Viernes, 19 Abril 2013 00:00

Viernes III de Pascua

Lecturas: Hch 9,1-20; Sal 116; Jn 6,52-59

¿Qué es configurarse a Cristo?

Captación

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Es la pregunta que hacen algunos oyentes a Jesús, sorprendidos y escandalizados. ¿Realmente está queriendo decir lo que está diciendo? ¿Será una metáfora? ¿Está diciendo realmente que debemos comer su carne? A esto Jesús responde: "¡Han entendido bien!" Es eso lo que dice, precisamente. "El que no come la carne del Hijo del Hombre no tiene vida eterna".

Cuerpo

En este pasaje, la palabra "comer" sustituye a la palabra "creer". Anteriormente Jesús había dicho: "El que cree tiene vida eterna". Ahora dice: "Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". Así que Jesúe establece una clara relación entre creer en Él y comer su Cuerpo. De aquí podemos deducir que existe una profunda relación entre Fe y Eucaristía. No se puede tener verdadera Fe en Jesucristo, si no se participa en el sacrificio de la Eucaristía y no se recibe su Cuerpo como alimento. Ahora bien, decía un comentarista: no es que nosotros "comemos" la Eucaristía, sino que ella nos "come" a nosotros. Es un modo metafórico de decir que la Eucaristía nos asimilia a Cristo, nos lleva a Él. Eucaristía y Fe. Recibiendo a Cristo y escuchando su Palabra, mi inteligencia se asimila a la suya, mi mentalidad se asemeja a la suya, sus criterios se vuelven mis criterios y sus sentimientos mis sentimientos. Comienzo a vivir yo también en la comunión que vive Jesús con el Padre. Mis acciones comienzan a ser verdaderamente las acciones de un cristiano, las acciones de Cristo.

Así que Jesús nos plantea aquí una doble exigencia que es una doble necesidad. Y ellas se dan simultáneamente. Recibir su Cuerpo en la Eucaristía y creer en Él, son dos cosas que no se pueden separar.

Conclusión

Las palabras de Jesús nos invitan a tomarnos en serio el realismo de este sacramento. En la Eucaristía es verdaderamente a Jesús a quien recibimos. Al mismo tiempo, se nos invita a creer en Él, configurando nuestra vida a la suya.

Publicado en Ideas para hoy
Jueves, 04 Abril 2013 00:00

Jueves I de Pascua

Lecturas: Hch 3,11-26; Sal 8; Lc 24,35-48

¿Porqué tenemos dudas?

Captación

¿Porqué nos asustamos? ¿Porqué surgen dudas en nuestro corazón? Tal vez estas preguntas realizadas por Jesús a sus apóstoles nos las debemos poner nosotros. Como ellos, tenemos la certeza de que Jesús ha resucitado, y conocemos lo suficiente acerca de esta verdad. Pero muchas veces ella no tiene una insidencia real en todos los aspectos de nuestra vida. Tal vez no tenemos dudas sobre la existencia de Dios, pero sí sobre muchas de las cosas que exige la fe en Cristo. Sus mandamientos nos asustan, o al menos nos causan dudas.

Cuerpo

Tal vez no debemos ver estas preguntas de Jesús como un reproche dirigido a sus apóstoles. De hecho, en medio de un contexto político convulsionado y de las muchas preguntas que habrán pasado por la mente de estos hombres, era perrfectamente comprensible la confusión y las dudas. De ello, no podemos hacer cargo a los seguidores de Cristo. Pero su cuestionamiento ciertamente apunta a sacar a la luz su falta de fe, una fe todavía débil, todavía insipiente, todavía poco convencida. ¡Ese es el origen de las dudas! De hecho, quien arraiga su vida en una fe profunda, nada tema y nada le causa verdadera confusión. Pero el momento de la fe plena, habría de llegar también para los apóstoles. Uno a uno derramarán su sangre confesando a Cristo. ¿Hay una fe más grande que esta?

Así que el origen de las dudas y del miedo frente a Cristo y frente a la vida cristiana proviene de la falta de fe. Quien tiene fe, abre sus ojos a la verdad y es capaz de dar la vida por ella. Para quien no tiene fe, todo es relativo, la verdad se ve a medias, y se es fácilmente presa de la confusión y del auto-engaño. No se ve claramente la verdad y todo resulta cuestionable o poco creible.

Conclusión

¿Cuánta es nuestra fe? Tal vez somos muy prontos a cuestionarlo todo, a cuestionar a la Iglesia, a cuestionar sus enseñanzas; pero en ello estamos poniendo en cuestión al mismo Cristo. Es por eso que Él nos pregunta: ¿Porqué temes? ¿Porqué surgen dudas en tu corazón? ¿Porqué no me crees? Porque creemos que lo que poseemos nos da seguridad y felicidad, aunque ellas sean relativas o pasajeras. En otras palabras, porque no tenemos fe, o tenemos una fe muy débil, poco informada, poco ejercida. Pero el único modo de encontrar la fe es buscarla y vivirla ayudados por el testimonio de quienes ya la encontraron.

 
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