Martes, 30 Septiembre 2014 00:00

Martes XXVI del Tiempo Ordinario 2014

Publicado en Ideas para hoy
Sábado, 27 Septiembre 2014 00:00

Sábado XXV del Tiempo Ordinario 2014

Publicado en Ideas para hoy
Miércoles, 24 Abril 2013 14:42

Miércoles IV de Pascua

Lecturas: Hch 12,24-13,5; Sal 66; Jn 12,44-50

El resultado de rechazar a Jesús

Captación

¿Dios castiga la indiferencia de los hombres? Muchas veces se ha dicho que Dios castiga, pero siempre en el sentido de que corrige a quien necesita ser corregido. Pero Dios no "se venga" de las injusticias cometidas por los hombres, ni de su indiferencia frente a su Palabra o frente a sus mandamientos. En realidad es el hombre quien se condena a sí mismo con sus actos.

Cuerpo

Jesús afirma que el "no juzga", porque no ha venido a juzgar sino a perdonar y a salvar. Pero para que el hombre sea salvado, se requiere de la libertad humana. Decía San Ireneo: "Dios que te creó sin tu consentimiento, no te salvará sin tu consentimiento". La verdadera "condena" viene, pues, del hombre mismo, de su indiferencia y de su rechazo de la Palabra de Dios. Por eso, quien no acepta su Palabra, es juzgado por esa misma Palabra, que es la Verdad. La Verdad se manifestará plenamente y dejará al descubierto todas nuestras mentiras e hipocrecías: ese será el verdadero juicio. No hay juicio más radical y justo que ese. Por el otro lado en cambio, quien acepta dócilmente la Palabra de Jesús, vive en la luz, "es de la luz" y recibe en herencia la promesa extraordinaria de Jesús, de que nunca perecerá y nunca caerá en las tinieblas. Así que todo se reduce a creer o no creer en la Palabra de Cristo, que es muy clara y que se nos anuncia de manera directa y sin ambajes. Y creemos no sólo con nuestra mente, sino con nuestras acciones. Creer a Jesús significa adherirse a su Palabra y tomarla como norma de comportamiento, y tomarlo a Él como modelo de vida, norma de la existencia. Quien no escucha, ya ha sido juzgado por la misma Palabra a la que no escuchó

Conclusión

¿Creo verdaderamente en Jesús? ¿Ello se expresa en mi vida, en mis pensamientos, sentimientos y acciones? El cristianismo en el fondo es algo muy pragmático. No se trata de teorías o de creer, como dice el Papa Francisco en "Dios spray", sino en escuchar y obedecer a la persona de Jesús. [En el número 2 de la Encíclica Spe Salvi, dice Benedicto XVI que el cristianismo no es una religión "informativa", sino fundamentalmente "performativa".]

 
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Sábado, 09 Marzo 2013 00:17

Domingo IV CUA (C) [1º y 2º lectura]

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Viernes, 01 Marzo 2013 00:00

Viernes II de Cuaresma

Lecturas: Gn 37,3-28; Sal 104; Mt 21,33-43.45-46

¿Quiénes matan al Señor, hoy?

Captación

Esta parábola tiene un claro significado histórico. Es como un resumen de la historia de la Salvación. Dios, a lo largo del tiempo, ha intentado salvar a su pueblo enviando profetas y mensajeros. Finalmente, envía a su mismo Hijo, Jesucristo, pero al igual que los anteriores, es rechazado y asesinado.

Cuerpo

A lo largo de la historia de la salvación Dios ha mostrado un corazón lleno de misericordia, que a pesar del rechazo del hombre, ha mostrado una y otra vez su amor de predilección, renovándole su confianza hasta el punto de dar a su propio Hijo en expiación por nuestros pecados.

¿Quiénes son los protagonistas de este relato? ¿Son acaso los Escribas y Fariseos? Son ellos, ciertamente, pero no sólo ellos. Hoy, somos nosotros los protagonistas. En nuestra propia vida Dios actúa tal como actuó con su pueblo Israel. El Señor intenta continuamente entrar en nuestra vida. Nos envía ayudas, nos habla, nos envía "mensajeros", pero nosotros no queremos escuchar; no queremos recibir "el don de Dios". Pero este rechazo de Dios llega a su punto crítico cuando rechazamos a su Hijo Jesús. Y este rechazo no tiene que ser uno radical como el de los viñadores de la parábola; no necesariamente tiene que revestir la forma de una negación explícita o blasmefa, para constituir un rechazo. Basta nuestra indiferencia. Con ella de alguna manera dejamos a Jesús morir en nuestro corazón y en el corazón de los demás.

Conclusión

La consecuencia de nuestro comportamiento es que Dios no puede hacernos benefactores de su don. El no puede obligarnos a ser receptores de su amor. ¿Quemos saber qué tan indiferentes somos a Dios? Lo primero que tenemos que pensar es qué lugar ocupa Él en nuestra vida. Pero no es Él de manera abstracta, sino de manera concreta en nuestra relación con la Iglesia, con nuestra fe católica. Ignorar a la Iglesia, es ignorar a Cristo; ignorar los preceptos de la fe católica, es cerrar los oídos a la voz del Señor.

Otras Ideas

  • Parece muy duro escuchar que Dios "quitará su viña a sus elegidos y se la dará a otros". Pero es una manera de decir que, a causa de nuestra dureza de corazón, corremos el riesgo de rechazar definitivamente a Dios. A Él no le quedará más remedios que "dar a otros" aquello que estaba destinado a nosotros. Dios, más que "quitarnos" lo que nos corresponde, en cierto modo, a causa del misterio de nuestra libertad, se ve imposibilitado de amarnos y hacernos sus herederos.
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    Miércoles, 27 Febrero 2013 00:00

    Miércoles II de Cuaresma

    Lecturas: Jr 18,18-20; Sal 30; Mt 20,17-28

    ¿Cuál es nuestra gloria?

    Captación

    Aquí la pregunta importante es, ¿dónde está nuestra gloria? Existe una verdadera gloria, que es la de nuestra participación en la vida gloriosa de Dios. Y existe también una "gloria vana". Este pasaje de la Escritura es una verdadera radiografía de la ceguera del hombre frente a la gloria. Así aque todo se juega en conocer la verdadera gloria, o buscar glorias mundanas.

    Cuerpo

    El ser humano es muchas veces un esclavo de la vanagloria, de la búsqueda de reconocimiento terreno. Pero el Señor, con el anuncio de su pasión y de su muerte, se opone radicalmente a la "gloria del egoísmo", que consiste en pasar por encima de los demás para buscarse a uno mismo en cosas aparentes y pasajeras.

    No es la primera vez que los discípulos no entienden el mensaje de Jesús. Jesús trata con mucha paciencia de abrir sus ojos y conducirlos a la contemplación de la verdadera gloria que se alcanza solamente si se recorre con Él el camino de la entrega en el amor, de la donación de la propia vida en el servicio, que es fuente de libertad absoluta y de verdad.

    [Es interesante analizar la actitud de la esposa de Zebedeo: se postra en adoración. Y seguramente lo hace con buena intención. Así que detrás de la devoción también se puede esconder una gran confusión en relación con los planes de Dios para nosotros. La oración, lejos de ser una verdadera "disposición" para escuchar a Dios, puede convertirse en una instrumentalización.]

    Conclusión

    También a nosotros nos es difícil comprender esta verdad. Tal vez la entendemos "conceptualmente", pero en la práctica continuamos buscando las glorias del mundo, pequeñas o grandes. Es una búsqueda personal que está radicada en lo más profundo de nuestro corazón. Pero muchas veces creemos que la encontramos y nos hacemos esclavos de los ídolos. El Señor nos va conduciendo por el camino de la verdad y la libertad.

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    Miércoles, 06 Febrero 2013 00:00

    Miércoles IV del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Hb 12,4-7.11-15; Sal 102; Mc 6,1-6

    Jesús se maravilla por nuestra falta de fe

    Captación

    En este Evangelio hay dos que "se maravillan". Primero se maravillan los que escuchan hablar a Jesús y ven sus obras. Luego se maravilla Cristo de su tremenda falta de fe, tremenda hasta el punto de no poder realizar milagros. En otras palabras, Jesús se imposibilitado de realizar su misión. ¿Es esto posible? Ciertamente lo es, y es lo que también a nosotros debe llevarnos a maravillarnos por el modo como Dios respeta la libertad del hombre y lo invita a una respuesta de asentimiento a la invitación de Dios.

    Cuerpo

    Ahora bien, eso de que "Dios invita al hombre" a algunos no les resulta cierto porque afirman: ¿porqué Dios no se manifiesta de una manera más clara? ¿Acaso esperamos que se aparezca como se apareció a sus apóstoles luego de su resurrección? Pero los que hacen este tipo de razonamiento olvidan que fueron muchos los que contemplaron las obras de Jesús y no creyeron [Judas es el arquetipo de este caso]. En el Evangelio que acabamos de escuchar sucede exactamente esto: la presencia de Jesús entre ellos pone en evidencia un sinnúmero de prejuicios [tenían una idea propía acerca de cómo debía ser el Mesías; no podía ser un hombre cualquiera, como lo era el hijo de María y de José, un conocido] y con ello se imposibilitan a sí mismos a comprender el mensaje de Jesús. Paradójicamente, son muchas veces los paganos, y no los descendientes de David, los que abrirían su corazón a la Palabra de Jesús, justamente por estar desprovistos de falsas expectativas y de pretensiones.

    Esto nos causa maravilla: que Dios requiera de la libertad del hombre hasta el punto de no poder ayudarlo si él no da su asentimiento. La respuesta a Dios tiene que ser una respuesta libre y fundada en el amor.

    Conclusión

    No estamos excluidos de esta triste comprobación del Señor. Tal vez nosotros alguna vez también le maravillamos con nuestra dureza de corazón y nuestra falta de fe; cuando pretendemos que Dios actue según nuestros parámetros y criterios personales. Somos nosotros los que queremos dictar cómo se hacen las cosas, no Dios. Y decimos: "si Dios actuara, esto o aquello no hubiera sucedido". Es una grande soberbia la que lleva al hombre a poner a Dios en tela de juicio.

    Otras Ideas

  • La cultura actual es una que sólo cree en aquello que puede "probar científicamente". Pero al mismo tiempo da por hechas muchas cosas que también son imposibles de comprobar. En realidad, la causa de la incredulidad no es la falta de pruebas, sino el prejuicio y la cerrazón. Decía C. K. Chesterton: "el que no cree en nada, termina por creer en cualquier cosa". Muy cierto.
  • Lo que causa sorpresa es que Dios omnipotente se presente como uno que tiene nada de espectacular. ¿No es eso lo que se observa en el nacimiento de Cristo? Más allá de ciertos signos portentosos presentes en toda la vida de Cristo -la estrella, el bautismo, los milagros, etc.- Él se presenta al hombre como lo que es: un hombre. ¡Dios hecho hombre! pero su manifestación espera siempre la cooperación de nuestra libertad, de otro modo no podemos recibir el don. Nos sucedería como sucede a los hombres del Evangelio: vemos a uno que no tiene nada de especial, uno "como nosotros", el hijo de Fulano.
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    Lunes, 04 Febrero 2013 00:00

    Lunes IV del Tiempo Ordinario

    Lecturas: Hb 11,32-40; Sal 30; Mc 5,1-20

    Una vida dominada por la muerte

    Captación

    Este es el caso de un hombre esclavizado por la muerte. Lo poseía un espíritu inmundo, es decir un espíritu de muerte. Su situación es incontrolable o indomable. Se afirma que nadie era capaz de contenerlo; y en sus palabras se deja ver angustia, desesperación y temor.

    Cuerpo

    Este hombre "vivía en los sepulcros". Pero no sólo eso, toda la descripción denota una esclavitud profunda; allí vivía día y noche, gritaba y se hería a sí mismo con piedras. Pero sucede una cosa soprendente. Al ver a Jesús, corre donde Él y lo adora, luego lo interroga con palabras que expresan la lejanía en la que su situación lo había sumido: "¿qué tienes que ver conmigo?" ¿Qué tienen que ver el día con la noche? ¿Qué tiene que ver el mal con el bien? [Es interesante el hecho de que, en cierto modo, este hombre siente a Jesús como una "amenaza"; y es así como funciona el pecado en el hombre, pues conduce a considerar a Dios como una amenaza].

    Pero se pueden entrever en las actitudes de este pobre hombre poseído por el mal un deseo de ser libre. Jesús comprende ese deseo y su acción logra lo que ninguna fuerza humana podría lograr: libra al ser humano de la esclavitud. Esa es la potencia de la gracia. Restituye la dignidad, trae paz y lleva al dominio de la razón ["vestido, sentado y en su juicio".

    Conclusión

    El mal nos hace esclavos; es la primera conclusión que se desprende de esta descripción. Nos conduce a vivir en la oscuridad; arrastra, en mayor o menor grado, y de manera gradual, hacia la angustia y el temor. Jesús es el único capaz de hacernos libres. Aceptar su misericordia y su gracia, y abrazar su Verdad como "nuestra verdad" es el único camino para nuestra total liberación.

    Otras Ideas

  • También se puede partir de aquella idea de "Dios como enemigo del hombre". Hoy en día el ser humano se revela contra Dios, lo ve como un ser opresivo y contrario a su felicidad. Ciertamente, el mal y el pecado generan esa distorsión profunda en el ser humano que le hace "leer" la realidad de una manera que es radicalmente opuesta a la verdad.
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