Lunes, 15 Octubre 2012 00:00

Lunes XXVIII del Tiempo Ordinario

Lecturas: Gal 4,22-24.26-27.31-5,1; Sal 112; Lc 11,29-32

Una generación perversa

Captación

¿Acaso no podríamos afirmar exactamente lo mismo en referencia a la cultura actual? Vivimos en una cultura perversa. Nuestra generación es una generación perversa. ¿Es esto una exageración? El Papa Benedicto XVI ha hecho en varias ocasiones referencia a la actual cultura del relativismo, en cuanto fuerza pervasiva y destructiva de todo principio permanente y de todo valor moral. Sí, este relativismo es más perverso que las mismas trasgresiones morales que puede cometer el hombre, porque contamina y envenena el alma de las personas y destruye todo lo que puede ser fundamento de la fe y de las virtudes humanas verdaderas.

Cuerpo

En su viaje a Alemania en el 2011 el Papa afirmó que vivimos en un tiempo caracterizado por el relativismo [Aquí está el discurso completo.], un relativismo subliminal que penentra en todos los ámbitos de la vida y en muchos casos es militante y agresivo contra las personas que afirman conocer la verdad y el sentido de la vida. Este relativismo influencia directamente a la sociedad y a las relaciones humanas y las pervierte. El Señor, con estas palabras, hace referencia a esa terca disposición del corazón humano que tiene el corazón cerrado a la palabra de Dios. De estos ha habido siempre y siempre los habrá. La necedad y la dureza interior busca siempre "signos" para estar convencido, pero al estar nublado su entendimiento a causa del pecado y de la rebeldía frente a Dios, es incapaz de ver los signos que Dios, en su infinita misericordia, ofrece al hombre como muestra de su amor y de su compromiso con él. El primero de esos signos es la resurrección de Cristo, pero sólo puede descubrir su verdad y sus significado para la propia vida quien se abre al mensaje de la fe. Dios habla al hombre de todas las generaciones, pero el hombre, con la duda sistemática del relativismo sembrada en su corazón, y con esa disposición defensiva y rebelde frente a cualquier cosa que signifique ir más allá de los sentidos, ¿será capaz de escucharlo?

Conclusión

Hasta aquí parece que el mensaje no se dirige a nosotros, quienes sí tenemos fe y estamos aquí precisamente para celebrar la Resurrección de Cristo. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Estamos realmente convertidos al Evangelio? ¡Cuántas veces el relativismo se apodera también de nuestros pensamientos y sentimientos! ¡Cuántas veces también nosotros ponemos en duda verdades fundamentales y las volvemos "relativas"! ¡Cuántas veces creemos que podemos ser de Cristo y al mismo tiempo no ser obedientes con su Iglesia! Todo esto también nos afecta a nosotros, y por ello somos también nosotros objeto de ese juicio del que Jesús habla. Él nos invita hoy a la conversión. No seamos condescendientes con el relativismo de hoy, no pervirtamos la verdad.

Publicado en Ideas para hoy

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