Viernes, 27 Marzo 2015 00:00

Viernes V de Cuaresma 2015

Viernes V CUA (I) / Jr 20,10-13 / Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 / Jn 10,31-42 / Fariseismo / Hipocrecía / Parresía / Amor a Dios / Criterios del mundo / Escotosis / Mentira existencial

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Martes, 26 Febrero 2013 00:00

Martes II de Cuaresma

 

Lecturas: Is 1,10.16-20; Sal 49; Mt 23,1-12

La hipocrecía y la incoherencia

Captación

La hipocrecía y el afán de figuración tienen una gran capacidad para convertir en mal todo el bien. Es una instrumentalización del bien con el fin de obtener un beneficio personal: aparecer ante los demás como una persona virtuosa. Detrás de esa aparente virtud se esconde una gran mentira.

Cuerpo

El Señor en muchas ocasiones devela la hipocrecía de los Fariseos, pero tiene mucho cuidado en distinguir el bien y el mal: hacer lo que enseñan pero no imitar su hipocrecía. El problema no está tanto en las normas que enseñan, que en sí mismas son buenas, sino en las motivaciones que nos deben llegar a perseguirlas. No debe ser el afán de "aparecer" ante los demás y de proyectar una determinada imagen, sino glorificar a Dios.

El problema es que la hipocrecía lleva a convertir todas las instancias de bien que la vida nos ofrece, en cuanto oportunidades para servir y hacer el bien, en una especie de trampolín para conquistar ideales egoístas. La hipocrecía es una incoherencia crónica. "Se sientan en la silla de Moisés", es decir también el poder que ha sido dado para enseñar y servir se convierte en un instrumento de dominio y de opresión, dando incluso escándalo. "Dicen y no hacen", de modo que también la palabra se convierte en un instrumento para la mentira, en lugar de ser portadora de verdad.

Conclusión

El examen de conciencia que debemos hacer tiene que ver con las incoherencias que hay en nuestra vida, que son pequeñas o grandes hipocrecías similares a las de los Fariseos. Pero un poco incoherentes somos todos, el problema está en aquellas incoherencias que se han vuelo crónicas, como hábitos o vicios.

Otras Ideas

  • Los Fariseos buscan la gloria del mundo, la vana gloria. Pero el problema no está en la gloria misma, que es un deseo humano natural. Dios no es enemigo de nuestra "gloria"; el problema está en buscar la gloria fuera de Dios: "el que se humille será ensalzado".
  • Aquí se habla de un "fardo pesado", en contraposición con el "yugo suave" de Jesús. Los fariseos imponen estos pesos sobre las espaldas de las personas, los cuales se convierten en una piedra de tropiezo y en un obstáculo para la vida religiosa. La carga suave que impone Jesús, en cambio, es un camino hacia la santidad, un camino de realización, pues no supone el dominio egoísta e hipócrita, sino el amor auténtico y la verdad.
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    Viernes, 19 Octubre 2012 00:00

    Viernes XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Ef 1,11-14; Sal 32; Lc 12,1-7

    Cuidado con la mala levadura

    Captación

    Estas palabras de Jesús vienen justo después de los discursos tan afilados y recios que el Maestro lanza contra los Escribas y Fariseos. Justo antes de este pasaje San Lucas señala que a partir de este momento, los maestros de la Ley se dispusieron radicalmente contra Jesús y comenzaron a cuestionarlo y a tenderle trampas con el objeto de desprestigiarlo y matarlo. Pero mientras ellos tratan de eliminar a Jesús, la gente se atropeya por seguirlo y escucharlo.

    Cuerpo

    A estas masas que se atropeyan por escuchar a Jesús Él les dice: "Cuidado con la levadura de los Escribas y Fariseos, que es su hipocrecía". Jesús se refiere al "espíritu de la existencia", es decir el modo concreto de vivir que se convierte en feremento de nuestra existencia. La levadura de los fariseos, es decir, su modo de vivir es la hipocrecía. Todos podemos caer en la tentación de ser hipócritas en determinadas circunstancias, pero otra cosa es vivir una hipocrecía existencial, que es lo que Jesús critica en ellos. Esto significa que ya no importa quién se es realmente, sino quién se aparenta ser. El vicio de la hipocrecía está relacionado con la imagen personal frente a los demás. La motivación del actuar no es el amor por la verdad o por el prójimo, sino el amor por la propia imagen frente a los demás y el afán de defender una serie de cosas que forman parte de mi apariencia, en las que se ponen toda la seguridad personal. Es una manía que implica no aceptarse a sí mismo y querer ser algo que no se es. Por esto el Señor afirma que "no hay nada escondido que no será descubierto", pues esta búsqueda vana de la imagen en el fondo es una ilusión que no se sostiene y tarde o temprano revela su aguda mentira. Es una dinámica auto-destructiva. En oposición a este tipo de "levadura", está el principio que dona Jesús, que es el Espíritu que conduce a la Verdad.

    Conclusión

    ¿Cuál es el principio de mi propia vida? es lo que debemos preguntarnos. La no-aceptación de uno mismo y el afán por ser algo que no se es, que deriva en hipocrecía, es el principio de todos los males; conduce a vivir siempre en la mentira y alimentarse de ilusiones. Y el problema de esto es que nos impide adherirnos a la verdad que Jesús nos ofrece. Debemos desenmascarar nuestras hipocrecías y nuestra mentira existencial para poder acercarnos a la luz de la verdad que nos ofrece Jesús. 
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    Miércoles, 17 Octubre 2012 00:00

    Miércoles XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Gal 5,18-25; Sal 1; Lc 11,42-46

    ¡Ay de nosotros!

    Captación

    Estas palabras expresan un gran enfado por parte de Jesús contra los que deberían ser "maestros de la ley" y en cambio se convierten en piedra de escándalo por su doblez y su hipocrecía. Pero no nos confundamos. Jesús no condena el cumplimiento de la Ley. De hecho en otra circunstancia afirma: "Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican" (Mt 23,3). Lo que Jesús critica es el hecho de poner el cumplimiento escrupuloso de preceptos por encima de ciertas cosas más importantes como la justicia, la misericordia, la fidelidad, la comprensión.

    Cuerpo

    Al parecer Jesús pronunció no una vez sino varias veces aquellas famosas y duras críticas contra los fariseos y escribas, poniendo a la luz su hipocrecía. En el Evangelio de hoy lo hace en casa de un fariseo que lo invita a comer. En el Evangelio de Mateo, en cambio, lo hace en un discurso público, frente a un gran número de gente. De hecho había una doble intención en las palabras de Cristo; en primer lugar, desenmascarar a aquellos que se hacían pasar por maestros, pero de ningún modo constituían un ejemplo para el pueblo; y en segundo lugar llamar a la conversión tanto a ellos, como a todos sus oyentes. Todos los que escuchaban esas palabras de Jesús en mayor o menor medida podían sentirlas como un reproche personal, pues todos los seres humanos, cada uno de diferente forma, podemos ser hipócritas e incoherentes. Sin duda alguna, nuestro camino hacia un cristianismo cada vez más auténtico y verdadero, pasa por la eliminación progresiva de todos nuestros dobleces, hipocrecías y auto-engaños.

    Conclusión

    Así es que cada uno de nosotros debe aceptar estas palabras de Jesús como una seria llamada de atención, y tal vez conviene decir para sí mismo: ¡ay de mí!, que doy lo justo y necesario para pacificar mi conciencia, pero no hago verdaderas obras de caridad; ¡ay de mí!, que soy esclavo de la vanidad, buscando que la gente me admire y me alabe, sin importarme ser auténtico; ¡ay de mí!, que juzgo a los demás y les exijo cosas que yo mismo no soy capaz de cumplir.

    Otras Ideas

  • Este tema de la relación entre "ley" y "libertad" también puede ser una ocasión para explicar los dos extremos en que se puede caer, al no comprender bien dicha relación: un extremo es el excesivo legalismo, que pone demasiado peso en las normas y preceptos convirtiéndolos en una justificación para no ejercer el amor y la misericordia; el otro extremos es una libertad mal usada, que desprecia ciertas normas o las pone en cuestión, con el pretexto de atender a un ideal superior, como puede ser también el "amor" y la "misericordia", pero mal entendidos. En este último caso entran por ejemplo aquellos que relativizan el valor de ciertas normas de la Iglesia con el pretexto de atender a una necesidad concreta, que demandaría pasar por encima de esas normas.
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    Martes, 16 Octubre 2012 00:00

    Martes XXVIII del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Gal 5,1-6; Sal 118; Lc 11,37-41

    El fariseismo de siempre

    Captación

    En muchos episodios que relatan los Evangelios aparece Jesús en polémica con los fariseos. Y lo que Jesús más critica en este grupo social es lo que nosotros hoy llamamos "fariseismo", algo muy presente también en nuestra sociedad actual. El fariseísmo, en los tiempos de Jesús era una distorsión de la religión, pues consistía en el intento de basar toda la relación personal con Dios en una especie de "ética religiosa", reduciéndolo todo al cumplimiento estricto de leyes y preceptos hasta en los más mínimos de talles. La consecuencia de esto era una práctica religiosa basada en lo externo y, por lo tanto superficial, y la separación tan radical como artificial entre "justos" y "pecadores".

    Cuerpo

    Pero podemos decir también que existe un "fariseismo" actual, que tiene una dimensión más amplia, y consiste en una cierta rectitud externa que puede estar basada tanto en principios éticos como en el cumplimiento de preceptos religiosos, pero no es expresión de una verdadera rectitud interior o espiritual, sino que en muchos casos se le contrapone [Esto lo vemos en un gran número de cristianos que afirman creer en Dios e incluso se denominan "cristianos practicantes", pero no dejan de ser exponentes, para muchos otros aspectos de su vida, de una verdadera mentalidad mundana que es en realidad su verdadero modo de ver la realidad, aunque con un barniz externo de piedad o de práctica religiosa.]. Ahora bien, en esto hay grados, y todos, en mayor o menor medida, somos víctimas de este fariseísmo, que es un tipo de hipocrecía, una hipocrecía religiosa. Somos fariseos cuando creamos en nuestra vida una separación tal entre lo religioso y lo social, que no estamos dispuestos a aplicar nuestros principios religiosos y nuestra fe a muchos ámbitos de nuestra vida ordinaria. Por ejemplo, voy a misa algunos domingos del año, o incluso todos los domingos, pero en muchas circunstancias son condescendiente con ambientes, lugares, actividades, personas o cosas, con están en absoluto contraste con el Evangelio. Pero la consecuencia de esto es muy grave: el mundo va ganando cada vez más espacio en nosotros y pervierte nuestra mente y nuestros pensamientos con su mentalidad, que es poderosa y sugestiva.

    Conclusión

    ¡No nos equivoquemos! Jesús no dirige estas reprensiones a "otros" que, a diferencia de nosotros, viven en la hipocrecía. Todos, en mayor o menor medida, somos víctimas del fariseismo y de la tibieza en el modo de vivir nuestro cristianismo, y hoy el Señor nos dirige esta llamada fuerte a la conversión y a un mayor compromiso personal con su Evangelio.

    Otras Ideas

  • El fariseismo es el apego excesivo y superficial a las leyes y preceptos. Pero es también un error contraponer una cierta "espiritualidad interior" al cumplimiento de normas. Con esta escusa muchos cristianos dejan de cumplir con ciertos preceptos, pues los consideran artificiales y alegan vivir su catolicismo de una manera más auténtica, más "espiritual". Pero, ¿es cierto esto? En realidad Jesús nunca criticó el cumplimiento de los preceptos. ¡Él mismo fue cumplidor de los preceptos de la ley! Lo que Él critico fue la doblez en la práctica religiosa, de cumplir externamente con una lista interminable y excesiva de normas detallistas, y al mismo tiempo no vivir una religiosidad interior más auténtica, por ejemplo, en el ejercicio de la caridad.
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