Miércoles, 27 Febrero 2013 00:00

Miércoles II de Cuaresma

Lecturas: Jr 18,18-20; Sal 30; Mt 20,17-28

¿Cuál es nuestra gloria?

Captación

Aquí la pregunta importante es, ¿dónde está nuestra gloria? Existe una verdadera gloria, que es la de nuestra participación en la vida gloriosa de Dios. Y existe también una "gloria vana". Este pasaje de la Escritura es una verdadera radiografía de la ceguera del hombre frente a la gloria. Así aque todo se juega en conocer la verdadera gloria, o buscar glorias mundanas.

Cuerpo

El ser humano es muchas veces un esclavo de la vanagloria, de la búsqueda de reconocimiento terreno. Pero el Señor, con el anuncio de su pasión y de su muerte, se opone radicalmente a la "gloria del egoísmo", que consiste en pasar por encima de los demás para buscarse a uno mismo en cosas aparentes y pasajeras.

No es la primera vez que los discípulos no entienden el mensaje de Jesús. Jesús trata con mucha paciencia de abrir sus ojos y conducirlos a la contemplación de la verdadera gloria que se alcanza solamente si se recorre con Él el camino de la entrega en el amor, de la donación de la propia vida en el servicio, que es fuente de libertad absoluta y de verdad.

[Es interesante analizar la actitud de la esposa de Zebedeo: se postra en adoración. Y seguramente lo hace con buena intención. Así que detrás de la devoción también se puede esconder una gran confusión en relación con los planes de Dios para nosotros. La oración, lejos de ser una verdadera "disposición" para escuchar a Dios, puede convertirse en una instrumentalización.]

Conclusión

También a nosotros nos es difícil comprender esta verdad. Tal vez la entendemos "conceptualmente", pero en la práctica continuamos buscando las glorias del mundo, pequeñas o grandes. Es una búsqueda personal que está radicada en lo más profundo de nuestro corazón. Pero muchas veces creemos que la encontramos y nos hacemos esclavos de los ídolos. El Señor nos va conduciendo por el camino de la verdad y la libertad.

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Domingo, 24 Febrero 2013 00:00

Domingo II de Cuaresma (C)

Lecturas: Gn 15,5-12.17-18; Sal 26; Fl 3,20-4,1; Lc 9,28b-36

Seremos transfigurados con Cristo

Captación

¿Cuándo pensamos en la vida eterna, en el Cielo? Hoy en día, con esta vida tan mundana que llevamos, en la que muchas veces la fe religiosa no ocupa un lugar tan importante, pues tenemos "demasiadas cosas" en las cuales pensar, el misterio de la Transfiguración nos interpela y nos recuerda quiénes somos y cuál es nuestro verdadero destino.

Cuerpo

En realidad, somos peregrinos en este mundo y nuestra verdadera patria es el Cielo. ¿Pensamos a menudo en esta verdad que se impone a nosotros? En el misterio de la Transfiguración el Señor Jesús nos conduce, como condujo a sus discípulos, a contemplar de manera adelantada aquella gloria que es nuestra veradera vocación humana. El Evangelio nos dice algo acerca de esa gloria que ahora sólo podemos imaginar, y sobre la cual es muy poco lo que se puede decir desde el punto de vista de la razón o de la ciencia. Afirma San Lucas que su rostro cambió de apariencia y se volvió fulgurante, y que sus discípulos quedaron espantados y sobrecogidos por esta manifestación, pero que al mismo tiempo experimentaban una sensación de bienestar inexplicable, tan inexplicable que provocó que Pedro digera insensateces -"hagamos tres tiendas"-. ¿Por qué realizó Jesús esta peculiar manifestación? Por el contexto en que ocurren los hechos, sabemos con certeza que una de sus intenciones, tal vez la principal, era asegurar a sus discípulos en el camino que habían emprendido, sobre todo porque Jesús sabía que se acercaba el momento de su pasión y muerte, y aquellos hombres débiles, necesitaban contemplar aquello que se escondía en la obra de Cristo y en su persona, y que no se trataba de una obra meramente humana, sino de la acción misma de Dios entre los hombres. En el momento más dramático de la vida de Jesús; cuando todo parecerá oscuro, los discípulos huirán cobardemente; pero, ¿cómo no pensar que fue este recuerdo, unido a otros recuerdos de la obra de Jesús, lo que mantuvo una minúscula chispa encendida en el corazón entristecido y desilucionado de estos hombres? Esa chispa fue luego el inicio de un fuego interior, que les será donado sólo después de ser testigos de la Resurrección y de manera más plena cuando recibirán al Espíritu Santo.

Conclusión

Al celebrar este misterio de la Transfiguración somos invitados como aquellos discípulos, a contemplar el rostro transformado de Cristo y a vernos reflejados en Él. También nosotros seremos algún día transformados y participaremos de esa gloria. ¿Qué lugar tiene esta certeza de nuestra fe en nuestra vida? Vivir "en presencia de Dios" significa también "vivir con los ojos puestos en nuestro futuro", "vivir con la consciencia de nuestro verdadero destino".

Otras Ideas

  • En esta manifestación extraordinara de Jesús, la voz del Padre nos dice: "Este es mi Hijo, escuchadlo". Poco ante el Señor había pregunado a sus discúpulos "¿quién dice la gente que soy yo?" Así es que podemos preguntarnos, ¿a quién prestamos atención? ¿a quién escuchamos?, ¿lo que dice el mundo acerca de Jesús? ¿O escuchamos más bien la voz del Padre que se manifiesta? Ella se manifiesta en su Palabra, en su presencia sacramental, en los sacramentos, en la Iglesia.
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    Publicado en Ideas para hoy
    Viernes, 22 Febrero 2013 22:30

    PHC: El Santo Monte (Lc 9,28-36)

    Publicado en Materiales
    Viernes, 22 Febrero 2013 22:25

    Domingo II CUA (C) [Villapizzone]

    Publicado en Materiales
    Sábado, 20 Octubre 2012 22:51

    "Sic transit gloria"

    "Así pasa la gloria del mundo" es el significado de la frase la tina "Sic transit gloria mundi". Posiblemente se trata de la adaptación de una frase muy parecida que aparece en "La Imitación de Cristo" de Tomás de Kempis, que reza "O quam cito transit gloria mundi (¡Oh, qué rápido pasa la gloria del mundo!).

    Pero esta frase, que se ha vuelto muy famosa, nos recuerda algo que muchos poetas y pensadores han dicho y escrito de diversa manera a través de los siglos: que la vida pasa como un soplo, que las cosas del mundo tarde o temprano se terminan y, sobre todo, que todas las glorias humanas, como el poder, el dinero y los placeres, se desvanecen como el humo.

    Esta frase fue usada durante más de cinco siglos en la ceremonia de coronación de los Papas. Fue usada por primera vez en la coronación de Alejandro V, en 1409. Mientras el nuevo pontífice, recién elegido, se trasladaba desde la Sacristía de San Pedro hacia la silla gestatoria, la procesión se detenía tres veces. En cada parada un hombre se arrodillaba delante del Papa con una suerte de plato metálico que contenía y retazo de lino humeante, y mientras la tela del lino se consumía, repetía en alta voz este famoso adagio: "Sancte Pater, sic transit gloria mundi!" (Santo Padre, así se va la gloria del mundo".

    Curiosamente, el instrumento utilizado para quemar el lino se comenzó a llamar "sic transit gloria mundi". Este símbolo se utilizó por última vez en 1963, aunque tal vez es pertinente señalar que para ese momento y desde hacía ya mucho tiempo, la ceremonia de toma de posesión del Sumo Pontífice no tenía ya la connotación que tenía antes, en relación con el poder temporal.

    Publicado en Ilustraciones

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