Domingo, 26 Julio 2015 00:00

Domingo XVII del Tiempo Ordinario 2015

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Viernes, 31 Mayo 2013 11:32

Solemnidad del Corpus Christi [Daum]

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Viernes, 31 Mayo 2013 11:30

Solemnidad del Corpus Christi [Alvarado]

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Viernes, 19 Abril 2013 00:00

Viernes III de Pascua

Lecturas: Hch 9,1-20; Sal 116; Jn 6,52-59

¿Qué es configurarse a Cristo?

Captación

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Es la pregunta que hacen algunos oyentes a Jesús, sorprendidos y escandalizados. ¿Realmente está queriendo decir lo que está diciendo? ¿Será una metáfora? ¿Está diciendo realmente que debemos comer su carne? A esto Jesús responde: "¡Han entendido bien!" Es eso lo que dice, precisamente. "El que no come la carne del Hijo del Hombre no tiene vida eterna".

Cuerpo

En este pasaje, la palabra "comer" sustituye a la palabra "creer". Anteriormente Jesús había dicho: "El que cree tiene vida eterna". Ahora dice: "Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". Así que Jesúe establece una clara relación entre creer en Él y comer su Cuerpo. De aquí podemos deducir que existe una profunda relación entre Fe y Eucaristía. No se puede tener verdadera Fe en Jesucristo, si no se participa en el sacrificio de la Eucaristía y no se recibe su Cuerpo como alimento. Ahora bien, decía un comentarista: no es que nosotros "comemos" la Eucaristía, sino que ella nos "come" a nosotros. Es un modo metafórico de decir que la Eucaristía nos asimilia a Cristo, nos lleva a Él. Eucaristía y Fe. Recibiendo a Cristo y escuchando su Palabra, mi inteligencia se asimila a la suya, mi mentalidad se asemeja a la suya, sus criterios se vuelven mis criterios y sus sentimientos mis sentimientos. Comienzo a vivir yo también en la comunión que vive Jesús con el Padre. Mis acciones comienzan a ser verdaderamente las acciones de un cristiano, las acciones de Cristo.

Así que Jesús nos plantea aquí una doble exigencia que es una doble necesidad. Y ellas se dan simultáneamente. Recibir su Cuerpo en la Eucaristía y creer en Él, son dos cosas que no se pueden separar.

Conclusión

Las palabras de Jesús nos invitan a tomarnos en serio el realismo de este sacramento. En la Eucaristía es verdaderamente a Jesús a quien recibimos. Al mismo tiempo, se nos invita a creer en Él, configurando nuestra vida a la suya.

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Miércoles, 17 Abril 2013 00:00

Miércoles III de Pascua

Lecturas: Hb 8,1b-8; Sal 65; Jn 6,35-40

Bueno como el pan

Captación

Se podrían escribir toneladas de páginas sólo sobre esta afirmación del Señor: "Yo soy el pan de la vida". Es característico del lenguaje de Jesús utilizar palabras simples y directas, así como imágenes tomadas de la vida cotidiana, para expresar verdades de una profundidad inabarcable. ¿Qué significa que el Señor se proclame así mismo "pan de la vida"?

Cuerpo

Ya que la imagen está tomada de la vida cotiana, vayamos a la vida cotidiana: el pan es probablemente una de las cosas más simples y valiosas de la vida. El pan es el alimento por excelencia, el prototipo de todo lo que puede alimentar al hombre. Cuando se habla de la necesidad de alimentarse se suele decir: "que no nos falte el pan". De hecho, en la oración del Padre Nuestro expresamos esto, refiriéndonos a "todo alimento". El pan es sencillo, bueno, fundamental. Con el pan se comparte, con el pan se comunica, el pan es vida. Pero en la oración del Padre Nuestro no nos referimos sólo al pan material. El pan es también símbolo del alimento espiritual. No es casual que Jesús haya elegido el pan como "vehículo" de su presencia sacramental entre nosotros. Como el pan material que alimenta nuestro cuerpo, existe un pan espiritual que alimenta nuestro espíritu. Las palabras de Jesús producen siempre el deseo de recibir ese pan: "Señor, danos siempre de ese pan", le dicen sus oyentes. El pan que ofrece Jesús es promesa de seguridad, de felicidad, de vida eterna. No existe nada en el mundo, por más bueno y deseable, que sea tan valioso como aquel pan que ofrece Jesús. Él mismo dijo a la Samaritana que quien lo tenga a Él como alimento, se convertiría él mismo en fuente que mana para la vida eterna. No existe deseo humano que no pueda ser colmado con este alimento de vida eterna.

Pues bien, ese "alimento" es el mismo Jesús su persona. Él afirma: "Yo soy el pan de la vida". Quien no experimenta fuertemente el deseo de Cristo, de acercarse a Él, de vivir en comunión con Él, todavía no lo ha conocido, no sabe quién es. Quien se encuentra con Él, en cambio, experimenta en su vida un deseo irresistible de estar con Él, de vivir con Él, y de que Él sea siempre el centro de su vida. De esta manera, cumplir su palabra deja completamente de ser una carga, se convierte en una felicidad indescriptible. Hay algo en Jesús que responde a la sed y al hambre más profundos que hay en el corazón humano.

Conclusión

¿Cómo está nuestra vida de encuentro con Jesús. Él ciertamenet nos conoce, ¿lo conocemos nosotros? ¿Lo conocemos suficientemente como para desear con toda nuestra vida estar con Él? No seamos conformistas con nuestro cristianismo. Debémos preguntarnos qué tenemos que hacer para sentirnos como esos hombres y esas mujeres que al escucharlo y al verlo, desearon dejarlo todo por seguirlo, por estar con Él para siempre.

 
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Miércoles, 27 Marzo 2013 23:42

Jueves Santo [Daum]

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Miércoles, 27 Marzo 2013 23:32

Jueves Santo [Alvarado]

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Sábado, 09 Marzo 2013 00:17

Domingo IV CUA (C) [1º y 2º lectura]

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Sábado, 09 Febrero 2013 00:00

Sábado IV del Tiempo Ordinario

p>Lecturas: Hb 13,15-17.20-21; Sal 22; Mc 6,30-34

El bueno uso del poder

Captación

Hay un paralelismo escondido entre el Evangelio que acabamos de escuchar y el que se proclamó el día de ayer. Pero es un paralelismo por contraposición. Es decir, ayer veíamos a Herodes organizando un banquete y haciendo uso de su poder para congraciarse con una bella joven. El uso que hace Herodes de su poder, termina traicionándolo, ya que se siente obligado a degollar a Juan por no faltar a una promesa. En el caso de Jesús, el poder está al servicio de la compasión

Cuerpo

Así es que el poder tiene siempre estas dos posibilidades: puede devolver la vida a los demás, puede ser un instrumento de servicio, y puede aplastar a los demás por ser obstáculos para el dominio, auténticos enemigos. Es la más antigua de las antinomias que reina en el corazón del hombre: amor y egoismo. Al banquete de Herodes se opone radicalmente el banquete de la Eucaristía, figurado y representado también en la multiplicación de los panes. Jesús siente compasión de nosotros, sabe que andamos como ovejas sin pastor [Es muy significativo que hoy la liturgia nos ofrezca el bellísimo salmo 22, "el Señor es mi Pastor, nada me falta"], sabe que necesitamos el alimento espiritual que nos dé la vida verdadera.

El mundo está lleno de "pastores". Algunos son como Herodes, que viven por los banquetes mundanos y mueren en ellos, y usan su poder para arrastrar a otros consigo. Jesús, en cambio, es el Pastor bueno que conduce a sus ovejas a los pastos de la vida eterna. El hombre muchas veces no es malo, pero elige mal a sus "pastores". Va detrás de espejismos y de ilusiones. Jesús tiene un "modo" de ejercer el poder que parece menos atractivo a los ojos del mundo.

Conclusión

Y nosotros, ¿seguiremos ignorando al Señor? ¿Seguiremos ignorando su corazón lleno de compasión por nosotros mismos, que tantas veces erramos por el mundo, por nuestro pequeño mundo, como esas ovejas hambrientas? Acudamos a Jesús. Elijámoslo a Él como nuestro Pastor, nuestro único Pastor.

Otras Ideas

  • Es interesante considerar lo que Jesús hace con su sentimiento de compasión. ¿Cuál es el verdadero pan? ¿El material o el espiritual? Jesús siente compasión porque ve corazones vacíos, necesitados de sentido, sedientos de eternidad. Su compasión, pues, es de un carácter muy superior, es una compasión que recoge el lamento de las fibras más profundas del sufrimiento humano, y se siente solidario con él.
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    Jueves, 14 Junio 2012 23:01

    Las "marías de los sagrarios"

    [La siguiente historia tiene que ver con la vida del famoso “Arcipreste de Huelva”, el Beato Manuel Gonzales García, quien fue conocido por su extraordinario amor por la Santísima Eucaristía. Puede utilizarse como introducción para hablar de “la fuerza transformadora” de la Eucaristía.]

    Huelva era entonces, en términos pastorales, una ciudad difícil. Los sectores hostiles a la Iglesia Católica habían hecho una siembra abundante de cizaña en medio de una escasa cosecha de trigo. La acción conjunta del laicismo masónico, las injusticias sociales, la influencia protestante, y los brotes violentos del extremismo anticlerical, había debilitado de forma alarmante la vida religiosa de la ciudad. Ante todo este ambiente hostil, el arma que utilizó el Beato González García fue promover y difundir la devoción eucarística. Lo que sigue se refiere a la fundación de una asociación de mujeres llamada “Las Marías de los Sagrarios”.

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