Miércoles, 17 Octubre 2012 00:00

Miércoles XXVIII del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gal 5,18-25; Sal 1; Lc 11,42-46

¡Ay de nosotros!

Captación

Estas palabras expresan un gran enfado por parte de Jesús contra los que deberían ser "maestros de la ley" y en cambio se convierten en piedra de escándalo por su doblez y su hipocrecía. Pero no nos confundamos. Jesús no condena el cumplimiento de la Ley. De hecho en otra circunstancia afirma: "Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican" (Mt 23,3). Lo que Jesús critica es el hecho de poner el cumplimiento escrupuloso de preceptos por encima de ciertas cosas más importantes como la justicia, la misericordia, la fidelidad, la comprensión.

Cuerpo

Al parecer Jesús pronunció no una vez sino varias veces aquellas famosas y duras críticas contra los fariseos y escribas, poniendo a la luz su hipocrecía. En el Evangelio de hoy lo hace en casa de un fariseo que lo invita a comer. En el Evangelio de Mateo, en cambio, lo hace en un discurso público, frente a un gran número de gente. De hecho había una doble intención en las palabras de Cristo; en primer lugar, desenmascarar a aquellos que se hacían pasar por maestros, pero de ningún modo constituían un ejemplo para el pueblo; y en segundo lugar llamar a la conversión tanto a ellos, como a todos sus oyentes. Todos los que escuchaban esas palabras de Jesús en mayor o menor medida podían sentirlas como un reproche personal, pues todos los seres humanos, cada uno de diferente forma, podemos ser hipócritas e incoherentes. Sin duda alguna, nuestro camino hacia un cristianismo cada vez más auténtico y verdadero, pasa por la eliminación progresiva de todos nuestros dobleces, hipocrecías y auto-engaños.

Conclusión

Así es que cada uno de nosotros debe aceptar estas palabras de Jesús como una seria llamada de atención, y tal vez conviene decir para sí mismo: ¡ay de mí!, que doy lo justo y necesario para pacificar mi conciencia, pero no hago verdaderas obras de caridad; ¡ay de mí!, que soy esclavo de la vanidad, buscando que la gente me admire y me alabe, sin importarme ser auténtico; ¡ay de mí!, que juzgo a los demás y les exijo cosas que yo mismo no soy capaz de cumplir.

Otras Ideas

  • Este tema de la relación entre "ley" y "libertad" también puede ser una ocasión para explicar los dos extremos en que se puede caer, al no comprender bien dicha relación: un extremo es el excesivo legalismo, que pone demasiado peso en las normas y preceptos convirtiéndolos en una justificación para no ejercer el amor y la misericordia; el otro extremos es una libertad mal usada, que desprecia ciertas normas o las pone en cuestión, con el pretexto de atender a un ideal superior, como puede ser también el "amor" y la "misericordia", pero mal entendidos. En este último caso entran por ejemplo aquellos que relativizan el valor de ciertas normas de la Iglesia con el pretexto de atender a una necesidad concreta, que demandaría pasar por encima de esas normas.
  • Publicado en Ideas para hoy

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