Viernes, 19 Octubre 2012 00:00

Viernes XXVIII del Tiempo Ordinario

Lecturas: Ef 1,11-14; Sal 32; Lc 12,1-7

Cuidado con la mala levadura

Captación

Estas palabras de Jesús vienen justo después de los discursos tan afilados y recios que el Maestro lanza contra los Escribas y Fariseos. Justo antes de este pasaje San Lucas señala que a partir de este momento, los maestros de la Ley se dispusieron radicalmente contra Jesús y comenzaron a cuestionarlo y a tenderle trampas con el objeto de desprestigiarlo y matarlo. Pero mientras ellos tratan de eliminar a Jesús, la gente se atropeya por seguirlo y escucharlo.

Cuerpo

A estas masas que se atropeyan por escuchar a Jesús Él les dice: "Cuidado con la levadura de los Escribas y Fariseos, que es su hipocrecía". Jesús se refiere al "espíritu de la existencia", es decir el modo concreto de vivir que se convierte en feremento de nuestra existencia. La levadura de los fariseos, es decir, su modo de vivir es la hipocrecía. Todos podemos caer en la tentación de ser hipócritas en determinadas circunstancias, pero otra cosa es vivir una hipocrecía existencial, que es lo que Jesús critica en ellos. Esto significa que ya no importa quién se es realmente, sino quién se aparenta ser. El vicio de la hipocrecía está relacionado con la imagen personal frente a los demás. La motivación del actuar no es el amor por la verdad o por el prójimo, sino el amor por la propia imagen frente a los demás y el afán de defender una serie de cosas que forman parte de mi apariencia, en las que se ponen toda la seguridad personal. Es una manía que implica no aceptarse a sí mismo y querer ser algo que no se es. Por esto el Señor afirma que "no hay nada escondido que no será descubierto", pues esta búsqueda vana de la imagen en el fondo es una ilusión que no se sostiene y tarde o temprano revela su aguda mentira. Es una dinámica auto-destructiva. En oposición a este tipo de "levadura", está el principio que dona Jesús, que es el Espíritu que conduce a la Verdad.

Conclusión

¿Cuál es el principio de mi propia vida? es lo que debemos preguntarnos. La no-aceptación de uno mismo y el afán por ser algo que no se es, que deriva en hipocrecía, es el principio de todos los males; conduce a vivir siempre en la mentira y alimentarse de ilusiones. Y el problema de esto es que nos impide adherirnos a la verdad que Jesús nos ofrece. Debemos desenmascarar nuestras hipocrecías y nuestra mentira existencial para poder acercarnos a la luz de la verdad que nos ofrece Jesús. 
Publicado en Ideas para hoy

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