Sábado, 26 Julio 2014 14:26

Diálogo con un sacerdote guadalupano

Más que una entrevista, lo que les ofrecemos aquí es un diálogo con el p. Eduardo Chávez Sánchez, Director del Centro de Estudios Guadalupanos, Canónigo de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México. Nos interesaba mucho conversar con él porque, siendo uno de los mayores expertos en el mundo en el “hecho guadalupano” ha realizado en los últimos años una labor extraordinaria como predicador y comunicador, siendo muy conocido y muy apreciado como conferencista. Cuando se escucha al p. Eduardo uno se da cuenta de que no está transmitiendo simplemente un contenido, sino lo que vive realmente lo que dice y lo cree con el alma y el corazón. 

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Viernes, 25 Abril 2014 00:00

Viernes I de Pascua

Lecturas: Hch 4,1-12; Sal 117; Jn 21,1-14

Ser cristiano es ser signo de contradicción

Captación

La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos pone, inmediatamente luego de la Pascua, ante el panorama dramático y sorprendente de la persecusión terrible que sufrieron los cristianos en los primeros siglos de la Iglesia. Vemos a Juan y a Pedro ser llevados a un tribunal por anunciar públicamente la salvación de Jesucristo.

Cuerpo

Pero este panorama está muy lejos de ser un hecho coyuntural o accidental al cristianismo, o algo que vivió la Iglesia en el pasado. ¿No dijo el Señor a sus apóstoles "yo les envío como ovejas en medio de lobos"? La persecusión viene con el ser cristianos. En todos los siglos, como hoy, en muchos lugares de la tierra los cristianos sufren persecusión. Hay persecusiones sangrientas, como las que están sucediendo en la India y en el cercano oriente en el presente, y hay persecusiones "cotidianas", las que sufre inexorablemente cualquiera que se empeñe en amar a Dios y vivir su fe seriamente. Sin embargo, no todos son capaces de resistir los embates del mundo y su cultura de muerte, enemiga de Dios. Hay muchos quienes, debilitados en su fe, espiritualmente "desnutridos", ceden ante sus insinuaciones y tentaciones, y van asumiento como regla de vida y modo de pensar aquellos mundanos. La fe cristiana termina siendo para ellos un escándalo, o cuando menos una "exageración" [hace poco, en la Misa de canonización de José de Anchieta, el Papa Francisco hablaba de "la tentación de refugiarse en el escepticismo, en el "no exageremos"]; la idea de ser perseguido de algún modo o ser rechazado por su entorno a causa de la religión les repele tanto que prefieren ir cediendo espacios, reduciendo cada vez más su relación con Dios al ámbito extrictamente íntimo y personal. Pero es imposible de hacer sin al mismo tiempo comprometer esa relación en otros espacios de su vida personal.

Conclusión

¿Cuál es la respuesta? El Señor nos la da en el Evangelio. Él mismo nos envía diciéndonos "echad las redes a la derecha". La relación personal con Él lleva necesariamente al testimonio y al anuncio. En las lecturas de hoy está presente este binomo que nosotros debemos asumir como "regla" de comportamiento: oración y apostolado. Estas cosas van juntas.[El Papa Fracisco ha repetido varias veces que "la Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción". Quien se deja atraer por Jesús, siente la necesidad irremediable de comunicarlo a otros, para que a su vez se sientan atraídos por él.]

 
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Martes, 16 Abril 2013 00:00

Martes III de Pascua

Lecturas: Hch 7,51-8,1a; Sal 30; Jn 6,30-35

En búsqueda de "signos"

Captación

Estos hombres piden un signo. Tal vez son apropiadas para ellos aquellas palabras de Jesús: "Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás" (Mt 12,39). ¿Qué hay detrás de esta petición, que desde un punto de vista podría resultar comprensible o humana? Lo que hay es una profunda desconfianza y una velada búsqueda personal.

Cuerpo

El pedir "signos" es manifestación de una profunda inseguridad. Quien busca signos busca seguridades, algo que dé sentido a su acción o a su sistema de valores. No se trata de una búsqueda sincera del don de la fe, que se da a través del encuentro con la persona divina, sino de una búsqueda de seguridad persona tangible, material, sensorial. Por ello se le pide a Dios que se adecue a los criterios del mundo, en lugar de buscarlo a Él y buscar conocerlo. Hay en ese pedido de "signos" una búsqueda escéptica, materialista e hipócrita.

Este reclamo lo escuchamos en la sociedad actual con mucha frecuencia. La nuestra es una generación que no se cansa de pedir signos. Pero sabemos que los signos no convierten los corazones, sino el encuentro con Dios, que nos abre a la experiencia de la comunión y del amor verdadero. Esta sociedad exige, para poder creer, que la Iglesia cambie esto o aquello, que modere sus reglas, que no imponga sus mandamientos. Estos son los signos que se piden hoy. En otras palabras, se pone como condición para poder creer una religión hecha a la medida. ¿Hemos olvidado que nuestra religión no se basa en un sistema de reglas o de valores, sino en una persona?

Conclusión

Ningún cristiano está libre de esta "fiebre" escéptica, de buscar a como dé lugar que Dios "baje" a nuestro mundo y ratifique el sistema personal de valores que nos hemos construido, que de validez a nuestra religión personal. Es un riesgo que se acentua cuando se debilita la fe, cuando falta vida de oración y vida sacramental.

 
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Domingo, 03 Febrero 2013 00:00

Domingo IV del Tiempo Ordinario (C)

Lecturas: Jr 1,4-5.17-19; Sal 70; 1Cor 12,31-13,13; Lc 4,21-30

Un cambio inexplicable

Captación

En este episodio narrado por los Envangelios observamos que, en pocos minutos, se da un giro radical en la percepción que tienen de Jesús los oyentes. Primero se afirma que estaban maravillados de las palabras de gracia que salía de su boca. Unos instantes después, lo arrastran fuera de la ciudad para matarlo. ¿Qué pasó?

Cuerpo

Lo primero que debemos preguntarnos es: ¿qué causa tanta maravilla? Y lo segundo: ¿qué tuvo que pasar para que esa maravilla inicial se desavanezca y de paso, tan rapidamente, al odio asesino? Al parecer, lo que causaba maravilla en los oyentes era toda la persona de Jesús: sus palabras, sus gestos, su forma de hablar, su sabiduría, etc. Pero sabemos que en el fondo el anuncio de Cristo tiene como finalidad sucitar la fe en Él, no solo en cuanto hombre dotado de una serie de cualidades y poderes extraordinarios, sino como Mesías ["Hoy se cumple esta palabra que acabáis de oir"]. Pero es allí donde entra la maldad del hombre: sus prejuicios, sus malas intenciones, su envida y ese mal uso de su libertad que lo lleva a aferrarse a sus propios criterios, a su propio modo de ver las cosas. Estos hombres esperaban otro tipo de Mesías y por ello se escandalizan; Jesús es un ciudadano simple como ellos, hijo de algún conocido. ¿Acaso puede ser éste el Mesías? Es así como el entusiasmo inicial, superficial y subjetivo, lejos de dar paso a una fe más profunda, se transforma en rabia y en actitudes de sospecha; ahora se trata de "eliminar el obstáculo".

Conclusión

El Evangelio de hoy lleva consigo un poderoso mensaje: ¿cuál es nuestra propia concepción de Jesús? Creemos en Él, pero, ¿no nos escandalizamos también nosotros cuando las cosas no salen según nuestros deseos? Es nuestra fe en Cristo una fe verdadera, o es más bien una especie de sentimiento librado a merced de nuestra convenciencia o de nuestros estados de ánimo. ¿Qué tan profunda es la comprensión que tenemos acerca de quién es Jesús?

Otras Ideas

  • Se puede utilizar como "captatio" para una homilía, la siguiente anécdota: hace poco una persona me decía: "No es que no tenga fe o no crea en Dios, pero uno, al ver tanta maldad y sufrimiento, termina preguntándose, ¿es posible que Dios permita todo esto? Si verdaderamente existe, ¿porque permite que sucedan ciertas cosas?" En ello hay, por una parte, algo que forma parte del ser humano, que es su natural rebeldía frente al mal, sobre todo cuando se trata de un sufrimiento injusto o gratuito. Pero hay también, detrás de esta "reacción refleja", sobre todo si conlleva dudas concretas sobre la existencia de Dios o sobre su acción en la vida del hombre, una grave falta de comprensión de quién es Jesús. Y ante esa falta de comprensión unida a los propios criterios a los que se permanece aferrado, muchas veces la salida es el cinismo: una fe aparente, poco sólida, librada al vaivén de nuestro contexto y de las situaciones que nos presenta la vida. Y no pocas veces se toma la decisión, más o menos conciente, de marginar a Dios de la propia realidad presente, en cierto modo se le lleva al despeñadero y se le deja caer. ¿Podemos matar a Dios en nuestra consciencia?
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    Jueves, 31 Enero 2013 22:33

    Domingo IV TO (C) [Alvarado]

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