Martes, 04 Agosto 2015 00:00

Martes XVIII del Tiempo Ordinario 2015

Publicado en Ideas para hoy
Viernes, 22 Marzo 2013 00:00

Viernes V de Cuaresma

Lecturas: Jr 20,10-13; Sal 17; Jn 10,31-42

El problema de la ceguera y la sordera

Captación

Tengamos algo presente en relación con este Evangelio. Aquellos que pretenden lapidar a Jesús no son "los malos". Son aquellas personas que por más de 2 mil años han esperado al Mesías; creen en Dios y tratan de cumplir los preceptos que les impone la Ley, es decir, aquellos que transmitió el mismo Dios por intermedio de Moisés. Sin embargo, son estos mismos hombres los que quieren eliminar al Mesías. ¿Porqué?

Cuerpo

La respuesta más evidente es que no creen que Jesús sea el Mesías. Pero, ¡qué es lo que les impide creer, o porqué no quieren creer? La respuesta la dan ellos mismos cuando afirman que le motivo por el cual quieren apredrear a Jesús es por su blasfemia de proclamarse Dios. Pero lo interesante es la afirmación previa de Jesús: "os he hecho ver muchas obras". Aquí hay, entonces, un problema de sordera y de ceguera. Estos judíos están sordos a la predicación de Jesús y están ciegos a sus obras. Y lo que está detrás de ello es un fuerte prejuicio, o un juicio pre-formado; tienen una idea preconcebida acerca de cómo debería ser y actuar el Mesías, e incluso de qué cosa debería decir y qué cosa no. Pero también aparecen personas sensatas en los Evangelios, entre los mismos judíos, incluso entre los maestros de la ley, algunos que tienen la libertad de cuestionar sus propios criterios y saben que el mal cae por su propio peso; son más prudentes. La pregunta de Jesús contiene una aguda ironía: ¿por cuál de sus obras quieren apedrearlo? Es una manera de poner en evidencia su incapacidad de ver la realidad que está delante de ellos. ¿Qué otras pruebas quieren?

Conclusión

¿Cuáles son nuestras ideas pre-concebidas acerca de Dios, acerca de su modo de pensar y de actuar? Un poco de ceguera y de sordera padecemos todos, cada vez que atribuimos a Dios un comportamiento que pertenece a los hombres. Hay en ello una incapacidad para creer en Él. Por ejemplo, cuando creemos que Él ama como nosotros, o perdona como nosotros, o que nos impone cargas como un jefe impone cargas a sus empleados. Y entonces viene la rebeldía y el rechazo.

 
Publicado en Ideas para hoy
Lunes, 11 Marzo 2013 00:00

Lunes IV de Cuaresma

Lecturas: Is 65,17-21; Sal 29; Jn 4,43-54

El dilema de la fe y los signos

Captación

Estas palabras del Señor ponen en el centro de nuestra atención el problema de la fe: ¿qué es la fe? ¿qué significa creer? Por un lado nos demuestran que hay un lazo profundo entre el acto de la fe y los signos que Dios pone al alcance del hombre. Pero por otra parte, el Señor parece decir que creer a través de los signos es una forma de fe imperfecta: "si no veis signos no creeis". Pero los seres humanos necesitamos de signos, ¿no es así? ¿Cómo podemos resolver este dilema?

Cuerpo

El problema, en realidad, no es tanto "creer en los signos", sino qué lugar damos nosotros a los signos. La gran diferencia aquí es aquella que existe entre la verdadera fe y la idolatría. El Señor Jesús no condena una fe que se sirve de los signos o que surge gracias a ellos, sino una fe que pone condición para poder creer la producción de algún signo, algo que "garantice" o "asegure" la acción de Dios: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." Estas palabras de Jesús son una crítica a la incredulidad. Y la incredulidad que va en busca de signos que garanticen su fe es pura idolatría, pues el signo se convierte en un ídolo; en ello también hay mucho de superstición. Pero, ¿qué es lo que nos pide Jesús? Él nos pide creer en su Palabra, y es ella la base sobre la cual se debe apoyar nuestra fe. Los signos seguirán existiendo, porque Dios actúa por medio de signos; el evento principal de nuestra fe cristiana, lo que le da significado, que es la resurrección de Cristo de entre los muertos, es un signo. Así que sería tonto rechazar o minusvalorar los signos. El problema está en que los signos ocupen el lugar que debe ocupar nuestra relación personal con el Señor, que es una relación basada en el amor y en la confianza. Creer en Él y creerle a Él, creer en su Palabra.

Conclusión

Tal vez todo esto resulta un poco confuso. ¿Qué debemos hacer? ¿Creer o no creer en los signos? ¿Qué tan importantes son en nuestra vida? El dilema se puede resolver de la siguiente manera: existe una fe imperfecta que busca el signo para poder creer; existe una fe inicial, buena, pero no perfecta, la que contempla el signo y cree; pero existe una fe más perfecta, aquella que cree en la Palabra, aún sin haber visto ["Porque has visto has creído, dichosos los que creen sin haber visto" (Jn 20,29)]. Así que la pregunta es si nos podemos fiar de la Palabra de Dios. Del a palabra de los hombres, muchas veces no, pero de la Palabra de Dios, quien no deja "una iota sin cumplir", ciertamente debemos creer.

 

Publicado en Ideas para hoy
Jueves, 31 Enero 2013 22:37

Domingo IV TO (C) [Villapizzone]

Publicado en Materiales

Copyright © 2012 Arte de Predicar. Todos los derechos reservados.
Si deseas escribirnos puedes hacerlo desde aquí

Desarrollado por
VE Multimedios