Lunes, 04 Febrero 2013 00:00

Lunes IV del Tiempo Ordinario

Lecturas: Hb 11,32-40; Sal 30; Mc 5,1-20

Una vida dominada por la muerte

Captación

Este es el caso de un hombre esclavizado por la muerte. Lo poseía un espíritu inmundo, es decir un espíritu de muerte. Su situación es incontrolable o indomable. Se afirma que nadie era capaz de contenerlo; y en sus palabras se deja ver angustia, desesperación y temor.

Cuerpo

Este hombre "vivía en los sepulcros". Pero no sólo eso, toda la descripción denota una esclavitud profunda; allí vivía día y noche, gritaba y se hería a sí mismo con piedras. Pero sucede una cosa soprendente. Al ver a Jesús, corre donde Él y lo adora, luego lo interroga con palabras que expresan la lejanía en la que su situación lo había sumido: "¿qué tienes que ver conmigo?" ¿Qué tienen que ver el día con la noche? ¿Qué tiene que ver el mal con el bien? [Es interesante el hecho de que, en cierto modo, este hombre siente a Jesús como una "amenaza"; y es así como funciona el pecado en el hombre, pues conduce a considerar a Dios como una amenaza].

Pero se pueden entrever en las actitudes de este pobre hombre poseído por el mal un deseo de ser libre. Jesús comprende ese deseo y su acción logra lo que ninguna fuerza humana podría lograr: libra al ser humano de la esclavitud. Esa es la potencia de la gracia. Restituye la dignidad, trae paz y lleva al dominio de la razón ["vestido, sentado y en su juicio".

Conclusión

El mal nos hace esclavos; es la primera conclusión que se desprende de esta descripción. Nos conduce a vivir en la oscuridad; arrastra, en mayor o menor grado, y de manera gradual, hacia la angustia y el temor. Jesús es el único capaz de hacernos libres. Aceptar su misericordia y su gracia, y abrazar su Verdad como "nuestra verdad" es el único camino para nuestra total liberación.

Otras Ideas

  • También se puede partir de aquella idea de "Dios como enemigo del hombre". Hoy en día el ser humano se revela contra Dios, lo ve como un ser opresivo y contrario a su felicidad. Ciertamente, el mal y el pecado generan esa distorsión profunda en el ser humano que le hace "leer" la realidad de una manera que es radicalmente opuesta a la verdad.
  • Publicado en Ideas para hoy

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