el arrepentimiento, pues ellos son la medida de nuestra fe. [En cierto modo es eso lo que Jesús dice acerca de María, la pecadora: "a quien mucho amor muestra, mucho se le perdona" (Lc 7,47); es el corazón de María, lleno de contrición y de arrepentimiento, lo que conmueve a Jesús, quien lejos de negarle el perdón, le muestra todo su amor.] ¡Qué saludable es empezar siempre por el arrepentiemiento, que nos conduce a Dios y nos manifiesta con esperanza que Él nos ama y nos perdona!
  •  
    Publicado en Ideas para hoy
    Viernes, 15 Febrero 2013 12:29

    Domingo I CUA (C) [PHC]

    Publicado en Materiales
    Sábado, 09 Febrero 2013 00:00

    Sábado IV del Tiempo Ordinario

    p>Lecturas: Hb 13,15-17.20-21; Sal 22; Mc 6,30-34

    El bueno uso del poder

    Captación

    Hay un paralelismo escondido entre el Evangelio que acabamos de escuchar y el que se proclamó el día de ayer. Pero es un paralelismo por contraposición. Es decir, ayer veíamos a Herodes organizando un banquete y haciendo uso de su poder para congraciarse con una bella joven. El uso que hace Herodes de su poder, termina traicionándolo, ya que se siente obligado a degollar a Juan por no faltar a una promesa. En el caso de Jesús, el poder está al servicio de la compasión

    Cuerpo

    Así es que el poder tiene siempre estas dos posibilidades: puede devolver la vida a los demás, puede ser un instrumento de servicio, y puede aplastar a los demás por ser obstáculos para el dominio, auténticos enemigos. Es la más antigua de las antinomias que reina en el corazón del hombre: amor y egoismo. Al banquete de Herodes se opone radicalmente el banquete de la Eucaristía, figurado y representado también en la multiplicación de los panes. Jesús siente compasión de nosotros, sabe que andamos como ovejas sin pastor [Es muy significativo que hoy la liturgia nos ofrezca el bellísimo salmo 22, "el Señor es mi Pastor, nada me falta"], sabe que necesitamos el alimento espiritual que nos dé la vida verdadera.

    El mundo está lleno de "pastores". Algunos son como Herodes, que viven por los banquetes mundanos y mueren en ellos, y usan su poder para arrastrar a otros consigo. Jesús, en cambio, es el Pastor bueno que conduce a sus ovejas a los pastos de la vida eterna. El hombre muchas veces no es malo, pero elige mal a sus "pastores". Va detrás de espejismos y de ilusiones. Jesús tiene un "modo" de ejercer el poder que parece menos atractivo a los ojos del mundo.

    Conclusión

    Y nosotros, ¿seguiremos ignorando al Señor? ¿Seguiremos ignorando su corazón lleno de compasión por nosotros mismos, que tantas veces erramos por el mundo, por nuestro pequeño mundo, como esas ovejas hambrientas? Acudamos a Jesús. Elijámoslo a Él como nuestro Pastor, nuestro único Pastor.

    Otras Ideas

  • Es interesante considerar lo que Jesús hace con su sentimiento de compasión. ¿Cuál es el verdadero pan? ¿El material o el espiritual? Jesús siente compasión porque ve corazones vacíos, necesitados de sentido, sedientos de eternidad. Su compasión, pues, es de un carácter muy superior, es una compasión que recoge el lamento de las fibras más profundas del sufrimiento humano, y se siente solidario con él.
  •  
    Publicado en Ideas para hoy

    Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
    Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

    Desarrollado por
    VE Multimedios