Lunes, 27 Julio 2015 00:00

Lunes XVII del Tiempo Ordinario 2015

Publicado en Ideas para hoy
Viernes, 31 Octubre 2014 12:22

El límite de la tecnología

«La hazaña de Gagarin representa un logro notable del genio humano. Por mi parte, ha sido causa de una profunda alegría. Pienso que nada está más conforme con la vocación bíblica del hombre que hacer el inventario del cosmos y captar las energías para ponerlas a su servicio. Y no veo por qué el hecho de ser un ruso ateo el primero en realizar esta proeza tendría que enturbiar mi placer. Lamento solamente, por él, que no sepa que está realizando así un designio de Dios…es seguro también, que por el hecho de haber ido Gagarin a la Luna no liberará a la humanidad de sus servidumbres… Cualquier sea el límite alcanzado, el hombre se estrella con el límite, que es el del cosmos mismo, como un moscardón contra la campana de vidrio. Lo que puede permitirle salir es esta otra dimensión bíblica del hombre que es la adoración y por la cual desemboca en el infinito de Dios. La técnica sin adoración hará sólo una humanidad mutilada. Nuestra tarea es defender la integridad del hombre, plantando la adoración en el corazón del mundo de la técnica. Y si saludo el éxito de Gagarin, saludaría con mayor entusiasmo el del primer astronauta cristiano que plantara la cruz sobre algún planeta, como signo del Señorío de Cristo sobre la totalidad del cosmos.»

- Entrevista a Jean Danielou, publicada por el Figaro Littéraire del 22 abril, 1961, después de realizado el primer vuelo orbital, el de Yuri Gagarin.

Vivimos rodeados de tecnología; desde algo tan básico y tan necesario como la luz eléctrica a los televisores y celulares modernos. No se puede discutir sobre la necesidad de algunos de estos artículos. Pero tampoco se puede discutir la gran facilidad con la que los seres humanos se vuelven adoradores de la tecnología; es lo que sucede cuando un objeto, pasa de ser instrumento a ser dios. De hecho, la fascinación de algunos por la ciencia, como nos lo recuerda Danielou en su comentario, se convierte en una verdadera religión. Y hoy vemos a muchos negar la religión cristiana y la existencia de Dios, pero al mismo tiempo construirse, aunque lo nieguen, una religión propia, que es la idolatría de la ciencia, y dios artificial, que no es otro que el ser humano, o cada uno para sí mismo. La anécdota de Gagarin es famosa, y se dice incluso que a su regreso él mismo declaró que "allá arriba" no había encontrado a Dios, lo que era una confirmación de su inexistencia. ¿Acaso no vio en toda esa maravilla del Universo un clarísimo vestigio del Creador? Gagarin tenía a Dios ante sí mismo y sin embargo ¡no lo vio! Es posible que Dios haya pasado delante de nosotros de muchas maneras y no lo hayamos visto, porque lo buscamos en el mundo material, en lo que poseemos o en lo que deseamos aunque no lo podamos tener, pero Dios no está allí.

Publicado en Citas Útiles
Jueves, 25 Septiembre 2014 00:00

Jueves XXV del Tiempo Ordinario 2014

Publicado en Ideas para hoy
Lunes, 15 Abril 2013 00:00

Lunes III de Pascua

Lecturas: Hch 6,8-15; Sal 118; Jn 6,22-29

Organizados en torno al "fetiche"

Captación

El fetichismo consiste en el endiosamiento de las cosas materiales. Fetichista es aquel que elige algún objeto como centro de su vida y fuente de su seguridad personal. Se podría decir, sin exageración, que estamos en una sociedad fetichista, que vive de la seguridad material y pone en ella todo el significado de la existencia, al menos en gran medida, desplazando lo espiritual a un segundo plano.

Cuerpo

Aquí el Señor nos hace un llamado fuerte a no vivir del "alimento perecedero", es decir de lo material, de las cosas, sino del alimento que da la vida eterna, que es Él en persona. De hecho, los seres humanos estamos hechos para relacionarnos con el otro, esa es la esencia de nuestro ser: el amor. Y ello sólo se cumple de manera total y plena en Dios. ¡Estamos hechos para relacionarnos personalmente con Dios! quien es persona, la persona por excelencia. Somos "seres en relación", pero una relación que es comunión inter-personal, donación de amor. Quien elige la cosa, el objeto material -que puede ser también un ideal humano o una ideología-, como fin de su existencia, se convierte en fetichista e idólatra. Y es de allí de donde procede el mal que hay en el mundo y el pecado, de una búsqueda persona egoísta, del deseo de "poseer" cosas y de poseer al otro. Con esto evidentemente no se condena la posesión de bienes, sino el hecho de erigir a estos en un fin absoluto y la fuente de toda felicidad y realización humana. Esto, si se vive de manera coherente, puede afectar radicalmente cada aspecto de nuestra vida.

Conclusión

Jesús nos pide vivir no del alimento perecedero, sino de aquel que da la vida eterna, y esto no se reduce a tener mayor devoción al Santísimo Sacramento, sino a un cambio total en nuestro modo de vivir y de afrontar la existencia. ¿Cuál es mi valor absoluto, en torno al cual gira todo en mi vida? ¿Es el Señor o son mis "ídolos", grandes o pequeños? ¿Cuáles son esos ídolos? La Palabra de Cristo exige el examen urgente de nuestra consciencia.

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Jueves, 14 Marzo 2013 00:00

Jueves IV de Cuaresma

Lecturas: Ex 32,7-14; Sal 105; Jn 5,31-47

¿Creemos o no creemos?

Captación

Las palabras de Jesús en este Evangelio constituyen una dura crítica a muchos de sus oyentes, sobre todo a quienes cumplian cargos de autoridad religiosa y moral en el pueblo judío y se negaban a aceptar su predicación. Pero de este cuestionamiento del Señor podemos también nosotros sacar algunas conclusiones para nuestra propia vida.

Cuerpo

Con sus palabras el Señor denuncia una actitud hipócrita que tiene mucho que ver con lo que está sucediendo hoy en día con la religión. El Señor los acusa de no creerle a Él, que viene en nombre de su Padre, y sí a aquellos que vienen "en nombre propio". Luego les acusa de andar buscando la gloria, unos de otros, en lugar de buscar la gloria del único Dios. En los Evangelios, Jesús elogia a quienes, aún no conociéndolo como Mesias tienen un deseo sincero de encontrar la Verdad y la buscan con honestidad y trasparencia. Es el caso de aquel escriba, a quien el Señor le dijo: "no estás lejos del Reino de los Cielos" [Mc 12,34]. Por lo tanto, lo que el Señor critica y denuncia no es tanto una fe incipiente; ni siquiera las naturales dificultades que puede presentar la mente humana para adherirse a una verdad, sino la resistencia irracional a creer, la soberbia y los prejuicios; esa resistencia que, en el caso de los maestros de la ley judíos, se debía a que ponían sus intereses personales políticos o su posición de poder, o incluso simplemente su soberbia, antes que la aceptación de la verdad, que en este caso era Jesús mismo y su Palabra. Y lo interesante de todo esto es que aquella fe que no ponían en Jesús la ponían en ellos mismos, dándose gloria unos a otros. [Decía C. K. Chesterton: "Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa."].

Conclusión

Esa posibilidad de permanecer ciego ante la verdad que viene de Dios y ante sus manifestaciones es un riesgo latente para todo creyente. Tal vez no la completa cerrazón ante la Palabra o el rechazo de Cristo, pero si una fe "selectiva", que acepta lo que le conviene y obvia lo que le resulta más incómodo o menos creible. Es importante comprender que esa dureza o esa "selectividad" funcionan siempre con criterios poco racionales y arbitrarios, y no están lejos del cinismo de los fariseos o de la misma superstición, que muchas veces se cuela en nuestras mentes de una manera sutil.

 

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Lunes, 11 Marzo 2013 00:00

Lunes IV de Cuaresma

Lecturas: Is 65,17-21; Sal 29; Jn 4,43-54

El dilema de la fe y los signos

Captación

Estas palabras del Señor ponen en el centro de nuestra atención el problema de la fe: ¿qué es la fe? ¿qué significa creer? Por un lado nos demuestran que hay un lazo profundo entre el acto de la fe y los signos que Dios pone al alcance del hombre. Pero por otra parte, el Señor parece decir que creer a través de los signos es una forma de fe imperfecta: "si no veis signos no creeis". Pero los seres humanos necesitamos de signos, ¿no es así? ¿Cómo podemos resolver este dilema?

Cuerpo

El problema, en realidad, no es tanto "creer en los signos", sino qué lugar damos nosotros a los signos. La gran diferencia aquí es aquella que existe entre la verdadera fe y la idolatría. El Señor Jesús no condena una fe que se sirve de los signos o que surge gracias a ellos, sino una fe que pone condición para poder creer la producción de algún signo, algo que "garantice" o "asegure" la acción de Dios: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." Estas palabras de Jesús son una crítica a la incredulidad. Y la incredulidad que va en busca de signos que garanticen su fe es pura idolatría, pues el signo se convierte en un ídolo; en ello también hay mucho de superstición. Pero, ¿qué es lo que nos pide Jesús? Él nos pide creer en su Palabra, y es ella la base sobre la cual se debe apoyar nuestra fe. Los signos seguirán existiendo, porque Dios actúa por medio de signos; el evento principal de nuestra fe cristiana, lo que le da significado, que es la resurrección de Cristo de entre los muertos, es un signo. Así que sería tonto rechazar o minusvalorar los signos. El problema está en que los signos ocupen el lugar que debe ocupar nuestra relación personal con el Señor, que es una relación basada en el amor y en la confianza. Creer en Él y creerle a Él, creer en su Palabra.

Conclusión

Tal vez todo esto resulta un poco confuso. ¿Qué debemos hacer? ¿Creer o no creer en los signos? ¿Qué tan importantes son en nuestra vida? El dilema se puede resolver de la siguiente manera: existe una fe imperfecta que busca el signo para poder creer; existe una fe inicial, buena, pero no perfecta, la que contempla el signo y cree; pero existe una fe más perfecta, aquella que cree en la Palabra, aún sin haber visto ["Porque has visto has creído, dichosos los que creen sin haber visto" (Jn 20,29)]. Así que la pregunta es si nos podemos fiar de la Palabra de Dios. Del a palabra de los hombres, muchas veces no, pero de la Palabra de Dios, quien no deja "una iota sin cumplir", ciertamente debemos creer.

 

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Jueves, 28 Febrero 2013 00:00

Jueves II de Cuaresma

Lecturas: Jr 17,5-10; Sal 1; Lc 16,19-31

El verdadero pecado del rico

Captación

En esta "parábola" dicha por Jesús lo que se produce es una verdadera "inversión" de los hechos o, si se quiere, un giro de 180 grados. Quien al principio aparece como hombre rico y feliz, en el descenlace es quien sufre tormentos. Quien al principio era pobre y despreciado, en el desenlace aparece compartiendo la dicha del Cielo y la vida eterna.

Cuerpo

¿Acaso el mensaje de esta historia propuesta por Jesús es que tiene riqueza y es feliz en esta vida sufrirá en la otra y viceversa? [lo que sería aún más claro por las palabras de Abrahám: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces." Ciertamente, no. El detalle está en la parte inicial. El pecado del hombre rico no está tanto en el hecho de tener bienes y disfrutar de ellos, sino en el hecho de ignorar completamente el sufrimiento de su prójimo y poner toda su confianza en los goces terrenos y pasajeros, lo cual es implícito en el relato. El juicio y la condenación recaen sobre él no por su condición, sino por su forma de vida y por los valores a los que dio el primer lugar, por encima de la compasión y de la caridad. Su fin no es sino una consecuencia de sus propias decisiones.

Conclusión

La pregunta acerca de la caridad con el prójimo es siempre incómoda, porque inmediatamente nos hace pensar en todo lo que podríamos hacer por los demás y no hacemos. Este tiempo de Cuaresma sin duda nos invita a hacer un examen de conciencia sobre este tema. Como sabemos, la verdadera naturaleza del "juicio", como decía San Agustín, es ser un examen sobre el amor.

Otras Ideas

  • Una de las cosas a las que apunta esta parábola es a ser una suerte de catequesis o enseñanza sobre la existencia del Infierno y del Cielo. No es la única vez que Jesús sugiere la existencia del Infierno y la posibilidad real de la condenación, lo que forma parte de nuestra fe.
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