Martes, 30 Septiembre 2014 00:00

Martes XXVI del Tiempo Ordinario 2014

Publicado en Ideas para hoy
Lunes, 22 Abril 2013 00:00

Lunes IV de Pascua

Lecturas: Hch 11,1-18; Sal 41; Jn 10,1-10

¿Cuál es nuestra puerta?

Captación

Jesús utiliza la imagen de la puerta dicendo "yo soy la puerta". Y nosotros podemos hacer uso de esta misma imagen para preguntar ¿cuál es nuestra puerta? Porque existen "otras puertas" en nuestro mundo: la puerta de nuestra inteligencia, la puerta del ateísmo, la puerta de las ideologías. ¿Cuál es nuestra puerta?

Cuerpo

Cuando Jesús afirma que Él es "la puerta" está diciendo que es el único camino para llegar al Padre, y también el único camino para conocer la verdad y vivir en ella. "Yo soy el camino, la verdad y la vida", dirá en otro momento. Jesucristo es la clave que devela toda la verdad sobre el misterio de Dios y sobre el significado de la vida humana misa. Quien acepta a Jesús y acepta "pasar por Él" participa de una verdad liberadora, puede "entrar y salir". Pero es frecuente que los seres humanos nos erijamos a nosotros mismos en "puertas" hacia la verdad; contruimos nuestros propios sistemas de pensamiento que no pasan por la verdad revelada por Cristo. Abrimos puertas que en realidad son brechas en el muro de la verdad revelada por Dios. Queremos pasar no a través de Cristo sino a través de esas "brechas" que nosotros abrimos en el muro destruyéndolo. En cierto modo queremos forzar a Dios a dejarnos entrar, pero sin pasar por su Hijo Jesús

Conclusión

Jesús no solamente es "la puerta", sino que es una puerta estrecha. El camino que Él nos ofrece es un camino liberador, pero implica sacrificar las cosas del mundo y renunciar a todo aquello que se nos ofrece al pasar por la puerta del facilismo, de los sistemas de pensamiento auto-referenciales, de nuestra inteligencia ensoberbecida. El primer paso necesario para nuestra conversión es reconocer a Jesús como la "única puerta" que conduce a la verdad.

Otras Ideas

  • La voz del Buen Pastor es una voz "reconocible" pero no la escuchamos si estamos ensordecidos por el mundo que nos rodea o por nuestro propio mundo interior. El Señor Jesús no sólo nos invita a escuchar su voz, sino a tener familiaridad con ella, de manera que sepamos distinguirla de "otras voces" con las que muchas veces parece confundirse, las voces del mundo. No hay mejor manera para corromper la verdad que presentarla como "media verdad"; es así como la voz de Cristo, en lugar de ser "reconocible" y "agradable" a nuestro oído, se vuelve confusa e incómoda.
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