Viernes, 03 Abril 2015 00:00

Viernes Santo 2015

  • Despreciado por los hombres. En las visiones del profeta Isaías contemplamos al Siervo Sufriente desechado por los hombres, como uno que no parecía hombre, evitado y sin aspecto atrayente. Sabemos que estas palabras se cumplen en Jesús, sobre todo en los momentos de su pasión. Pero, ¿cuál es la actualidad de estas palabras? Jesús, hoy, sigue siendo tan desechado y sigue resultando tan poco atrayente para los hombres como lo veía la visión de Isaías. La humanidad de Jesús sigue siendo rechazada y su pasión sigue siendo un enigma incomprensible. ¿Lo es también para nosotros?
  • Quién comprende nuestra situación. ¿Quién comprenderá la situación del hombre? ¿Quién comprenderá nuestras angustias y temores, así como nuestros anhelos y deseos? Como lo afirma la carta a los hebreos, "no tenemos a un sumo sacerdote incapaz" de comprendernos y de compadecerse de nosotros. La pasión de Cristo y su Cruz son la prueba más radical de ello. Los hombres no suelen dar a lo que se celebra el viernes santo el valor que tiene, su valor auténtico: es Dios siendo hombre hasta las últimas consecuencias; es Dios salvándonos del sin-sentido y del error trágico de no ser quienes estamos llamados a ser; es Dios mismo viniendo a nosotros para iluminar nuestro camino.
  • El significado de la cruz. Para muchos la Cruz de Cristo sigue siendo un escándalo incomprensible, ¿un Dios que muere? El mundo desconoce el verdadero sentido de esa cruz y por lo tanto la desprecia, como desprecia todo lo que en la fe cristiana no comprende. Pero incluso entre los que se llaman cristianos, la cruz es simplemente un símbolo, uno que los representa, cierto, pero que al final no cambia nada, no transforma la vida, porque no tiene nada que ver con ella, al menos con la vida concreta y con el modo de vivirla. ¿Cuál es el verdadero sentido de la Cruz? ¿Qué tiene que ver conmigo? El viernes santo nos propone estas preguntas; y la respuesta que esperamos no debe ser una metáfora o una suerte de "mensaje positivo", sino algo real.
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    Publicado en Ideas para hoy
    Sábado, 20 Abril 2013 00:00

    Sábado III de Pascua

    Lecturas: Hch 9,31-42; Sal 115; Jn 6,60-69

    Este lenguaje es duro

    Captación

    Tomemos conciencia de que no son los enemigos de Cristo, sus detractores, sino sus mismos discípulos, quienes se escandalizan por las palabras de Jesús, quien habla de la necesidad de comer su cuerpo para tener vida eterna. Son sus seguidores los que dicen "este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?"

    Cuerpo

    Así que somos nosotros los destinatarios de esta palabra "dura" y debemos preguntarnos si hemos considerado seriamente el significado de la Eucaristía y lo que significa. Tal vez al analizar detenidamente el contenido de lo que cree la Iglesia, también nosotros resultemos escandalizados. Pero no es el único tema en el que podemos ser sorprendidos. Es notorio que los discípulos de Cristo no pocas veces encontramos "duras" sus Palabras o sus mandamientos, y nos cuestan un trabajo enorme hasta el punto de rechazarlas o simplemente obviarlos, de manera que no son una fuente de alegría cristiana y de paz, sino una especie de carga pesada que no sabemos como llevar. Y es notorio también que la palabra del mundo, por el contrario, muchas veces nos resulta agradable y atractiva, hasta el punto de que rechazamos a Cristo por ir detrás de cosas mundanas. Lo que sucede aquí es que el mal, cuando se apodera de nuestra mente y de nuestro corazón, confunde nuestro mundo interior y nuestros sentidos, y nos hace ver la realidad al revés. Lo que Dios nos ofrece nos resulta pesado, escandalozo y a veces hasta imposible. Lo que el mundo nos ofrece, en cambio, nos resulta agradable, dulce y atractivo. Claro que no se trata de satanizar todo lo que hay en el mundo, pues todo lo que hay de verdaderamente bueno en él viene de Dios. El problema está en absolutizar estas cosas y utilizarlas indiscriminadamente y sin ninguna regla de comportamiento. Entonces ellas se vuelven contra nosotros y contra Dios.

    Conclusión

    También a nosotros el Señor nos pregunta: "¿Esto les escandaliza? ¿También ustedes quieren abandonarme?". No podemos ser verdaderos cristianos si no aceptamos que existe una clara contraposición entre las cosas de Dios y las cosas mundanas que se oponen al Evangelio, como el mal uso de los bienes y la búsqueda desenfrenada de compensaciones materiales o físicas. No podemos ser verdaderos cristianos si no vivimos personalmente esa contraposición. A eso se refiere Jesús cuando dice que Él nos envía al mundo como "signos de contradicción".

     
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