Jueves, 18 Abril 2013 00:00

Jueves III de Pascua

Lecturas: Hch 8,26-40; Sal 65; Jn 6,44-51

El camino para conocer a Dios

Captación

Alguna vez se escuchó decir a una persona: "si yo viera a Jesús de carne y hueso, como lo vieron sus apóstoles, de hecho me convertiría". Pero una gran ingenuidad se esconde detrás de esta afirmación. El verdadero conocimiento de Jesús no es el que se produce con la vista humana o con el contacto físico. De hecho, muchos en los tiempos de Jesús, lo vieron, lo escucharon y lo tocaron, y no se convirtieron, siguieron obstinados en juzgarlo y rechazarlo. ¿Dónde está entonces el verdadero conocimiento del Señor?

Cuerpo

Él mismo nos da una clave en este Evangelio: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Hay una fuerza de atracción que lleva a Cristo, que no está dictada ni por nuestros sentidos ni por nuestro grado de comprensión teológico. Hay una fuerza que viene de Dios, el Espíritu Santo, que nos conduce a Cristo y abre nuestros ojos al conocimiento de su persona, que no es un conocimiento meramente intelectual, sino también experiencial y de contacto humano, personal.

El hecho de no ver a Jesús, de no poder tocarlo, puede llevarnos muchas veces al desánimo, pensando que adoramos a un Dios lejano al que no podemos acceder sino de manera indirecta o analógica. Sin embargo, por el testimonio de muchos santos y personas de vida espiritual profunda sabemos que podemos encontrarnos verdaderamente con Jesús y que podemos concerlos, y que ese encuentro es tanto o más real que aquel que podemos tener con una persona de carne y hueso, pero se realiza no tanto por nuestros sentidos, sino a través de la vida espiritual, gracias a esa fuerza atractiva que viene de Dios y nos conduce a Jesús. La única manera de experimentarlo es viviéndolo y buscándolo a través de la oración y de una vida sacramental intensa.

Conclusión

Lo primero que tenemos que preguntarnos es cómo está nuestra vida de oración. Muchas veces puede haber en nosotros una actitud de sospecha hacia la práctica de la oración, pensando que es una pérdida de tiempo o que no produce resultados reales. Es cierto que muchas veces los resultados no son inmediatos, pero quien persevera en la práctica de la oración, tarde o temprano se encuentra con Dios, y ese encuentro, cuando se produce, es algo que puede cambiar radicalmente nuestra existencia.

 
Publicado en Ideas para hoy

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