Sábado, 16 Febrero 2013 00:00

Sábado después de Ceniza

Lecturas: Is 58,9b-14; Sal 85; Lc 5,27-32

Somos la Iglesia: santa y pecadora

Captación

Cada vez que participamos en la Santa Misa repetimos "Señor, no soy digno de que entres en mi casa? En ese momento reconocemos que somos indignos, y lo hacemos públicamente. Pero, si no somos dignos ¿porqué participamos? Más aún, ¿porqué somo admitidos a la Eucaristía?

Cuerpo

Repetimos esa frase en la Santa Misa y casi siempre, tal vez, de manera totalmente inconciente, sin estar realmente atentos a lo que estamos diciendo. Es una frase que va directamente en contra de muchas de las pre-concepciones que tenemos acerca de nosotros mismos, porque nos creemos "dignos". Incluso, como "somos buenos" y no cometemos pecados graves o, si los hemos cometido, nos hemos confesado, entonces creemos que "tenemos derecho" a acercarnos al altar. En todo estoy no estamos prestando atención a una verdad eterna que se expresa en esa frase, y así como en el Evangelio de hoy: ninguno de nosotros es realmente digno de recibir a Dios. Él se ofrece a nosotros de manera totalmente gratuita, porque Él es la manifestación pura del amor, que se entrega a nosotros simplemente por eso, por amor.

El Evangelio de hoy nos presenta una imagen bellísima de lo que es la Iglesia: ella es santa, porque en el centro está Jesucristo. Pero, ¿de quién está rodeado el Señor? De pecadores y publicanos. La Iglesia es también pecadora, y esos somos nosotros, pobres pecadores, y al mismo tiempo parte de la Iglesia. Celebramos con Jesús, y nos sentamos a su mesa. Así es que, si nos hacemos la pregunta que se hacen los fariseos. ¿Porqué se junta el Señor con pecadores? ¿Porqué se junta el Señor con nosotros? ¿Qué responderemos?

Conclusión

Frente a este Evangelio sólo tenemos dos alternativas: ya que no podemos identificarnos con Jesús, sólo podemos hacerlo o con sus invitados, que son todos una tira de publicanos y pecadores, o con los fariseos, que critican a Jesús y "se creen buenos". ¿De qué lado estamos nosotros?

Otras Ideas

  • La llamada de Leví es uno de los pasajes más bellos del Evangelio, porque es una radiografía del llamado que Jesús hace a cada persona, cualquiera se su estado o condición. Jesús le miró a los ojos, signo de conocimiento profundo, y simplemente le dijo "sígueme". Del mismo modo nos conoce Dios a nosotros, y tiene para nosotros, cualquiera sea nuestro estado o condición, algo reservado. Leví, siendo lo que era, un pecador, un estractor de impuestos, se levantó y le siguió. ¿Qué haremos nosotros ante la llamada de Jesús? Esa llamada a tomarnos en serio nuestra relación con Él, nuestro cristianismo.
  • Publicado en Ideas para hoy
    Viernes, 08 Febrero 2013 10:03

    PHC: Una parábola en un milagro (Lc 5,1-11)

    Publicado en Materiales

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