Jueves, 28 Marzo 2013 00:00

Jueves Santo

Lecturas: Ap 14,14-19; Sal 95; Lc 21,5-11

¿Una sociedad de servicio?

Captación

El gesto del lavatorio de los pies revela la verdadera naturaleza de la obra de Cristo, quien no vino "a ser servido sino a servir". Lavar los pies de los invitados era una costumbre en el pueblo judío, pero normalmente era realizada por los esclavos. Aquí, ente la perplejidad de los apóstoles, Jesús se ciñe y se inclina ante ellos.

Cuerpo

La reacción del apóstol Pedro revela lo "escandaloso" que resultaba para él y los demás apóstoles la accíon de Jesús. Recordemos además que lo que hizo Jesús no fue simplemente un gesto simbólico, sino un acto real de servicio, tal vez ante la falta de siervos que cumplieran con esa acción. ¡Cuánto contrasta esta actitud de Jesús con el mundo en el que vivimos! No vivimos precisamente una era de humildad y de servicio. Vivimos más bien en una cultura en la que el poder no se dirige al servicio sino al dominio, y en la que la humildad no es la virtud dominante entre quienes ocupan roles de autoridad, sino más bien la soberbia y el egoismo.

Pero, ¡qué importante es el servicio! Una sociedad en la que no hay espíritu se servicio es una en la que no se ama. No puede haber caridad y amor sin el deseo de servir a los demás. Es una virtud evangélica, pero también una virtud humana y constructiva, que ayuda a derribar las barreras que separan a los hombres.

Conclusión

La Semana Santa nos invita a poner nuestros ojos en Jesús y buscar imitarlo. Pero, ¿cuántas veces evitamos el servicio a los demás? Solemos estar más preocupados por defender nuestro "pequeño feudo", nuestra tranquilidad personal y nuestra comodidad. Jesús, quien siendo Dios se humilló y se hizo esclavo por amor a los hombres es y será siempre el único modelo para la humanidad, que sufre tanto porque falta el serivio y abunda el egoismo.

 
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Miércoles, 13 Marzo 2013 00:00

Miércoles IV de Cuaresma

Lecturas: Ap 14,14-19; Sal 95; Lc 21,5-11

Escuchar, creer, obrar el bien

Captación

Puede ser que a veces, al experimentar el peso de nuestros pecados, nos desanimemos un poco pensando que nunca podremos ser como Dios quiere que seamos y que estamos condenados para siempre a la mediocridad. Sin embargo, la gran paradoja es que Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y, por lo tanto, conoce la profundidad de nuestro pecado, nos renueva su confianza y nos llama nada menos que a la vida de comunión con Él. ¿Cómo es esto posible? Existe la tentación de dejar que sus palabras se conviertan en letra muerta, en algo muy bello que no se puede cumplir.

Cuerpo

Ante esto las palabras de Jesús en este Evangelio deben ser para nosotros fuente de gran esperanza. Primero nos habla de la relación de profunda unión que existe entre Él y su Padre del Cielo, pero luego nos habla a nosotros y en primer lugar afirma que "el Hijo da vida a los que quiere". Es el Señor quien nos da la vida, aquella vida que nosotros no somos capaces de obtener por nuestra cuenta; se trata, ciertamente, de la vida en el Espíritu. No la obtenemos nosotros con nuestros méritos, es Él quien nos la da. En segundo lugar afirma que "quien no honra al Hijo no honra al Padre", y con ello nos señala el camino hacia la comunión con Dios: honrar a Jesús; honrarlo con nuestra vida, con nuestras acciones. Luego agrega: "quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna". ¡Cuántas veces tenemos que volver a esta Palabra para escucharla de verdad, para no olvidarla, para no dejar que resuene en nuestros oídos como un ruido molesto! Finalmente nos señala el camino hacia la resurrección: hacer el bien. Cada uno de nosotros sabe qué significa hacer el bien en su vida concreta. No siempre lo hacemos, pero cada día es una oportunidad nueva para ello: retomar el camino del bien, de la caridad, de la pureza de intención y de acción.

Conclusión

Las promesas del Señor son muy claras, y debemos creer en ellas con toda nuestra vida. Pero también es claro lo que se espera de nosotros: escuchar su Palabra y creer en ella, "tomarla en serio", como la cosa más importante de nuestra existencia. Y luego, hacer el bien, buscar el bien, para que a través de nuestra acción se manifiesta el amor de Dios hacia el hombre.

 
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