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Miércoles, 24 Abril 2013 14:42

Miércoles IV de Pascua

Lecturas: Hch 12,24-13,5; Sal 66; Jn 12,44-50

El resultado de rechazar a Jesús

Captación

¿Dios castiga la indiferencia de los hombres? Muchas veces se ha dicho que Dios castiga, pero siempre en el sentido de que corrige a quien necesita ser corregido. Pero Dios no "se venga" de las injusticias cometidas por los hombres, ni de su indiferencia frente a su Palabra o frente a sus mandamientos. En realidad es el hombre quien se condena a sí mismo con sus actos.

Cuerpo

Jesús afirma que el "no juzga", porque no ha venido a juzgar sino a perdonar y a salvar. Pero para que el hombre sea salvado, se requiere de la libertad humana. Decía San Ireneo: "Dios que te creó sin tu consentimiento, no te salvará sin tu consentimiento". La verdadera "condena" viene, pues, del hombre mismo, de su indiferencia y de su rechazo de la Palabra de Dios. Por eso, quien no acepta su Palabra, es juzgado por esa misma Palabra, que es la Verdad. La Verdad se manifestará plenamente y dejará al descubierto todas nuestras mentiras e hipocrecías: ese será el verdadero juicio. No hay juicio más radical y justo que ese. Por el otro lado en cambio, quien acepta dócilmente la Palabra de Jesús, vive en la luz, "es de la luz" y recibe en herencia la promesa extraordinaria de Jesús, de que nunca perecerá y nunca caerá en las tinieblas. Así que todo se reduce a creer o no creer en la Palabra de Cristo, que es muy clara y que se nos anuncia de manera directa y sin ambajes. Y creemos no sólo con nuestra mente, sino con nuestras acciones. Creer a Jesús significa adherirse a su Palabra y tomarla como norma de comportamiento, y tomarlo a Él como modelo de vida, norma de la existencia. Quien no escucha, ya ha sido juzgado por la misma Palabra a la que no escuchó

Conclusión

¿Creo verdaderamente en Jesús? ¿Ello se expresa en mi vida, en mis pensamientos, sentimientos y acciones? El cristianismo en el fondo es algo muy pragmático. No se trata de teorías o de creer, como dice el Papa Francisco en "Dios spray", sino en escuchar y obedecer a la persona de Jesús. [En el número 2 de la Encíclica Spe Salvi, dice Benedicto XVI que el cristianismo no es una religión "informativa", sino fundamentalmente "performativa".]

 
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Martes, 12 Febrero 2013 00:00

Martes V del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gn 1,20-2,4a; Sal 8; Mc 7,1-13

Jesús declara la guerra a la hipocrecía

Captación

Las palabras de Jesús contra escribas y fariseos, en lo que se refiere a ciertas prácticas y al seguimiento ciego de tradiciones externas que se concentran en la forma sin atender al significado espiritual, son extraordinariamente duras. Pero no debemos ver en esta declaración de Cristo, exclusivamente, una crítica a estos maestros de la ley, sino también una declaración de guerra a toda hipocrecía que coloca al hombre en la vía de la mentira existencial.

Cuerpo

La hipocrecía puede ser un pecado, como muchos otros, sobre todo cuando es vivida en plena conciencia de los propios actos y con el propósito claro de ocultar la verdad para lograr algún bien terreno, como puede ser ocupar algún puesto importante o aparecer ante los otros deliberadamente como personas sabias o dignas de admiración. Pero al mismo tiempo, cuando se convierte en un vicio recurrente o en un estado permamente de la persona [tal vez podríamos hablar de "hipocrecía espiritual", tiene el poder de sumir a la persona en un estado de total enajenación de la realidad, de "mentira existencial". De hecho, la fuerza con la que Jesús critica a estas autoridades y denuncia su hipocrecía poniendo a la luz la mentira que yace detrás de su aparente rectitud moral y talla espiritual, constituye un fuerte llamado a despertar la conciencia del letargo y del engaño de la ilusión a que conduce vivir sólo por las apariencias. Jesús, definitivamente, en diversos momentos, se declara "en guerra" contra la hipocrecía.

Conclusión

No sólo aquellos escribas y fariseos. También nosotros podemos ser muchas veces víctimas de nuestros propios engaños e ilusiones. El hombre de hoy, podría decir, vive de apariencias. La importancia del "ser" cede cada vez más su lugar al simple "aparecer". Las consecuencias de este proceso de "degradación" de la propia identidad y de la conciencia son nefastas.

Otras Ideas

  • Estas palabras del Señor nos recuerdan que debe existir una relación esencial entre las obras y la fe sincera en Dios. La "hipocrecía" de los Fariseos se entiende también como una especia de "fijación" en las obras externas, sin dar más importancia a la esencialidad de esos actos, a la fe o al fondo espiritual que es su fundamento. Las obras en sí mismas, pueden convertirse en actos vacíos, carentes de fondo espiritual y, por lo tanto, estériles desde su origen.
  • Publicado en Ideas para hoy
    Martes, 05 Febrero 2013 00:00

    Martes IV del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Hb 12,1-4; Sal 21; Mc 5,21-43

    No basta "tocar" al Señor, hay que tener fe

    Captación

    En este pasaje del Evangelio hay una cosa muy clara: el Señor busca suscitar nuestra fe a través del encuentro personal con Él. La religión cristiana no es una especie de magia, en la que gracias a la realización de una serie de ritos, obtenemos un resultado espiritual. La fe cristiana es principalmente "encuentro" con una persona.

    Cuerpo

    Los dos casos que narra el Evangelio de hoy son muy impresionantes; pero llama particularmente la atención la actitud de Jesús para con esta mujer que, en su desesperación, quiere obtener una curación tocando el manto de Jesús. Pero, ¡oh maravilla! efectivamente "una fuerza" sale del Señor y Él se da cuenta. Pero es aquí donde viene lo interesante, Jesús no se queda tranquilo y pregunta por la mujer hasta que da con ella. Los mismos apóstoles se preguntan para qué tanto afán en dar con esta persona.

    Es que el Señor sabe que la fe es necesaria. Ella tiene que "ver a Jesús", encontrarse con Él y comprender que la religión que Él ha venido a instituir no es un mero ritualismo, sino una experiencia de relación y personal. Sólo entonces Jesús puede decir a esta persona: "tu fe te ha salvado".

    Conclusión

    La verdadera experiencia cristiana es la que se da en el encuentro personal con Cristo. Muchas cosas podemos hacer desde el punto de vista espiritual; incluso, a través de muchas prácticas de piedad, tal vez el Cielo nos conceda algunas gracias. Pero no para eso para lo que el Señor Jesús vino al mundo. Vino a anunciar una nueva relación entre los hombres y Dios; una relación ya no dominada por el temor o por una justicia positiva y equitativa, sino por el amor, la caridad y la misericordia.

     

    Publicado en Ideas para hoy
    Jueves, 07 Junio 2012 22:47

    No existe fe verdadera sin obras

    «No cree verdaderamente sino quien, en su obrar, pone en práctica lo que cree. Por eso, a propósito de aquellos que de fe no poseen más que palabras, dice San Pablo: profesan conocer a Dios, pero le niegan con las obras».

    (San Gregorio Magno, In Ev. Hom 26,9)

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